Gay por aquí, gay por allá (IV)

El lado femenino es característico en la homosexualidad. Bueno, dejemos una puerta abierta a aquellas aves raras que quizás no compartan esa sensibilidad especial con las mujeres. Aunque más extraño sería un gay que no goce o haya gozado de una vida entre faldas, ya que considero que al menos eso marca definitivamente sus maneras. El dibujo típico en estos casos pinta al apego paterno muy por debajo, bien porque el cabecilla no para mucho por casa o bien, simplemente, porque pasa de ‘mariconadas’. Quedaría la presencia materna, ya único modelo en el que fijarse.
No obstante, esa circunstancia es más bien algo anecdótica. No es más que un producto potenciador para algo que ya existe. Por ahí circula algo a lo que podríamos denominar ‘gen homosexual’, con el que se nacería y que no se puede evitar (recuerdo cuando la homosexualidad estaba considerada como una enfermedad, ¡qué desastre!). Cuando los niños ya están para pensar que a aquellos juegos a médicos se les puede sacar más partido, el chico destinado a ser gay podrá comenzar a fijarse en personas de su mismo sexo. Y digo “podrá” porque incluso, si la familia en la que ha crecido es tan conservadora, quizás no tenga la libertad suficiente para ponerse ni siquiera a fabricar sus propias fantasías. O bien su ambiente es tan cerrado que ni se dé cuenta de que su opción sexual verdaderamente no coincide con lo ‘normal’ en casa.

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Y volvemos a la misma cuestión manida de siempre, frecuente tema de guasa y de chismes: la salida del armario. Nunca está de más ser sincero, empezando por uno mismo (convencerse de lo que se quiere, sin depender del qué dirán, bla, bla, bla…). Tampoco es una obligación confesar la opción sexual a cada paso que se dé, porque eso le restaría la naturalidad al asunto que tanta falta le hace. “Tú preguntas claramente, yo te contesto”. Otra cosa es pasarse y estar preguntando interioridades del tipo “Y tú, ¿qué? ¿Eres el activo o el pasivo?”. Eso ya son temas de cama que deben quedar ahí (si uno quiere).

Pero es una decisión que cada uno tiene que tomar libremente. No es algo que sea fácil, más cuando has interpretado un papel que no es, o los demás se han creado una imagen que en realidad no tienes. Parece que hay miedo a decepcionar a los que nos rodean. Pero también es cierto que, en la sociedad en la que ya vivimos, no hay que dar por hecho la heterosexualidad a nadie. Y es una condición más que debe ser vista con total naturalidad, como si uno es rubio o residente en Kuala Lumpur, que está ahí, que le ha tocado, que la vida es así. ¿Por qué hay hombres que les gustan las mujeres? No obstante, seguimos arrastrando los ecos del pasado, que limitan nuestro deseo de acción y pensamiento. Imagino que esos ecos se irán desvaneciendo con el paso del tiempo. Y espero no esperar mucho.

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