‘Sex Education’ o dejar de tener grima al humor británico

“¿Qué pasaría si un adolescente virgen y que tiene problemas para pajearse monta un consultorio clandestino de terapia sexual en el instituto?”. Esta premisa suena mucho a comedia mala producida por José Luis Moreno en Telecinco. Pero no. A los británicos también se les ocurren ideas basadas en el paradigma del ‘pez fuera del agua’. Al final es lo que triunfa, y eso es lo que le ha pasado a Sex Education (Netflix, 2019 – ). Sin embargo no es fácil ser una serie de comedia, y menos venida del país de la Reina Madre…

El primer episodio de Sex Education termina soltando ese planteamiento, el de la idea de montar un consultorio para los compañeros del insti. Después de que Otis Milburn hablara con Adam Groff y le dijera lo bella que es la vida después de sufrir continuos gatillazos, Maeve Wiley vio en él una capacidad innata de solucionar problemas sexuales. En realidad lo que quería era convertirlo en una máquina de hacer dinero. Entre sus contactos y su lengua para atraer clientes, y la habilidad de Otis, supo al instante que era su oportunidad.

El motor de esta serie de Netflix no es cómo se las apañan en ese consultorio, sino cómo se las apaña cada uno con sus problemas personales. Lo de Otis tiene tela, porque su madre sí que es sexóloga. De ella ha aprendido sólo eso, porque la promiscuidad materna no la ha heredado. Podría resultar comprensible que con toda la fila de muchachotes que ha visto desfilar por casa haya cogido trauma en sus relaciones sexuales. De hecho tiene fobia a la masturbación y ya no hablemos de los finales felices. La verdadera víctima son sus sábanas cada mañana…

Otis y su madre no hablando sobre el último expulsado en ‘Gran Hermano’, precisamente…

Maeve, por su parte,  viene de una familia disfuncional. Vive con su hermano traficante en una roulotte, aunque saca buenas notas eso sí. Le gustan los tipos duros pero el romanticismo tampoco es lo suyo, aunque lo intenta con el cachas de la escuela. Estas relaciones interpersonales interferirán en esa “clínica” de Sex Education, que igual se da en los baños rotos como en las gradas de la cancha… Lo increíble (o quizás seré yo el desfasado y en los 90 éramos todos unos santitos) es que cada vez tengan más “clientes”, que acuden a ellos para solventar sus problemas tanto sexuales como amorosos.

Pero hay otros personales en Sex Education que pintan bien, o incluso mejor. Por un lado tenemos a Eric Effiong, el mejor (y único) amigo de Otis, que es un chico gay no reprimido que le da igual que su familia africana sea cristiana o que se rían de él en el colegio. Es uno de los personajes que más evolucionan en la serie de Netflix, porque en cada episodio despliega más y más sus plumas. Es decir, se abre a su auténtico “yo” y si se quiere vestir como Queen Latifah para ir a comprar el pan, se viste.

Adam es el típico abusica también, y tiene al pobre Eric sin merendar…

Su personaje opuesto es Adam Groff, el típico chulito de clase que va de duro. Sin embargo desde ese primer episodio de Sex Education deja a relucir sus debilidades. Y no es sólo que no se la empine con una chica. Tiene un gran complejo por tener una polla grande, algo que muchos envidiarían. El problema es que hablan mucho de ellos en los pasillos y está hasta el nabo (que ya es mucho) de sufrir ese escarnio. Si su mayor problema fuera ese… Su padre quiere que sea un ejemplo académico y de rectitud pero va a ser que no. Eso va a interferir en sus relaciones también, y vaya si va a sorprender…

Por último y no menos importante, se encuentra la madre de Otis, la única cara conocida (que no tiene por qué si una serie como Sex Education es buena) es la de Gilian Anderson, la que fuera Dana Scully en Expediente X. Su gran mérito es que nos ha hecho olvidar a esa súper agente descreída y fría y creernos a su nuevo personaje. El corte de pelo también tiene mucho que ver. Será otra de las caras de esta serie de Netflix por las que más va a pasar por cambios capítulo a capítulo.
 

 
Algunos me han preguntado últimamente qué serie les recomiendo. Les comento que la última que he visto ha sido Sex Education. Cuidado, que la frase no es “la última que te recomiendo”. La serie de Netflix no es mala. Tampoco estoy impaciente a que llegue la segunda temporada. Sí que ha roto la barrera de la grima por el humor británico, y que tiene momentos hilarantes y emocionalmente interesantes. Ahora bien, tampoco es que me haya dejado con muchas ganas. Quizás sea de esas series a las que le falta coger vuelo…

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