FRIKERÍA NACIONAL. Jesús Cáceres

El programa de Pepe, el gran Benavente, acoge a aquellos artistas ignorados por la industria musical. Buenas voces, quizás, pero con una imagen que ninguna fan de David Bisbal sería capaz de colgar con chinchetas en su habitación. Pero luego hay un nivel de monstruos que pretenden ser artistas, que es para decir “apaga y vámonos, pero antes préndeles fuego”. Uno de ellos es Jesús Cáceres.

Pues todos estos monstruos también tenían su oportunidad, aunque de eso ya hace años, cuando Javier Cárdenas, el cazaantitalentos de Crónicas Marcianas, llamaba a sus puertas. Uno de estos personajes es Jesús Cáceres, no tan explotado como Carmen de Mairena o la Pantoja de Puerto Rico, pero no menos rompedor… de oídos, porque machaca más al buen gusto que un desfile boca abajo de Ágata Ruíz de la Prada. Así nos presentaba Cárdenas a su colega:

La carta de presentación del sobrino del amigo de un descubridor de Picasso no es más ni menos que Acariciando un sueño, un tema más romántico que una cena con croquetas del Mercadona.

Con esa voz más irritante que un esparto, Jesús Cáceres trata de abrirse camino, no sé a dónde, pero desde luego no a la gloria. Este monigote no sólo es capaz de romper la ilusión a los niños cantores de Viena, sino también se basta él solo para privar a los alumnos adolescentes de sus fantasías con su profesor, porque éste lo es (creo recordar, si la somnolencia no me jugó una mala pasada la noche en que lo ví).

Cierto es que no somos quiénes para quitarle la ilusión de ser un David miguelangélico. Pero ya es mucho que también se atreva a emular a Conan el Bárbaro y a Lucía Lapiedra en su película Depravada (a quien supera gracias a sus labios hinchados de bótox).

Pero ahí no queda la cosa, porque Jesús Cáceres amplía su registro en un video fatalmente extendido por internet. Se trata de un videoclip, a la vanguardia de lo cutre, en el que aparece cual guerrero jedi. Aunque también aprovecha la ocasión casera para filmarse con sus más tórridos modelitos. Qué decir de la coreografía, croquis de El Baile de los Cisnes horriblemente mal ensayada. La tormentosa creación alcanza a su culmen con unos angustiosos objetos artísticos, como desechados del atrezzo de Cristal Oscuro.

En fin, que Jesús Cáceres hizo lo que pudo para llegar al nivel de Josmar. Pero no consiguió ni grabar un gorgorito para el disco Somos los frikis, ni aparecer como extra en el clásico film Frikis Buscan Incordiar. Quizás cumpla su sueño y Suiza le invite a representarle en el próximo festival de Eurovisión, que es lo que falta por ver.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.