REVIÚ: Misión Eurovisión

Y ya tenemos representante español para el próximo Festival. ¡Anda si no ha costado! Pero la democracia es lo que tiene: interminables galas (soporíferas, en ciertos momentos) como criba para que sea el público nacional el que decida a quien enviar para hacer el ridículo. Misión Eurovisión nace a consecuencia del bochorno de la edición anterior, a raíz de que TVE eligiese a dedo a Las Ketchup y a ese tema tan chocarrero (quizás por eso me encanta), Bloody Mary… “por-favor”.

Para evitar reacciones tan amargas como las que provocó entre los conciudadanos, el ente público volvió a establecer un programa en el que éstos tomaran parte de tan determinante decisión. Sin embargo, su mecanismo iba a ser bien diferente, de manera que la organización pueda lavarse las manos y dejar prácticamente toda la responsabilidad a los televidentes: elegir a un intérprete por un lado, y una canción por otra. La combinación sería la ganadora.

Teóricamente, en las cuatro primeras entregas se presentaron las actuaciones de 15 intérpretes (en cada programa), de los cuales sólo 5 pasarían a la semifinal. Conformarían entonces 60 artistas que, ahí sí, fueron seleccionados por la organización entre las cientos de maquetas recibidas. En ese elenco hubo de todo: grandes voces, artistas calcomanía de los últimos ganadores del festival (a ver si cuela, pero no), y cómo no, otros tan excéntricos que espero que hayan entrado al saco sólo como punto y seguido entre participante y otro.

La organización de cara a Eurovisión 2007 debió de tener cuidado con esta estrategia, porque se puede convertir en un arma de doble filo. Así, este joven consiguió un alarmante 6º puesto en la clasificación de su gala correspondiente. Se trata de Diego Cosío, friki-fan de Carola (icono eurovisivo, representante de Suecia en dos ocasiones), de tal forma que interpretó Invincible desplegando sus alas al viento, inundando de plumas el escenario. Este tipo de espectáculos no lo consiente ni Rafael Amargo en una Gala de Drag Queen.

Tras las actuaciones de Misión Eurovisión, tocaba el momento de pasar a las votaciones. Y para que todo quedara más precioso y emocionante, a la organización no se le ocurrió más que marear la perdiz y agrupar los votos recibidos por Comunidades Autónomas. En vez de escuchar “Guayomoní duse puá”, la cosa estaba en “Murcia da sus doce puntos a Pepito Palotes”. En la primera gala quisieron rizar el rizo, y colocar en el set al primer catalán o andaluz que pasase por allí para que leyese la tarjeta con su gracia y salero. El invento no duró más de dos semanas, porque me da que la mayoría no habían visto una cámara en su vida. Presentable no era, pero hacernos pasar un rato descojonante, seguro:

La segunda fase de Misión Eurovisión era elegir, de entre los 20 semifinalistas, a cinco de ellos. Lo que no entendí yo fue por qué en la anterior ronda se crearon 4 dúos con cantantes que había pasado ya por el programa, uno de los cuales pasaría a la siguiente. Igualmente, el televoto aportaría a tres primeros finalistas, en tanto que un jurado representado por Massiel y Mikel Herzog daría los otros dos nombres (la cuestión era brindar la oportunidad a ciertos artistas desde el punto de vista profesional, cosa justa). De este modo, quedaron finalistas Yanira Figueroa, Nash, Merche Llobera, Mirela y Nazaret.

El sexto programa sirvió para conocer de cerca a esos cinco finalistas y para anunciar las cinco canciones, que habían sido elegidas a través de Internet, desde la página web del programa: www.misioneurovision.es. Cantantes famosos (que no reputados) interpretaron cada uno de esos temas en esta preselección española. Fue turbador ver cantar a Massiel tras once años de retiro y de íntimas conversaciones con Johnny Walker.

Precisamente ella volvió a desempolvarse la voz con una canción que, para mi asombro, ya había sonado antes en algunos vídeos de Aquí hay Tomate. Pero a ella le pegaba bastante, Busco un hombre. En realidad me parece una canción estupenda, camino en convertirse en el próximo Eres un enfermo (paradigma del tema segundón en las preselecciones españolas, pero que a nivel nacional es un bombazo).

Y llegamos al séptimo y último programa de Misión Eurovisión, emitido el 24 de febrero. Los cinco finalistas cantaban cada una de esas cinco canciones, adaptadas al estilo personal de éstos, convirtiéndose en las combinaciones que el público debe votar. ¡Imagínense tragarse la misma canción cinco veces seguidas! Ya no sólo eso, sino que en el tema La reina de la noche hubo un fallo en el corte del playback para tres de las artistas. De ahí que tuviesen que repetir todas las actuaciones. Pero fue memorable el pollo que se montó entre un escaldado público y una Paula Vázquez a punto de ponerse borde:

De las 25 combinaciones se apartaron cinco. Volvían a abrirse las líneas (sí, ya sé, fuerte guineo) para elegir la ganadora definitiva. ¿Cuál? I love you, mi vida interpretada por D’Nash. Es la canción que menos me gustaba. Además, una de sus autoras es Rebeca (conocida por el éxito Duro de pelar y otros tantos fracasos), la misma que se quedó a las puertas como intérprete finalista. Ya la veo intentar quitar protagonismo a D’Nash en estos meses de descuento. Al menos, llevamos a una formación a Eurovisión 2007 que resulta novedosa para lo que tenemos acostumbrado. ¡Que sea lo Europa quiera!

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