Yo y mi humor

Esta semana he estado reflexionando sobre mi humor, debido a que últimamente estoy teniendo algunos “problemillas” con eso. Serio no soy, y dudo que la gente que me conozca bien diga de mí que soy un aburrido. Suelo reírme de todo, y hacer gracias por bobas que sean.

Ya, desde primaria, me llamaban payaso. Me acuerdo que cuando estaba en el colegio Arenas, los de clase aprovechamos unos bloques de hormigón y unas placas de plástico sueltas por el patio para hacernos un “palacio”, y a mí me habían nombrado el bufón. Cuando cambié de colegio, seguía con mi sentido del humor. Aunque con el tiempo me volvía ácido en mis comentarios, de forma que terminaba por cansar a la gente y terminaban aborreciéndome.

Así, en secundaria me gané muchas enemistades, sobre todo entre las chicas, porque era con ellas con las que más me metía. Bueno… sobre todo metía la mano por donde no debía (hay que comprender que ya estaba en edad), pero siempre dejé claro que era en plan de broma… Con la lección algo aprendida, sabiendo que no debía sobrepasar el límite, llegué al instituto y caí mejor que a los que me recuerdan de E.G.B. De aquella época guardo buenísimos recuerdos, sobre todo de 3º de B.U.P.

Aquel curso fue un no parar de reírme, incluso hasta en medio de clase. A pesar de estar sentado en primera fila como un niño bueno, conseguí disimular todo lo posible, sobre todo durante las clases de la profesora de historia, cuyas clases eran un monólogo de su singular vida. A lo mejor, por esa intención de guardarme la risa para mis adentros, es por lo que ahora mis carcajadas son silenciosas, aunque por lo contrario me retuerzo sentado o de pie, mi estómago se tensa, y la cara se me pone de un rojo intenso. Mientras, cuando en clase alguien suelta algún comentario sin gracia del que luego solo se ríen los pelotas, echo yo una risa falsísima para acompañar…

Pues así es como me paso casi la mitad del día, entre mis comentarios fuera de tono, los chistes malos de Nico, las ocurrencias infantiles de Luisa, y las peripecias del resto de la clase. Desternillante es el momento en que en la facultad nos ponemos a ver páginas porno, incluso durante clases como la de ayer, cuando estaba buscando con Nico en la web de Estallido Anal fotos para una terminar de enmaquetar una página de periódico. Esto lo hago sobre todo con el fin de oír a Luisa escandalizarse (ella, tan ingenua e inocente).

Ella es un buen blanco: Por ejemplo, una vez ve venir a su amigo Eusebio a clase, y al correr hacia él a saludarle, le recuerdo que no se olvide de darle un beso, pero de los negros. Pero también le digo que no le haga ascos a los besos blancos, pero no me hace caso. De todas maneras, ella sabe que todo lo digo y hago con cariño. Sin embargo, meto la pata cuando me quiero pasar de listo. Y es que cuando hablo de alguien, últimamente en ese momento pasa a nuestro lado.

Así, una vez salimos de clase de TEORÍA Y TÉCNICA DE LA COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL y pillo fuera a Jacobo, quien no había entrado. Pues para crearle remordimientos por haber faltado a clase, le digo que se ha perdido al profesor bajarse los pantalones. Y precisamente, cuando digo eso, el profesor pasa por nuestro lado. En ese momento quería que me tragase la tierra. Aún sigo con la esperanza de que no me había escuchado…

Por otra parte, suelo caer en los mismos chistes a la hora de intentar contar alguno. Sólo me sé bien de memoria dos (procuro memorizar en vano los que escucho por ahí), y siempre los cuento olvidándome de que gracias a mí, mis compañeros se los tenían bien aprendidos previamente. Uno de mis clásicos es este, desde E.G.B., que una vez lo leí en una tarjeta que venía en un BimboCao: ¿Quién es el listo que se sabe todos los números de teléfono? El listín. Y el otro, que recuerdo haberlo oído por primera vez durante el recreo del instituto: Una vieja va un sexshop y le pide al dependiente un consolador. Éste la acompaña al mostrador donde se encuentran, hasta que la vieja se decide: “Me quedo con ese rojo, caballero”. A lo que el dependiente le contesta: “No, señora. No. Los consoladores están a la derecha del extintor”.

Pues nada, que espero que os haya gustado este artículo. Ya no tenéis excusa para sorprenderos si algún día me conocéis bien.

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