REVIÚ de ‘Queer as Folk’

Cuando no es Mujeres Desesperadas, es Motivos Personales; cuando no fue Melrose Place, fue Periodistas; cuando no fue Cristal, fue Verano Azul. Lo cierto es que siempre hay una época en la que estoy enganchado a una o dos series. Actualmente, una de las tramas que más me tienen con el corazón en un puño es Queer as Folk, que emite Cuatro los martes por la noche.

Quizás no la seguís, quizás ni siquiera hayáis visto nunca ni siquiera alguna de sus irreverentes imágenes. Pero probablemente Queer as Folk os suene como la serie esa de los “maricones“. Esta producción norteamericana trata de plasmar la vida de un grupo de homosexuales y cómo se enfrenta a la realidad a partir de su condición sexual.

En verdad, lo que conocemos es una imitación morbosa del formato original inglés, también bajo el mismo título (que traducido al castellano vendría a ser “tan extraño como la gente“), que se emitía desde 1999. Al año siguiente se lanzó la versión americana, criticada por los fans de su antecesora ante la exaltación de cierta glamourosidad y, por supuesto, de las cuestiones eróticas (comprended que la búsqueda de audiencia lo justifica).

Mi crítica fundamental a Queer as Folk siempre la he tenido muy clara: los responsables la han presentado desde un principio como un ‘realista retrato del mundo homosexual’. Si se considera rutinario ir de la discoteca a casa a follar, y de la casa a buscar más carne en la discoteca, para mí quisiera esa vida. Puede que haya quien se identifique con algún detalle. Pero sus estrafalarios personajes están, evidentemente, llevados al extremo.

Uno de los personajes principales de esta serie de temática gay es Brian (Gale Harold), un agresivo ejecutivo que trabaja para una agencia de publicidad. Suele pasarse por el forro a dos o tres hombres al día, sea en los baños de su empresa como en el cuarto de su mejor amigo (con otro, claro). Es tío que le apetece, tío que con el que se acuesta. Esto es algo que no entiendo, porque físicamente tampoco es que sea un portento.

Enamorado de él esta su mejor amigo, Michael (Hal Sparks), aunque está claro que se trata de un amor imposible por las continuas aventuras del otro y porque, sinceramente, no pegan ni con Loctite. A su vez, de Michael está encaprichado Ted (Scott Lowell), un gay aburrido que no para de ver páginas porno en el trabajo. Su fiel amigo es Emmet (Peter Paige), la loca de la serie que encima se cree con una estabilidad mental como para pasarse un capítulo entero dando consejos que nadie escucha.

Acoplado a ellos está Justin (Randy Harrison), el típico recién salido del armario que ha descubierto una nueva vida después de que Brian le destupiese por detrás. Su obsesión por él es paradigmática. Pero si logró pajear al chulo homófobo de su clase, capaz consigue que su príncipe azul le diga “buenos días” con una sonrisa. Y finalmente tenemos en Queer as Folk a esa pareja de lesbianas, cuales Judd y Noemí de postín, que educan al hijo que una de ellas tuvo a partir de la donación de esperma de Brian. No puedo pasar por alto a la madre de Michael, Debbie (Sharon Gless), que es ponerse la peluca y transformarse en la Nardy Barrios del compromiso homosexual.

Queer as Folk parece regirse por ciertos parámetros que me inquietan. Para empezar, quien la sigue puede pensar que todos los hombres de este globo son gays: coinciden con un padre de familia en el baño, a follárselo; acuden al quiropráctico y, ¡anda!, es gay; ven a un chico en la tienda de cómics y, ¡ala!, a casa a pasar la aspiradora. Por otro lado, la gran parte de la serie transcurre en Babylon, una discoteca de ambiente infestada de musculitos que alternan entre sí (bueno, no digo nada nuevo que no pase en la realidad). En ella, casualmente, sólo veremos a chicas cuando las amigas del grupo se les unen a la fiesta. ¡Qué decir del cuarto oscuro! Compadezco a las chicas de la limpieza, que cuántas veces se habrán resbalado por el suelo y se habrán puesto el mono bonito.

En definitiva, a pesar de las exageraciones que aspiran al pico de audiencia, Queer as Folk  sí se preocupa en hablar de otros temas tan inmediatos en el mundo gay como el sida, las drogas, la promiscuidad, el rechazo de la sociedad, la ocultación de la identidad sexual, la amistad, el amor. Bueno, esto último vive igual en cualquier serie de nuestra vida.

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