‘Pose’ o la cruda realidad tras el divismo

¡Qué nos gusta una mariconada! Y más desde el éxito de RuPaul’s Drag Race (Logo TV, 2009 – ). El transformismo, la parafernalia, los comentarios picantones, las piruetas… Todo ha sido convertido por Mama Ru en pruebas de arte. Pero esto no es totalmente nuevo. De hecho su concurso de drag queens lo entiendo como una copia de algo que existía desde hace mucho. Y de mucho de eso nos da cuenta la serie Pose (FX, 2018 – ). Narra la vida de un grupo de transexuales en el Nueva York a fines de los 80. No es comedia, ni drama, ni musical. Es vogue, vogue, vogue, vogue… (con eco de Madonna).

Pose nace de las simientes de Ryan Murphy y Brad Falchuk, creadores también de Glee, Scream Queens o Feud. En efecto, son series con tono rosa. También son padres de American Horror Story, que pese a ser de terror tiene un halo de divismo irrefrenable. Es su firma, y en esta serie de televisión queda aún más patente. Nos vamos a encontrar con brilli brilli, con trajes despampanantes, con peleas de gatas, con una banda sonora muy disco… Con tramas, en definitiva, que alzan la femineidad a disposición de los hombres. Por eso mismo va a reflejar una realidad para nada resplandeciente.

¿Se puede ser más diva?

No vamos a encontrar a una absoluta protagonista, aunque sí tres ejes principales. Por un lado está Elektra (Dominique Jackson), que es como la Alexis Carrington de los suburbios neoyorkinos. De hecho hay claras referencias a la serie Dinastía (ABC, 1981-1989) de la que bebe hasta ahogarse. En efecto es una mujer de armas tomar, ambiciosa, peleona, que antepone sus metas sobre cualquier alma que se cruce en su consecución. Es la jefa de la Casa de la Abundancia, un grupo de ¿baile? que compite en un club donde se reciben trofeos más grandes que una puerta por ser la más diva de todas.

Luego está su ex alumna, Blanca (MJ Rodríguez), quien decide montar otra casa por su cuenta, la Casa de Evagelista. Más que por competir por ser la más perra, quiere crear una ‘familia’. Sí, es muy solidaria ella. Recoge de la calle a chicos rechazados por la sociedad pero con claras metas de futuro. Eso sí, les impone unas normas en su hogar, Se puede ser libre respetando la legalidad: ¡drogas, no! Esto va a ser complicado pues en los 80 caía farlopa hasta rascando las paredes. Blanca es la otra cara de la moneda, ya que contrapone a Elektra con su sentido de la justicia y pundonor.

Esta es la manada de perras principales de Pose.

Completa las caras principales de Pose la alumna de esta ex alumna. Sí, esto se va desarrollando por capas generacionales, para que las tramas sean muy diversas y llegue a un amplio espectro de público. Se trata de Angel (Indya Moore), que es la cara angelical de este repertorio (valga la redundancia). Su miedo es lo que esconde bajo las piernas, pues sueña con ser modelo pero en aquella época ser transexual era una vergüenza. Hoy también, pero es cool que incluso una marca de sujetadores tenga a hombres como imagen. Angel encarna la debilidad. Pero a medida que tropieza y tropieza, se va enriqueciendo de sus errores y se hace más fuerte. Vamos, ley de vida.

El maestro de ceremonias es Pray Tell (Billy Porter). Es quien lleva y preside los concursos de baile en el club. Fuera de el es amigo y confidente de todas ellas, y a veces se muestra duro con las chicas. También lo es consigo mismo, especialmente después de que el VIH se desatara entre todos sus seres más cercanos. Al final su crudeza no es más que una careta que esconde su parte más blandengue, para sufrir lo menos posible. Este sentimiento desdoblado no lo veremos en el resto del casting, que se rebela sin medida, sin recato, sin barreras. Simplemente viven bajo el dictamen de su corazón sin pensar en las consecuencias de sus actos.

El elenco de Pose hace referencia a los sueños, no tanto frustrados como sí por su lucha constante. Todo esto está aderezado con una importante banda sonora disco, que ya sabemos el pedigrí queer que tiene respecto al abanderamiento de libertades y aspiraciones. Murphy y Falchuk invocarán el espíritu Glee y habrán actuaciones de los propios actores, potenciando de tal forma el drama como para cortarse las venas. La ambientación ochentera no quedará atrás en el hilo musical, en el vestuario (tremendo, invocando el deseo de que vuelvan las hombreras) o en los propios escenarios. Pose está magníficamente realizado desde el guión hasta el montaje. Merece la pena verlo y reverlo.

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