«Merli», clases de filosofía en casa

Sabremos si una serie tiene éxito más allá de los audímetros si está en boca de todos. Es el caso de Merlí (TV3, 2015 – 2018), de la que que no paraba de leer noticias y comentarios en foros y redes sociales. El mérito es mayor porque se trata de la ficción propia de una televisión autonómica, y en especial en lengua no castellana. ¿Cuáles son los motivos de su éxito? Pues por eso me arriesgué a verla hace poco. El resultado fue pegarme jornadas maratonianas desde el primer capítulo, perdiendo la cuenta de por cuál iba.

Merlí es una serie sobre un profesor extravagante de Filosofía (como todos, en verdad). Da clases a sus alumnos de segundo de Bachillerato en un instituto de Barcelona. Por supuesto, cual Mentes Peligrosas (Jhon N. Smith, 1995), llegará a un aula corrompida por el gandulismo, el bullying o la homofobia. Vamos, que Merlí tenía material ahí para por lo menos dos temporadas. En realidad se extendieron hasta tres, ¡y hasta mucho me pareció!

En realidad no podemos decir que la serie de TV3 pueda ser un Compañeros o un Física o Química a la catalana. Claro que hay relaciones problemáticas entre profesorado, alumnado y viceversa. Pero Merlí va más allá y las plantea en un marco filosófico, quizás de ahí su éxito. No es una serie meramente morbosa, para dar carnaza al público juvenil con folleteos y chicos guapos. Que también, porque el elenco parece escogido del Olimpo de los dioses, más que en ninguna serie española. La esencia de esta serie es la razón filosófica.

Merlí es un profesor que interactúa mucho con los alumnos y los hace partícipe, incluso los humilla. Uhhh.

Cada capítulo de Merlí lleva el nombre de algún filósofo, da igual su contexto histórico. El profesor de Filosofía da la charla sobre la doctrina del pensante en cuestión, que va a estar relacionado con la mayoría de las tramas que van a desarrollarse. Tampoco es que sea un enganche súper original, pero al menos no aborda la cuestión sólo por encima. Merlí y los Peripatéticos (como así llama a sus alumnos, en referencia a los seguidores de Aristóteles que daban vueltas en un jardín para pensar, lo que ellos lo hacen en la cocina del insti) discutirán a lo largo del episodio sobre las enseñanzas. Lo harán de una forma sencilla y clara, de manera que el espectador se convierta en un alumno más.

La serie de TV3 se ha definido como rompedora porque ensalza como protagonista principal a la enseñanza filosófica. No nos engañemos, es la asignatura que muchos pensamos que sobra en los planes de estudio. «Con ella no aprendes como lo es sumar o leer». Pero sí a pensar, que tampoco es tan fácil. Merlí nos enseña que para vivir bien hay que tener una vida sencilla, y para eso hay que romperse el coco. Sonará un poco contradictorio, pero para conseguir un objetivo todo merece un esfuerzo. Gracias al éxito que ha tenido a las plataformas ‘in streaming’, este pensamiento ha calado en el público de todo el mundo.

Foto de curso escolar muy moderna, como se hacen ahora.

Ahora bien, como también Merlí nos ha enseñado, no todo en la vida es perfecto. Y la serie de TV3 no iba a ser menos. Cuando dije que me enganchó desde el primer episodio hasta hacerme maratones, esto fue así hasta mitad de la segunda temporada. Me di cuenta que los personajes fluctúan de una manera demasiado brutal. El éxito de una serie suele estar en la evolución de sus protagonista, cierto. Pero llegó un punto en que cambiaron tanto que apenas los reconocía. El niño bueno se vuelve porrero y acosa a sus padres; el profesor antipático se vuelve adorable; el hermano problemático se vuelve una persona modelo… La transición es bastante corta como para ser real.

Las tres temporadas de Merlí comprenden los dos cursos de Bachillerato. El profesor llega como un relámpago, con su chulería y su descabellada sinceridad. Por eso cae tan bien y la asignatura se vuelve indispensable para ellos. El resto del profesorado le mira mal por no seguir el programa escolar, pero acaban jaleándole porque cae bien. Se folla a todas las tías que le da la gana y se gana el cariño de su hijo abandonado y de su madre despreocupada. ¡Todos queremos ser Merlí!, sueño IMPOSIBLE que hace que por ello nos guste tanto la serie de TV3.
 

 
Se hace raro que una producción de éxito dure tan poco. Merlí acabó en su cenit, no podía dar más. Sin embargo ha dejado un final demasiado agridulce. No sé yo si es porque querían dejarlo muy bien cerrado y evitar la posibilidad de hacer una cuarta temporada, presos de la demanda popular. Al final han claudicado y Movistar + producirá un ‘spin off’, que será la precuela del propio final (siete años antes del cierre) que versará sobre el personaje de Pol en la Facultad de Filosofía. O sea, que veremos más de lo mismo pero con otras caras. Uf, no se yo si seguirá cosechando los mismos resultados salvo que ocurra el milagro de la reencarnación como creía Platón. Yo estoy más con Protágoras, que no tenía ni puta idea.

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