Being Friki Spice: el afán por el coleccionismo musical

Concluímos el mes especial dedicado a las Spice Girls (coincidencia sospechosa con el lanzamiento de sus Grandes Éxitos) con un artículo referente a una de las cuestiones bien ligadas a este grupo líder de masas: el comportamiento refinadamente friki de los fans.

Quizás ya por ser fans ya lo son (somos). Siempre he dicho que hay que mirar a las Spice Girls más allá del Wannabe, un tema que se presta mucho al cachondeo (el del malo, para ridiculizar). El grupo tiene mucho más mérito que eso. Lo que pasa es que, como en toda vida cruel, todo se encasilla. Y como casualmente quienes más canturreaban ese chicle-tema eran las niñas de 9 ó 10 años (que siempre he pensado que el grupo arrastra esa frustración), pues la gente no está por la labor de desasociar una cosa de la otra. En conclusión, si por esa premisa estúpida se es friki de las Spice Girls, no reniego de esa condición.

Ahora bien. Una cosa es ser fan, comprarse sus discos e ir a sus conciertos. Pero otra bien diferente es desmadrarse y hacer de las Spice Girls una prolongación del cuerpo humano. En todo este tiempo he visto cosas… indescriptibles. La última que me hizo valorar seriamente la labor de los psiquiatras es la foto de un chico con el mismo peinado (el del flequillo platino) de Victoria. ¡Cosa más friki! Esa intención de emular a los ídolos estaría bien, pero de puertas adentro. Porque luego están aquellos que ponen el “play” y desatan la Baby Spice que llevan dentro:

Por otro lado está la cuestión del gasto. Las compras por Internet han provocado que los fans frikis cuenten con un mercado afín ya no sólo de su discografía completa de las Spice Girls y en solitario sino lleno, por ejemplo, de muñecas coleccionables. No sólo hablo de aquellas que salieron en un principio, vestidas con el vestidito de Gucci o con el chándal de Adidas. También salieron otras tantas con los diversos trajes que utilizaron cada una en el tour de 1998 y de 1999 (algunas con una mariposa caracterizada acompañando). También hay quienes compran el chocolate y las bolsas de papas con sus caras (de lo caducados que están ya habrán generado vida espontánea), la polaroid, platos, mochilas de guardería, o gastarse más de 1.000€ en un single (por más que sólo existan 500 unidades en el mundo).

Habrán otras tantas frikadas que se me queden en el tintero. Pero con este manojo ya es más que suficiente para comprender cuán frikis pueden (podemos) llegar a ser los fans. Eso sí, que conste que esto no sólo se planeta en el caso de las Spice Girls. Otros artistas cuentan también con seguidores sorprendentes. Aún no conozco a nadie que quiera operarse para que le pongan la cara de Melanie B (que ya es difícil conseguir ese tono “Nesquick” de piel).

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