REVIÚ de ‘Quiero ser como Pepe’

¡Lo que faltaba pa’l duro! Nuestro Pepe, el gran Benavente, tiene ya su propio programa. El título personalizado así lo avala: Quiero ser como Pepe. Parecía una broma cuando lo leímos anunciado en la prensa, el pasado mes de julio, pero finalmente lo hemos podido ver materializado en las noches de “la Canaria”. Ver para creer. Creer para esto.

En el verano televisivo, si no son refritos, están los programas mal inventados. El espacio de Pepe Benavente en Televisión Canaria simplemente es una malformación de Operación Triunfo, en el que unos concursantes tienen la oportunidad de cantar en televisión, oportunidad que el formato nacional nunca les daría (por edad o por físico).

No digo con esto que los que van a probar fortuna en Quiero ser como Pepe sean poca cosa. Son, más bien, gente de andar por casa: el panadero, la compañera de clase, la vecina del entresuelo… En eso se fundamenta el auténtico espíritu del programa, en sacarlos de entre el populacho y convertirlos en los números uno de Discos Noda, como al gran Pepe.

Pero lo distintivo del programa de Televisión Canaria no es eso. Hay muchas otras cosas que convierten a Quiero ser como Pepe en el programa más casposo de la temporada: por supuesto, el protagonismo destacado de Pepe Benavente. Los productores pensaron que poner delante de una cámara al que actualmente vende más discos en Canarias sería todo un exitazo. No se equivocaron y las audiencias así lo confirman. Otra cosa es que el maestro de ceremonias tenga dotes para la comunicación y sepa medir sus palabras. Porque, digo yo, un guionista con humanidad no le dejaría decir que no cantaría un tema de Alejandro Sanz porque tiene muchas palabras…

Un programa que lleve ese título no podía menos que desarrollarse con cierto divinismo hacia el artista. Cual Virgen del Pino, Pepe se ve agasajado de los productos que cada uno de los concursantes le traen de su pueblo. El camerino de Pepe está por convertirse en una dulcería, pero también he visto por ahí alguna gallina de cerámica, procedente del mejor ‘Chino’ del municipio.

El repertorio de canciones no es el del propio Benavente. Sin embargo, el nivel de los temas interpretados por los participantes de Quiero ser como Pepe no pasa el de las cantinas y terrazas del Puerto de la Cruz. Además, Pepe acrecienta el ánimo del público con uno de sus hits en directo, y remata la fiesta de la canción entonando la sintonía del programa, una composición celestial de poesía musical bien hilvanada.

El maestro Benavente se verá arropado por la siempre fantástica Ana Trabadelo, luciendo la última colección de Confecciones Mary, quien trata de sacar de los familiares la lágrima fácil. El elenco de Quiero ser como Pepe lo completa el jurado, siempre sorprendente: por un bando, Idaira, cuyas valoraciones musicales contrastan con la valoración que tiene Kikesito Santander de ella. Quizás valdría más como actriz, porque la sobreactuación la puede.

Qué decir de los Gemelos, capaz de elogiar hasta una muñeca chochona bailando con pocas pilas; en el otro bando encontramos a gente mas capacitada por sus conocimientos y experiencia: Javier Lorenzo, coordinador de Cadena Dial y 40 Principales (que a veces actúa como el Risto en este mundo de Pepe) y Anne Peters, ex componente de Boney M y musa para los de Inolvidable FM, que sólo peca de tropezarse con el castellano.

Tras un programa que rinde medio homenaje a la figura del maestro Benavente, ¿qué será lo siguiente? ¿Un perfume para conquistar en las parrandas largas?, ¿una película sobre sus problemas con las mujeres y el vino? ¿un “Pepeworld” lleno de chivos, chivitos, cabras, cabritos, vacas, terneros, monas, monitos… y todo eso por medio peso?

Poco nos queda ya por alucinar tras Quiero ser como Pepe

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