REPORTAJE FOTOGRÁFICO: Viaje de vuelta [Naviera Armas]

Y he aquí la segunda parte de ese viaje que me llevó a cruzar el mar que separa Tenerife de Gran Canaria, días después de aquel tan aparentemente rápido y lujoso. En esta ocasión, porque el horario me cuadraba y (fundamentalmente) el precio del billete es tres veces menor que el Fred. Olsen, cogí el buque de Naviera Armas.

El viaje con esta compañía es un tanto diferente. La diferencia principal es que mientras que el Ferry va de un sitio a otro en hora y media, éste tarda sus cuatro horas. Pero hay que reconocer que el Armas parte directamente de Las Palmas de Gran Canaria. Bueno… que aquí le dejo las fotos y sus correspondientes comentarios para que “viaje con nosotros si quiere gozar”.

Una buena diferencia con respecto al viaje anterior: la parada de guagua la tengo nada más salir de mi portal. Además, la parada rústica chicharrera no tiene parangón con la flamante parada canariona:

Tuve un lapso aquella tarde, y es que al llegar fui directamente a la punta equivocada de la dársena. Creo que fue que el barco que suele salir para Tenerife había sufrido un incendio (los accidentes en el Naviera Armas están a la orden del día), y cogíamos aquel que venía de Lanzarote, el Volcán de Tauce, aquí acabado de llegar.

La poca sofisticación que tenía el Naviera Armas la perdió desde el momento en que empezó a hacer que los pasajeros entrasen por las gigantescas y aceitosas rampas de coches. Raro es que nadie tenga un tropiezo. Otra dificultad son las escaleras internas, estrechas y altas, no aptas para la tercera edad ni minusválidos. Tras pasar el pasillo y la cafetería (o centro de acogida en cuyos sofás los pasajeros se echan a dormir la mona), llegamos al “salón”:

El Volcán de Tauce también tiene sus televisores, llegando casi a una invasión porque a cualquier lugar que mires te encuentras con uno o cuatro. Ninguno de ellos cuenta con aquella cartografía tecnológica, pero en las horas de viaje proyecta un par de películas. En esta ocasión pusieron los DVD’s de Cuando menos te lo esperas S.W.A.T.

En otras ocasiones han sido tan cutres para poner pelis bajadas de internet, en la que aparece un tipo levantándose del cine que no es un personaje del film. Por otra parte, la megafonista que hay otras veces asusta a cualquiera que no haya tratado con coyos ni lobas. El verdadero impacto era oír esa entonación burda atreviéndose a dar la bienvenida en inglés.

La mayor ventaja que tiene viajar con Armas, tras el precio, es poder salir al exterior (lo que no permite Fred. Olsen). El pasajero cuenta con una terraza en la parte superior y, claro, las cubiertas. Desde ellas se pueden contemplar excelentes panorámicas de la ciudad. En esta, la Avenida Marítima, la Supercomisaría (extremo derecha) y mi casa (un edificio de allá, de las montañas):

Esta es una vista del parte del puerto (nada que ver con el de Santa Cruz, que cierra el mar a la ciudad) y el mítico Hotel Los Bardinos:

Comenzando a bordear la costa grancanaria nos encontramos en primer lugar con la trasera de La Isleta, que pocas veces se puede ver si no es por mar. Me parece que es porque el ejército de tierra lo tiene cerrado para sus prácticas de pelotón.

Y aquí, la mejor de las panorámicas: el extremo Este y Oeste de la isla, al anochecer. Pinchando sobre la foto la podéis ver en tamaño original.

Caída la noche, a nuestra izquierda aún podíamos ver los diferentes pueblos de la isla alumbrados. Incluso desde La Laguna se puede vislumbrar la Isla en los días despejados y por la noche, gracias a los potentes focos del Paseo de Las Canteras.

Al día siguiente tenía el examen de ESTRUCTURAS ECONÓMICAS. Así que aproveché esas horas para dar un repaso general a los apuntes. Tomándome un descanso entre folio y folio, salía a cubierta a ver cuánto faltaba por llegar. La llegada a Tenerife era inminente:

Lo primero que los pasajeros de Naviera Armas ven cuando llegan a la Isla (así como lo último que ven cuando se van) es la imagen pretenciosa de la modernidad que Tenerife intenta conseguir a marchas forzadas. El paradigma de esos esfuerzos es ese huevo con plumas al que llaman Auditorio (en el centro de la foto). La belleza chicharrera se quedó en la Plaza de España, porque detrás del Cabildo no hay más que destrozos a la vista.

Y por si fuera poco, el Volcán de Tauce recibe y despide en recepción a sus pasajeros (según el caso) con cuadros como este, por si fuera poco. Donde esté el cuadro del Volcán de Tejeda, con el Roque Nublo de anfitrión en ese mismo lugar…

Las fastidiosas obras de Santa Cruz (si no es por el Tranvía, es por despegar un chicle de la acera) trastocaron el lugar de las paradas. Pasé de esperar a una 015 que probablemente no pasaría, así que me fui a buscar la 014 en la mal llamada Plaza de Europa (tendría que ser de África, porque hay una de puestos de gafas Mucci y estatuillas de Marfil que asombra).

Y el viaje termina a eso de las 23.30h., una vez en la residencia, tan tranquila como yo la había dejado. Y es que mucha gente estaba aún de vacaciones. Quien no me dejó tranquilo fue la peña del Risk, que nada más pisar la habitación requirieron de mi astucia para echar una partidita. No había mejor bienvenida que una victoria.

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