Reportaje fotográfico: las obras del Tranvía de Tenerife

Lo prometido es deuda y aquí os traigo las jilipendias obras de cosntrucción del Tranvía de Tenerife en imágenes, que forma una parte más de nuestra travesía por el paraje natural desprotegido del que formo parte. En anteriores artículos ya hacía comentarios al efecto. Se trata, una vez más, de las aspiraciones de Santa Cruz de Tenerife de convertirse en el Nueva York que flota sobre el Atlántico.

No bastaba con levantar edificios colosales y retorcidos, a la par que monstruosos. También han puesto patas arriba la ciudad para implantar unos raíles por los que pase un tranvía. Sí, todo va a quedar muy bonito (eso dicen). Pero no veáis la de vallas, zanjas y vigas que tenemos que superar para ir a la panadería. Eso sin hablar del ruido o de los atascos (y los vertiginosos gastos) que ocasionan estas obras.

Ya el curso pasado hicimos un trabajo al respecto. El director de marketing con el que nos entrevistamos nos lo pintó muy bonito. Pero venid y mirad en qué campo de guerra han convertido La Laguna, por donde también circulará. Dejando atrás la residencia, el bar Los Espejos III, y el desguace ilegal que se tiene montado el atracador del Camino de Las Mantecas y su familia, llegamos a este vericueto urbano.
 

 
Hay partes de las obras de construcción del Tranvía de Tenerife que están acabadas, como este paso de peatones.
Pero, ¡deténgase! Como dice ese cartel, tiene prioridad el tranvía, y a la velocidad que va nos hace “carne fiesta” como nos pase por encima.
 

 
Un poco más adelante, frente al Hospital Universitario, observará los raíles del tranvía de Tenerife aún en proceso de cementación. Vaya acostumbrándose a esta imagen, porque es lo que vamos a ver en toda la visita.
 

 
Antes de darnos la vuelta déjeme enseñarle este puente por el que el tranvía bajará para llegar a La Cuesta, que es donde estará la cochera donde pasará las noches. Mientras tanto, esta guagua que viene hacia nosotros ya puede ir rezando, a ver cuántas personas se le subirán a partir de entonces.
 

 
¡Vaya! Si es el tranvía de Tenerife ya circulando. Pero no espere a montarse. Está pasando su período de pruebas, y mejor que nos quedemos en tierra no sea que por un descuido se descarrile y nos estampemos contra el supermercado Alteza.
 

 
Y este de aquí es el puente personal e intransferible del tranvía. Todo el embotellamiento que pretende ahorrarnos nos lo hace sufrir ahora y multiplicado por un número alto cualquiera. En este punto, el tráfico se hace catastrófico. Un taxi nos ha llegado a cobrar 15€ por pasar por aquí.
 

 
Crucémoslo. ¡Si casualmente volvemos a ver el tranvía luciendo porte! Desde arriba no tiene mucho atractivo. A ver si le ponen encima unas plaquitas con floripondios y corazoncitos, porque es lo único que le falta para terminar de darle color…
 

 
Y nada. Hemos de seguir su estela y subir toda esta pendiente para continuar con este recorrido turístico.
Habrá usted traído agua, ¿verdad? Porque con este calor encima vamos a dejar un rastro húmedo por el camino.
 

 
Nos encontramos justo por encima de la residencia. Vea usted el desfile de raíles y ese pequeño edificio, que no sé yo si es donde comprar el bono o donde van a colocar un Duty Free. Pero relacionado con el asunto está…
 

 
Por todo ese tramo no nos encontraremos más que con material de las obras del tranvía a la intemperie, como si lo regalasen, tentando al robo. Claro, que quién quiere ese montacargas en su cuarto de estar…
 

 
Todos los caminos conducen a esta rotonda. Cada día presenta nuevos retos a los conductores que pasan por ella, porque un día pueden conducir hacia arriba como al día siguiente hacia abajo, con tanto cambio de sentido.
 

 
¡Y más acero y cemento! La pareja del año. Esta es la senda que lleva al Campus de Guajara. Aunque para poder entrar debemos pasar por más obstáculos que en aquella gymkhana del programa de Xuxa. Mejor quítese los zapatos, que se los va a llenar de todo menos de polvo de estrellas.
 

 
Lo dicho. Nos podemos encontrar con cualquier cosa, como esta valla echando una cabezadita sobre el cambio de raíl de las obras del tranvía en 2006. Psss… Pase despacio, no sea que la despierte y nos marque la cara.
 

 
Lo que sigue más adelante es más de lo mismo, así que volvamos a dar la vuelta. Mmm… ¿No nota usted esa vía algo torcida? Cuando nos montemos en el tranvía, creo que esto va a acabar peor que La Aventura del Poseidón en su versión ferroviaria.
 

 
Nos paramos aquí, en la rotonda de la discordia. Tomémonos un respiro, porque la próxima semana toca visitar la facultad de Ciencias de la Información, esa pirámide con más obras que el Museo del Prado.
 

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