La vida también tiene su audiencia

Los tejemanejes de la televisión mucho se han copiado ya de la vida humana. ¿Absurdo? Bueno, lo parecerá de entrada, eso de comparar la marcha de un programa televisivo con las fases que una persona se ve sometida a lo largo de sus años. Pero no lo es tal, puestos a pensar.

Suele pasar que cualquiera, en un determinado momento de su vida y por causas que no vienen a cuento, pasa de vivir unas circunstancias para protagonizar otras. Pongamos un cambio de trabajo, la entrada en la universidad, un traslado de vivienda… Has decidido aprovechar un espacio desconocido y echar mano de gente nueva, atacado por la incertidumbre de si realmente ese formato nuevo funcionará. Es el episodio piloto, una mera prueba. Si no sabes adaptarte a la competencia y a lo que la gente espera de tí, no durarás muchos capítulos.

Aunque las primeras semanas no te comas el mundo, ten paciencia y no te retires de la parrilla a la primera de cambio por que tan sólo millón y medio de espectadores se rían con tus gracias. Aguanta cosa así de un mes o dos. Procura estar a la expectativa como MIR, y tendrás temporadas de éxito como Compañeros.


Insisto. No vayas con ese espíritu de ‘voy a ser el mejor’. Si pasa el tiempo y no te has convertido en el gigante de la competencia, apártate de ese sueño. Siempre habrá una Ana Rosa Quintana pisándote los talones. Pero nunca, bajo ningún concepto, fuerces la máquina creyéndote la diva. Bastantes ‘María Teresa Campos’ han caído por ello. Si tienes un ritmo aceptable, déjalo estar y quizás tengas uno de esos días en que seas el líder de la mañana, como una Inés Ballester cualquiera.

No te dejes llevar por aquello de ‘más bueno conocido que malo por conocer’. Sé tú mismo, ten personalidad propia, y no copies a Sexo en Nueva York para hacer el ridículo como Ellas y el sexo débil. Vale que a veces funciona ser como Betty, la fea. Si hay que ser feo, se es. Pero con inteligencia. No nos sirve una La fea más bella mexicana que se estampe en audiencia luego.

Puede llegar el caso de que, inevitablemente, se cierre un ciclo y debas de vivir otro a pesar de que esa no ha sido tu intención. Hay compañeros que se van, precisamente aquellos a los que que más cariño les tenías, los pesos pesados del reparto, y no hay fichajes blindados que lo impidan. No te queda otra que vivir una Sensación de vivir sin Brenda ni Dylan. Vendrán personajes nuevos, pero ya nada volverá a ser igual. Pero, ¡anímate! Siempre quedan las reposiciones y, con suerte, una película especial sobre el reencuentro diez años después.

Finalmente, todo alcanza un punto en el que la misma fórmula no se puede sostener por el desgaste. No aspires a vivir toda tu vida interpretando la misma línea argumental, por más golpes de efecto que pruebes a darle para recuperar el listón del que disfrutastes una vez. Así lo intentó Nacho, el Médico de Familia. ¿Si ya no hay más problemas en casa, te casaste con Alicia, Chechu ya no da la lata y María dejó atrás sus problemas hormonales, por qué carajo te metes a enfermero de ambulancia con lo bien que estabas atendiendo a los pacientes en el Ballesol? Cuando hay síntomas de cansancio, lo mejor es despedirse dignamente, como un buen Sardá (manteniendo un 25% de audiencia), y no como un Buenafuente (cayendo a un 13%).
Que eso sí es caer en un absurdo final.

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