REVIÚ de ‘Qué dolor’, Almas Gemelas

Por si aún no lo sabíais, Almas Gemelas aún existe. Esa pareja de hermanos gemelos, José Luis y Raúl Mancebo, que hace cosa de dos años empezaron a prodigarse por la sección publicitaria de Telecinco cantando Mentiras, sólo mentiras, siempre tantas mentiras, sólo sabes mentir, intentan todavía alcanzar la gloria que les valió aquel megahit regional.

Su particular estilo, al que bien podríamos llamar “flamenpop”, les granjeó fuertes aplausos en sus conciertos por los barrios más recónditos de Canarias. Pero hoy es otra historia porque no hay manera de levantar la cabeza, y mucho menos con su nuevo single: Qué dolor. Dolor que le inspiró al compositor, dolor con que el entonan los chavales, pero también dolor para el espectador sufriente que se queda a ver por televisión el videoclip, paradigma del bodrio.

El tema de Almas Gemelas en sí es incomible. Se trata de la mezcla entre la arritmia y el gitaneo. Viene a relatar el desgarro de un chico que, después de contar al público lo pelele que ha sido de su pareja, viene con que ella lo ha dejado (sin darle una razón) y que ahora la encuentra en los brazos de otro. Bobo, no. Gilipollas, porque para no ver que la chica lo dejó con los cuernazos puestos, ya es penoso. Así viene a ser el argumento, y eso si oyente lo llega a apreciar.

Es un logro dificultado por los gritos de los cantantes de Almas Gemelas. Échese la culpa al cante jondo en estado puro. No se puede dejar de destacar aquella estrofa o “break out” en la que el desdichado, cual poeta andaluz de la Generación del 27, dice Hoy la he visto paseando después ya de tantos años. El sentimiento es el mismo, lo sabemos. ¡Pero si tú y yo lo sabemos!, y aún seguimos enamorados… El oyente no podrá contener las lágrimas ante la ceguera de este pobre diablo.

Pero lo que más obedece a la razón de este artículo sobre la presentación del segundo disco de Almas Gemelas, Todo ha cambiado, es su versión visual. Es un producto cinematográfico tan insólito como que un corazón crudo de vaca sea considerado una obra de arte. La localización puede ser cualquier residencial de chalets (quizás la del propio productor, o la de la suegra de la maquilladora).

Allí, entre sus parques solitarios, carreteras vacías, y un bar que corre el riesgo de cerrar por los escasos clientes que presenta, los protagonistas van y vienen pendientes a la cámara. El espectador será testigo de cómo el infeliz canta al retrato de la chica (con una ampliación de la foto como para no olvidarse de cuántas pestañas tiene la chiquilla). Pero más emotiva es esa escena en la que el sujeto se acerca a la tremenda choza de la piba, a la que le lleva un ramo de flores para proponerle un suspirado regreso a sus brazos. Pero que, sin embargo, se la encuentra en el portal dejándose camelar por otro maromo.

El resto del film de Almas Gemelas no tiene parangón ni con El Perro Verde de Luis Buñuel: el hermano del amargado aparece con una guitarra que no toca pero que suena, al calor de una hoguera en no se sabe dónde, y prácticamente descamisado para causar furor entre sus fans (ya es evidente que el enlace con la trama es lo de menos).

De buenas a primeras, sin explicación lógica, en la siguiente escena el miserable sale de su coche algo más que empapado (nadie creería que en el interior ha sobrevivido a un monzón asiático), y contempla desde la calle la silueta de la fresca en su casa enrollándose con el susodicho maromo. Cae al suelo desfallecido y, una vez recuperado, corre a la casa a golpear un cristal movido por la desesperación. Mientras la chica corre a llamar al 091 (suponemos), el loco anda suelto por toda la calle, por la que corre sin destino.

Y ahora sí, se pone a llover. O más bien los de escenografía han puesto a gente con regaderas subidos a escaleras, porque es sospechoso que llueva más por un lado del plano que por el otro. La producción llega a su culmen cuando la víctima se desploma contra el arcén y el hermano lo socorre, ya sin remedio: el pobre chaval ha perdido su razón de vivir, y ya sólo le queda poner el segundo disco de Almas Gemelas para rematar su dolor.

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