Gay por aquí, gay por allá (III)

Señalar a un homosexual parece a veces un juego entre amigos (tiro en la diana). Hay incluso quienes apuestan, aunque sólo sea de palabra, para refrendar su infalible intuición. ¿Cómo saber si alguien es gay? Pues a veces también es verdad que ciertas veces esa intuición está justificada, aquellas en la que hay una atracción en realidad. Entonces es cuando efectivamente saber la condición sexual es importante.

Existen otros aspectos definitorios de todo gay típico. Por ejemplo, la sensibilidad. Qué de veces se ha pensado que llorar viendo una película es de “nenazas”. A pesar de que esta es una afirmación insultante, no deja de tener un fondo razonable. El hombre homosexual suele destacar de aquel heterosexual en su acercamiento a la feminidad, sea física como psíquica. Y no digo con esto que un gay tenga que identificarse necesariamente con la mujer. Lo que trato de decir es que hay aspectos que son más fuertes en un género que en otro.

De esta forma, la sensibilidad a emocionarse ante situaciones dramáticas, por ejemplo, es mayor en las mujeres frente a los hombres. Los homosexuales, por lo general, también están expuestos a ese grado de sentimiento, en el que la tensión emocional es más intensa. Aún así, hay que reconocer que hay heterosexuales que igualmente tienden a la sensiblería. Pero en el otro caso es más visible.

En relación a esto, el gusto por la estética es otro de los enlaces entre la mujer y el homosexual para identificar a un gay. En cada casa, son éstas las que visten a sus maridos e hijos. Independientemente de ellas, los hombres, con pillarse en el Carrefour los pantalones expuestos en el pasillo basta. Los gays más refinados saben lo que se lleva cada temporada, frecuentan las tiendas de ropa más punteras y entienden cuál es la mejor combinación. Los menos minuciosos saben al menos qué es lo que no se tienen que poner para salir a la calle. El sentido de la moda también es superior en la mayoría de los homosexuales.

En este sentido, también es raro que el peluquero de mamá y el modisto de su amiga sean rudos machos con una mujer en cada puerto. No quiera ser malo ni injusto, y digo que quizás estas funciones estén encasilladas equivocadamente. Pero hagamos la prueba del algodón, que de seguro queda empapado de aceite. Causas para esta tesis: ¿dar rienda suelta a su pasión creativa?, ¿estar más cerca de las mujeres, sus máximas cómplices? O, más bien, ¿resolver los problemas de ellas porque entre las faldas de ellas ha estado su cuna? Buscaré algunas respuestas en un próximo artículo.

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