YO y la religión

Religión. Tema polémico allá donde convivan aquellos que creen en ese cuentacuentos repleto de mitos y apariciones celestiales, con aquellos otros con los pies en el suelo. Ni hace falta decir cual es mi posicionamiento entre estos dos bandos, pienso. Una de mis grandes cualidades (o al menos intento conseguir) es la máxima objetividad, ver las cosas como realmente son. Por tanto, rezos y ceremoniales carecen de toda lógica para mí.

No obstante, hubo un tiempo en el que creía a pies juntillas en todas esas historias. Es evidente que de pequeño, criado en una familia católica practicante (y tan estricta que uno de los castigos habituales era ponerme con los brazos en cruz y rezar no-sé-ni-cuántos Padres Nuestros), seguía la doctrina bíblica. Si en aquel tiempo creía en Papá Noel o en el Ratoncito Pérez, ¿por qué no en esto?

Incluso en la adolescencia rezaba con mi primer cajón de la mesita de noche abierto, repleto de estampitas, esquelas y piedras. Debe ser comprensible que una persona a esa edad, llena de inseguridades y de incertidumbres, se tuviese que acoger a algo que desde siempre le han predicado que ofrece amparo.
Pero hace cinco años, harto de que las desgracias cayesen sobre mí (una tras otra), y que por más que rezaba no veía un rayo de piedad por ninguna parte, empecé a dejar de creer en estas cosas de la religión.

No niego yo que en algún momento de la historia haya existido un tal Jesús o un tal Mahoma (meto también a este chico de Oriente Medio en el saco por ser imparcial). Pero eso son hoy, historia. ¿Qué es eso que dicen de que un Dios te esté mirando desde arriba? Si lo hubiese, que deje de chismorrear y ayude a la gente que lo necesita. No me parece justo que esos devotos dediquen muchas horas de su vida a la religión, algo que prácticamente en verdad no les va a reportar nada.

Si quieren sentirse protegidos, mejor abrazarse a alguien que queremos pero que existe, por quien sí que realmente podemos hacer algo. Y no veáis la rabia que me da cuando veo a la gente postrarse ante muñecos en la iglesia o azotarse en las procesiones. Es de locos. Pero hay que ser tolerantes y todo ese teatrillo de la religión hay que respetarlo.

En cuanto a la Iglesia… ¡Qué decir de esa agrupación que se aprovecha de lo que dice un libro gordo para dar miedo y hacer que los creyentes se rindan a sus normas (la de la institución)! Realmente se trata de una interpretación, porque qué de veces oigo a colectivos gays que afirman que La Biblia no prohíbe las relaciones entre personas del mismo sexo. Lo que pasa es que los curas leen lo que quieren para llevarnos a su terreno, y eso sí que es crear intolerancia (ahí están luchando con uñas y dientes contra la Ley Orgánica Educativa, para seguir captando adeptos desde la escuela, aprovechando la ingenuidad de los niños).

Por otra parte, fijaos cómo los curas están cubiertos de joyas y de obras multimillonarias. ¡Tienen hasta su propio Estado! ¿Creéis que todo esto lo han sacado de su trabajo (si es que hacen algo que se catalogue así)? Mucho predicar con la solidaridad, pero no hay quien los despegue de sus cálices de oro ni de los “greatest hits” de Miguel Ángel.

El haber estudiado la carrera de Historia me ha ayudado a abrir aún más los ojos con respecto a la religión: durante la Edad Media, especialmente, la Iglesia se aprovechaba de la inseguridad de la gente para llenarse los bolsillos. Sí, señores. Moríos de vergüenza, porque entonces la confianza en sí mismo se compraba. Como veréis, la historia se vuelve a repetir en nuestros días prácticamente. De todas formas, no todos en la institución gustan de vivir “amarquesados”.

Otros (algunas pocas excepciones) poseen la suficiente inteligencia para ver que la verdadera misión es dedicarse a los demás, rescatarlos de la pobreza y de la tristeza, que yo siempre he supuesto que ese es el auténtico objetivo del entramado eclesiástico. Podría despotricar mucho más sobre la Iglesia, la religión o Agrupación de Simpatizantes por la Sed de Poder, que lo mismo da. Pero tampoco es cuestión de escribir aquí un libro con mis ideas y mis aventuras completas. Para eso está La Biblia, ¿no?

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