ALBER-TOP: Los bailes de Canal 25

Continuando con el homenaje que este blog rinde todo el mes al canal de las estrellas estrelladas, concedemos ahora atención a uno de sus espacios más consagrados. Nos referimos a los inauditos bailes de Canal 25. Cada viernes y sábado (hubo una época que se intentó los domingos, a la hora de la merienda, pero el karaoke no causaba tanta fiebre), el piscolabis de don Francisco se llena de gente deseosa por moverse al son de la Yamaha de turno. Artistas de la talla del prometedor Emilio Carisma, del sensacional Dúo Chafina o, por supuesto, de los veteranos Haché Tamarindos (las «Satánicas Majestades» de la pachanga), exhiben sus habilidades con el órgano y el micro, ayudados por un carpeto repleto de canciones representativas de la España profunda.

No es que este programa grancanario no sólo prescinda de un nombre definido en la parrilla. Es que, en realidad, los bailes de Canal 25 también se suceden en cualquier otro espacio, a cualquier hora. Allá donde esté una cámara y suene la música pastosa, sea en el mercado del pueblo como en un hotel de Madeira, no hay personaje que se resista a quedarse sentado.

Os ofrezco aquí mi particular ranking de tales momentos insólitos, con los que cualquier programa de zapeo nacional estaría dispuesto a impactar a sus televidentes, nunca acostumbrados a un comportamiento humano tan desatado.
 

05. Haché Tamarindos.

El piscolabis de don Francisco se convierte por una noche en la mejor de las finales de Mira Quién Baila: la pareja de rojo lucha por el primer premio. Sus vueltas meticulosamente calculadas dejan muy por debajo a la pareja de blanco, tan impactados por la competencia que disimulan bailar, porque lo que en verdad hacen es salir de la pista antes de que les eche la jueza vestida de azul, disfrazada de trompo humano.


04. Baile en el Mercadillo de Valsequillo.

En un reducido espacio conviven las más diversas formas de bailar: está esa mujer de rojo que logra esquivar la cámara con un magnífico pase que no se aprende ni en la Academia de Carmen Arranz; esa mujer mayor que hace intentos de baile, hasta que una compañera se apiada y la envuelve en sus brazos para enseñarla; esa pareja enfervorizada donde el hombre, a través del lenguaje coreográfico, le demuestra a su mujer quién lleva los pantalones en la pista; cuando menos lo esperamos, reaparece en escena la mujer de rojo para deleitarnos con un movimiento vuelta-adelante-giro-derecha-adelante, ese que siempre Leroy suspendía en los capítulos de Fama. No quitéis ojo al hombre de la bandolera, poseído por C3PO en un ataque de riñones. Los bailes de Canal 25 no tienen parangón.


03. Sonora Tropical.

Sólo la Sonora Tropical puede poner en movimiento a la pista masificada en el piscolabis de don Francisco. Cuando suena la primera nota, el regimiento se viene arriba. En los bailes de Canal 25 siempre hay una mujer que aspira a una nominación por la mejor interpretación. A pesar de que una pelirroja haga amagos de copiar su arte, no hay nadie que remueva el aire con las manos como ella (de paso, deslumbra al personal con la última pulsera que les quedaban en La Oreja Loca). Mientras, algo pasa en el escenario: la cantante, harta del robo de protagonismo por parte de su compañero, le pega un carpetazo para que se le quite la bobería.


02. Pasodoble ‘Islas Canarias’.

No hay noche en los bailes de Canal 25 en que deje de sonar el mítico pasodoble, emblema de esta televisión local de Gran Canaria. La muchedumbre se ve imbuida por el compás, especialmente la señora de los guantes, emperchada con una gigantesca pasmina que el Libro Guinnes aún desconoce. Es ella la estrella del baile, una Jennifer Grey que busca por toda la sala a su Patrick Swayze. Pero se queda sola. Ni siquiera tiene como pareja de baile a un simple ramo, con el que aquella otra mujer corre hacia ella para restregárselo. Encontraremos otras parejas insólitas: una que nos confiesa en quererse divorciar, y otra en la que la mujer discute con su marido y éste hace como que no la escucha (nota: no se preocupen, que no han sido a ustedes a quiénes se les ha rallado el final de la cinta).


01. José María.

Y el número uno de los bailes de Canal 25 recae directamente sobre esta secuencia. En próximas ediciones de libros conmemorativos de la televisión española debería aparecer recogido. La extraordinaria Sensy Pulido se ve poseída por el espíritu de esta clásica canción de Alaska, y es el pobre hombre del bigote quien sufre sus convulsiones de mujer despechada. Movida por la obsesión de ser como Sensy, su secretaria se une a ellos con una interpretación más moderada. Y como no lo consigue, la frustración le causa alucinaciones y al final parece estar dirigiéndose a un novio imaginario. Por su parte, Sensy termina por desatar su locura, baila de aquí para allá, transportándose a un mundo ideal en el que el Dúo Sócrates canta las 24 horas. Esta pérdida de su noción de la realidad es aprovechada por una ladrona, camuflada con el traje típico canario, para robarle a Sensy la bolsa de la rifa.

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