Pleito insular: reflexiones sobre canariones y chicharreros

Creo haber llegado a un momento preciso para poder hacer un balance sobre el entorno natural en el que me he metido por estudiar una carrera fuera de casa. Me refiero a Tenerife, y concretamente a mis compañeros de clase porque, por lo general, no conozco a muchos chicharreros fuera de la facultad. Esto me conduce a hacer reflexiones sobre el «pleito insular».

Primeramente, habría que matizar el concepto de «chicharrero», que probablemente muchos de vosotros no sepáis a qué se refiere: los seres que habitan cada una de las islas canarias hemos recibido una denominación, si no científica, sí de camaradería o bien de intención despectiva (según como se lo tome cada uno). Así, por ejemplo, los de Lanzarote son conejeros, los de Fuerteventura majoreros… Yo sería un canarión por ser de Gran Canaria, en tanto que a los de Tenerife se les llaman chicharreros. Pero durante estos meses de estancia me he ido enterando de que este último concepto es un tanto erróneo, ya que en verdad solo correspondería a aquellos nacidos en la capital (Santa Cruz de Tenerife).

Otra cuestión que os puede resultar confusa es el por qué canariones y chicharreros, en particular, parece que estemos continuamente tirándonos los trastos a la cabeza. Esta situación, conocida como «pleito insular», nos la explicaron en clase de Arte Canario: a mediados del siglo XIX existía la necesidad de construir un puerto en un enclave estratégico, en aquel sitio de paso entre el Viejo y Nuevo Continente (y África, claro). ¿Islas Azores? ¿Madeira? ¿Cabo Verde? Podría ser. ¡Pero no! Me refiero a las Islas Canarias.

FUENTE: Conoce La Isleta.

Estaba claro que de las siete islas habría que elegir como plataforma la más capacitada. La cosa estaba entre las dos capitales, o sea, entre las dos islas principales: Gran Canaria y Tenerife. Y ahí surge el problema, en esa disputa de a ver quién se llevaba el gato al agua. Ambas presentaron sus respectivos proyectos y el premio se lo acabó llevando Gran Canaria, que cuenta aún hoy con uno de los puertos más importantes del mundo.

A partir de ahí es cuando comienza ese pleito insular, extendido en todos los aspectos que os podáis imaginar: hablo de casos como la envidia de quién tiene el mejor auditorio, el mejor equipo de fútbol, las mejores playas, las mejores atracciones… La culminación del pleito insular son los carnavales de cada año, en el que las murgas de una capital y otra aprovechan en sus letras para despotricar de sus vecinitos de la isla de enfrente. Hay gente que se lo toma como debería de tomárselo, de cachondeo. Se supone que estamos en tiempos modernos de paz y concordia, estadio hacia el que otros no han evolucionado.

FUENTE: ABC.

Digo esto porque aún existe gente que se lo toma muy en serio. Y no me pongo en el lado de ninguno de los dos, porque puedo decir que he oído amigos que confiesan odiar a los chicharreros, y a chicharreros meterse con un servidor más allá de lo permitido. Y ninguna de las dos actitudes me parece propia de la mentalidad del siglo XXI. Pero bueno… Si un día me pongo de guía turístico, llevaré a los guiris ante estas especies en peligro de extinción para que se maravillen con los restos de nuestra historia reciente.

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