“Vikingos” o la pasarela otoño / invierno, siglo VIII

El fervor por las series de época están retrocediendo, por suerte, hacia tiempos más lejanos. Ahora nos pone ver a personajes vestidos con mallas medievales y luchando por ver quién la tiene más grande. Sí, hablo de Vikingos (The History Channel, 2013 – ), que nos descubre de una manera demasiado apasionada las mayores glorias escandinavas. Y recalco lo de “demasiado apasionadas” porque ya no es sólo que esta serie de acción sea una adaptación de la mitología nórdica. Es que a los escritores se les apareció el dios Odín en una noche en que corría la gotlandsdricka espumosa, y les dio su permiso para inventar lo que les saliera del güito. Así es Vinkingos.

No soy muy de series bélicas. Pero después de tragarme entera Juego de Tronos (HBO, 2001 – 2019) y fliparlo en colores, me atreví con otra de las muy recomendadas. Ni preferí saber cuál era la sinopsis exacta de Vikingos antes de verla. Ya los títulos de crédito dejaban entrever que iba a ver un mar de sangre (mar y sangre a partes iguales, todo sea dicho). Y dicho y hecho, arranca cuando Ragnar Lodbrok se carga a la autoridad de su pueblo y se embarca a buscar tesoros. Después de haber visto todas las temporadas hasta la fecha, hay que decir que la sinopsis sigue siendo la misma: matar y surcar por poder.

No están jugando al Twister. El clan Lodbrok se juega el trono.

La temática sigue siendo la misma, pero cambian las estrategias. Las situaciones son distintas, los personajes evolucionan y todo eso. Vamos, que la serie de The History Channel sigue su curso normal y va para mejor. Confieso que me costó ver las primeras tres temporadas, y menos mal que son cortitas. A partir de la cuarta aumentan las tensiones familiares, la ambición por ser mejor que nadie. Vikingos es un poco lo que Falcon Crest (CBS, 1981 – 1990), pero a lo bestia. Ángela Channing hubiese hecho lo mismo que los Lodbrok por su familia si le hubieran pasado un hacha, porque hubiese hecho una carnicería para tener la mejor bodega de California.

Más que la temática, lo que resalta de la serie de The History Channel son sus personajes. En una era en la que el feminismo cada vez está más en voga, Lagertha cumple con las necesidades de ese público. Es una mujer de su casa, pero también se mueve en un mundo de hombres para obtener la recompensa que merece. Y eso que hablamos del siglo VIII d.C., que aún no existía el sufragio universal. Un poco abuso de ese cliché fue darle tramas lésbicas, que sonó forzado y de las que salió como si no hubiera pasado nada. A Ragnar Lodbrok se lo come con papas, si bien es cierto que es la panagea de Vikingos, su ausencia se compensa con la batalla de sus hijos por el control de Kattegat.

Lagertha es el vivo ejemplo de que se puede ser más que una ama de casa. Hay que buscarse las castañas, espada en mano.

En realidad, ser o no el rey de Kattegat es lo de menos. Es un simbolismo de marcar territorio, como los perros (paralelismo que bien se puede extrapolar hasta nuestros días y que marca el transcurso de cualquier historia universal). De eso sabe mejor que nadie Ivar Lodbrok, el tullido con un genio arrebatador como para inventarse un aparatejo en el siglo VIII para poder andar. Su ambición no entenderá de genealogía ni fronteras, que es lo morboso para los fans de Vikingos y que en realidad es hoy por hoy el motor de la serie.

Y ya los demás chicos del reparto son modelos para un catálogo de Ikea. Además de Traveis Fimmel, que encarna a Ragnar tras haber calentado las marquesinas de los años 90 como modelo de Calvin Klein, tenemos a su primogénito ficticio. El actor Alexander Ludwig también es modelo, y hasta cantante. Qué decir de Jonathan Rhys-Meyers, cuya aparición en Vikingos fue un visto y no visto (y si lo quitamos de los avances de cada capítulo tampoco cambiaría la historia). El exquisito reparto, junto al vestuario fashionista otoño / invierno de los guerreros, hacen que la serie de The History Channel sea una pasarela de moda.

Lo que más me trilla después de todo no es esta desazón histórica, sino esa trama de la conquista de Islandia que no viene a cuento. Floki es uno de los personajes originarios de Vikingos, que sufre tal cambio en su interior que lo lleva a poblar el territorio volcánico. Muy bonitas las vistas y eso, pero qué tiene que ver con el resto de la serie. No hay enlace entre lo que hace o deja de hacer con las ruindades de los Lodbrok al otro lado del mar. Digo yo si será para darle más chicha a la serie, o mandarnos un mensaje en clave de la crueldad humana (porque hay que ver cómo acaban los islandeses allí, algo peor que Adán y Eva y herederos).

Vikingos es una serie, en definitiva, para ver al detalle. Hay mucha carga histórica. De hecho invita a que el espectador se meta en Wikipedia a leer sobre los reinos británicos, francos y escandinavos. Pero luego hay mucho maquillaje, es decir, que se cargan la veracidad por ofrecernos un desfile bonito. También es cierto que de lo contrario la serie sería más aburrida que un documental de La 2, y que en el fondo no nos interesa la fidelidad histórica. Si quiere ver carne, sangre, lujuria y todo eso con lo que hemos soñado alguna vez, ponga un Lodbrok en su vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.