“La Maldición de Hill House”: miedo por su historia enrevesada

No es tan fácil hacer una serie de terror como lo es con una película. Hay que ser un genio para mantener el suspense capítulo a capítulo, que no sea previsible, que no veamos venir el susto. Será que por eso hay tan pocas series de terror. Cuando me enteré de que Netflix lanzaba una, ni me leí la sinopsis. Me lancé a verla. Tendría que ser buena de cojones. Y, meh, he de confesar que La Maldición de Hill House tiene cosas buenas y malas a partes iguales.

Primeramente, hay que decir que esta serie de Netflix no es netamente original. Se basa en una novela con el mismo nombre, La Maldición de Hill House (Shirley Jackson, 1959). Está considerada como una de las obras literarias más influyentes del siglo XX (y ya vemos que del XXI también), especialmente en el género fantasmagórico. La historia es esa, pues gira alrededor de unos fantasmas en una vieja mansión y bla, bla, bla.

Aparte del terror también habla mucho del psicoanálisis, relaciones familiares y otras cosas profundas con las que nos aburrirán durante los primeros cinco episodios, hablando en plata. Esta es una familia, los Crain, que pasan un verano en una casa enorme que pretender vender. O eso es lo que entendí, porque además de que esta historia es muy cansina está cortada por partes.

La serie vive de un constante flashback (más bien puzzle en el tiempo, pues el espectador se ve obligado a unir unas escenas con otras para poder entenderlas). Así, se sucederá unas idas y venidas en la escaleta entre ese verano y unos 30 después, que es cuando cada uno lleva una vida terrible por todo lo que pasó aquella noche… Pues esa noche que desencadena la trama es contada a trozos durante toda la serie. Que está muy bien, porque así crea intriga y misterio. Y será mayor cuando lleguemos al final de ese quinto capítulo (demasiada fue la espera, y eso fue lo más miedoso de La Maldición de Hill House, el letargo inicial).

Pero, ¿qué ocurre entonces? Que la trama de La Maldición de Hill House se acelera y se volverá mucho más interesante (antes, como que no lo era tanto) y terrorífica. Habrá un suceso que reúna nuevamente a la familia y no es que sólo se pongan a recordar esos dramáticos momentos del pasado, sino que ocurrirán cosas en su tiempo presente y que marcarán su futuro.

Tampoco quiero desvelar mucho por si se animan a verla. Lo que querrán saber es si La Maldición de Hill House realmente da miedo. He leído comentarios de gente que se caga patas abajo con muchas de sus escenas. Quizás a mí no me parece para tanto porque de por sí el miedo no me da miedo. Pero he de reconocer que más que susto, la sensación que regala esta serie de Netflix es la expectación. El capítulo seis, por ejemplo, es una obra de arte. Aparte de que está rodada prácticamente de una sóla toma, lo que aconteció me dejó en vilo porque me podía esperar cualquier cosa.

Esta escena de por sí crea cierta intriga, Pues así, toda la serie.

Ambos lapsos de tiempo se precipitan en el último episodio, cuando tengamos todas las claves de las preguntas que nos ha ido dejando la serie de Netflix sobre la historia de la casa, junto a lo que le ocurrirá a los Crain. Cada uno de ellos llevaba una vida con la que no están conformes, y obtendrán su propia respuesta una vez se desvele cuál es la verdadera Maldición de Hill House y qué es lo que les había estado ocultado el padre de todos ellos.

La serie de Netflix tocará un el terror psicológico sin dejar atrás el visual. No se trata de algo horrendo, descarnado sangre o vísceras. Veremos diversas figuras de fantasmas cuya aparición podría provocar pesadillas en más de uno, como la del gigante ese, que me tiene en un sinvivir. ¿Cuál será su historia? La Maldición de Hill House sí que profundiza en la historia de uno de ellos. Pero hay muchas más que podrían dar para otros capítulos. Debido al éxito de esta serie de Netflix se ha confirmado una segunda temporada y la espero como agua de mayo. Quizás así despeje mis dudas y conozcamos algo más de esos otros personajes atormentados que pululan como Pedro por su casa.

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