REVIÚ del concierto de Juanes (19/08/2005)

No fue fácil que el artista colombiano abriese su gira de conciertos en Gran Canaria. Ya en julio hubo una tormenta política en el municipio que lo iba a traer. Era como la moción de censura contra Julián Muñoz en el ayuntamiento marbellí, pero con mucho menos glamour y sin ni siquiera una mínima cobertura informativa de Aquí Hay Tomate. La cita con Juanes parecía peligrar con el cambio de alcaldía, pero ya sería mucho fraude que el nuevo gobierno dejase pasar la oportunidad de darse patrocinio y no trajese a alguien de renombre a actuar.

Finalmente, fue tan solo un temor y San Bartolomé de Tirajana (que es la localidad turística por antonomasia de la isla) acogió en el Estadio Municipal de Maspalomas uno de los conciertos más deslumbrantes de su historia. Sin embargo, el inicio de aquella noche del 19 de agosto de 2005 no podía empezar peor. La gente a la que entrevistaba (recuerdo que yo cubría el concierto en calidad de reportero, con todo el flipe que me embargaba aquel pase de prensa) no hacía más que pasar de mis preguntas y directamente quejarse de la organización frente al micrófono.

Por lo visto, las colas para Juanes estaban siendo exageradamente largas y pocas las puertas de acceso. Además, me comentaron también que hubo gente que logró colarse, a pesar de que en cada portón abierto había una pareja o así de policías controlando la zona. Aunque me daba más sensación de que abrían la puertezuela un “fisquito” (como dirían mis chicharreros) a cotillear y echar ojo a las guiris rubias que se concentraban como legión cada cinco metros de cola.

A los chicos de prensa nos habían dicho que tendríamos que recoger nuestro pase en la puerta 9, cuando en realidad entre la 8 y la 10 lo único que había era un portón oscuro y más solo que Leonardo Dantés en un recital en el Wembley. Tuvimos entonces que pasar por aquella 8, apestada de gente que no paraba de entrar. Más apestante era el interior, pero de moscas que copaban el poco espacio libre en el estadio. Insuficiente también parecían ser los puestos de bebidas, en el que las cervezas las cobraban a precio de oro.

Con quien me topé fue con Toni, amigo de la facultad que también había acudido al concierto en calidad de “periodista”. El periódico La Provincia, donde él trabaja como becario, le mandó a asistir para escribir una de sus críticas del concierto de Juanes. Ambos estuvimos haciendo ronda por el estadio mientras el cámara con el que iba grababa algunas imágenes. También me acompañó a recoger algunas declaraciones del público asistente, que por lo general tropezamos con entusiastas del protagonismo y incluso ellos mismos eran quienes fueron a nosotros.

Por ejemplo, pillamos a un grupo de chiquillas que nos proporcionó un buen respiro de imagen y nos hicieron el favor de cantar a la cámara La camisa negra, tema que quien no lo tenga en el móvil como politono es que no es persona. Mientras que los fotógrafos pudieron colocarse en primera fila en el concierto del tour Mi Sangre, a la prensa televisiva nos confinaron a la torre de luces y altavoces. Pobres aquellos que no contasen con un trípode no más alto que el público que teníamos delante, si encima no dejaban de alargar la mano para sacar fotos con los móviles.

Allí, Toni y yo terminamos de esperar los 45 minutos en los que se retrasó la salida de Juanes. Para acallar los abucheos, bastante adelantado apagaron las luces y proyectaron en las dos pantallas que habían a cada lado del escenario imágenes publicitarias del municipio (evidentemente, les salía más rentable que poner a teloneros para hacer más agradable la espera, de lo que también se quejaron otros). En más de una ocasión nos creíamos que de Juanes era aquella sombra que se proyectaba en la penumbra, entre el foco y el humo. Pero sólo era un vulgar técnico que pasaba por allí para darse un baño de masas a costa de todos.

Finalmente los músicos, que no eran pocos, empezaron a tocar, y Juanes apareció entre los bombos y los platillos como si nada. El tema que abría el concierto pertenecía a su último álbum, que en España ya ha vendido cerca de 250.000 ejemplares (cantidad considerable, si en todo el globo lleva sólo millón y medio). Al cantante parecía costarle abrirse al público, porque no fue tras la cuarta canción cuando soltó las primeras palabras de agradecimiento. Algún “hola, San Bartolomé” ya había soltado antes.

Pero estaba tan asfixiado (con el chaleco y la camisa que llevaba debajo, como para estar fresquito si encima iba de aquí para allá brincando por el escenario) que no muchos debieron de enterarse. No era para menos: las 18.000 personas que asistieron (a pesar de los 20.000 de los que quiere presumir la organización) no paraban de contonearse y corear sus canciones, especialmente aquellas más populares como Es por tiMala gente o La camisa negra, el sexto tema de la noche.

No sólo el espectáculo estuvo garantizado por la voz de Juanes y su banda, que en ningún momento defraudó. La puesta en escena del tour Mi Sangre 2005 fue también rimbombante. Detrás de la batería apareció un sol, réplica de uno de los tatuajes del cantante, que una vez ascendido para coronar el escenario, ofrecía un juego de luces increíble. Inesperadamente, incluso salió de el unas aspas que también ponían más focos de color por si resultaba poco lo que ya había.

El público dio muestras de habérselo pasado en grande, entregándose durante todo momento. Juanes tampoco puede quejarse, si hasta paisanos suyos revoleaban la bandera colombiana desde las primeras filas. Yo y el cámara tuvimos que arrancar pitando tras esa “camisa negra“, una de las dos canciones que sólo nos dejaban grabar. El Telenoticias 3 no grabaría hasta que trajésemos la información. Tampoco al concierto le quedaba mucho. Según tengo entendido, Juanes sólo ofreció 15 canciones. Aunque dejase poco sabor de boca, no por ello dejó de ser intenso.

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