‘Eurovisión 2019’, y las sorpresas que no fueron sorpresas

Tenemos dos clases de Eurovisión: el Festival en el que ya sabemos de antemano el ganador y la edición sorpresa. A todos nos gustaría poner una Jamala en nuestra vida, cuando en 2017 vino una mujer cantando en tártaro y con pinta de estar conjurando a todos los dioses eslavos para matarnos a todos. En Eurovisión 2019 esperaba eso, que Países Bajos, el favoritísimo en las apuestas, se retirase a pescar lapas a los canales holandeses. La única sorpresa este año es que no fue el más votado por el jurado ni por el público. ¡Pero ganó!

¿La canción de Países Bajos en Eurovisión 2019? Meh… Creo que está sobrevalorada. Habla del mismo tema de siempre, de los corazones rotos. Y no es que tenga una fuerza demoledora sobre el escenario. Tuvo un momento en que sí, cuando la luz del foco lo convirtió en una sombra como cuando la ves al final del túnel y Duncan Laurence viene a arrastrarte pero a su causa. Ya el rollo de los ventiladores y la nieve está pasado de moda. Me alegro porque mira, al menos la victoria en los últimos años parece ser rotativa y los viejos países están recuperando su lugar. Ya sólo falta que vuelva Luxemburgo, actúe en blanco y negro y vuelva a ganar.

Como decía, Duncan James no fue el ganador por sorpresa de Eurovisión 2019. ¡Pero sí lo fue al mismo tiempo! La división de votos hizo que no fuera el máximo favorito ni del jurado profesional ni del público morboso. El primero dio su mayor puntuación a Suecia, una apuesta gospel en tonos oscuros pero con vivismo en su partitura que se ajusta al candidato standard de aquéllos, tan sobrio. Por eso el año anterior auparon a César Sampson, que llevó a Lisboa algo muy parecido. Por contra, el público eligió algo diametralmente distinto. Noruega nos enjuagó la boca con Keiino, un trío hecho para la ocasión con un rollo popero y murmullos de Laponia bastante genial. La suma de puntos hizo que Países Bajos tirara a los otros dos por la borda y se alzara con una victoria, eso, medianamente previsible. Sin embargo podría haber sido peor. Mucho peor.

La mayor sorpresa de Eurovisión 2019 fue San Marino. Es uno de esos países que sabemos que existen sólo por este certamen, y que históricamente está entre los países que nadie vota. En sus diez participaciones sólo había pasado de semifinales y por los pelos. Quién hubiese predicho que Serhat rompería todos los esquemas (José Luis Uribarri deberá estar retorciéndose en su tumba). La calidad vocal fue pésima. Vale que el señor tenga un tono bastante grave, pero parecía que se acababa de despertar tras un finde loco y no sabía cómo pedir agua. Sin embargo la clave estuvo en la temática, tan súper-hiper-mega-homosexual que es algo que cala mucho bastante entre el público más acérrimo del Festival. De hecho éste lo coronó en la puntita del TOP10 de Eurovisión 2019. En la puntita, en la puntita ná má, en la puntita…

No les pongo el video de San Marino en Eurovisión 2019 por si les da una arcada de colorines.

La candidatura de Eurovisión 2019 que sin duda rompió moldes fue la de Macedonia del Norte. No, no es un nuevo país sino que por fin ha encontrado un nuevo nombre para solucionar sus problemas políticos con Grecia (la Macedonia del Sur). Pese a que la coloqué en el puesto 9 de mis apuestas de Eurovisión 2019 por su fuerza emocional, no me pareció que el público le fuera a hacer mucho caso. Comprobé que el jurado vio lo mismo que yo y premió a la sencillez en el escenario, sin grandes alardes, pues estuvo en casi todo el momento de votaciones en el primer puesto. Junto con Italia, Rusia, Suecia y Azerbaiján se fueron turnando en el TOP 5… Hasta que la puntuación del público irrumpió.

Sergey Lazarev quería marcarse un Dima Bilan (compatriota que se quedó a las puertas en 2006 pero ganó en 2008). Pero no se puede luchar cuando llevas una canción bodrio, que es más de lo mismo. Suerte que se mantuvo con un tercer puesto, y a casa a rezar. La actuación de Suiza en Eurovisión 2019 se me antojó demoledora, superando la canción que de por sí es bastante bailable. No fueron suficiente los ojitos de Luca Häni para llevarse el trofeo, que para mí hubiese un imprevisible y justo ganador. Lo mismo con Italia. El Tiziano Ferro de los años 10’s arañó el primer puesto y merecidamente con una apuesta fresca, urbana y ritmosa.

Las sorpresas en Eurovisión 2019 llegaron desde la primera semifinal, cuando pasaron Eslovenia y Albania. Zala y Gašper se presentaron con todo su coño con un tema que invitaba al sueño hasta que los veías, con ese aire inquieto. Tuve la sensación de acabarían la actuación suicidándose. En cuanto a la albanesa, representó la candidatura más folklórica de la final de Eurovisión 2019, y cumplió un gran papel. Por contra no pasó Finlandia, que además fue la última con Darude, que nos prometía una fiesta I Love Tuentis 😉 para el sábado y nada. Tampoco llegaron increíblemente Bélgica, Hungría o Portugal, que estaban entre los favoritos de Eurovisión 2019 a priori y aseguraron que casi nunca hay que dar nada por hecho.

Si los países del bloque del Big Six (quitando a Italia, siempre en alto) no pasaran directamente a la final, hubiesen dejado hueco a países que más se lo merecían. Reino Unido quedó a la cola una vez más porque llevó la misma mierda de siempre, y Michael Rice sólo supo dar alaridos. Lo mismo con Alemania, que participó con un cameo de chicas tipo Disney Channel pero no pasaron de insulsas. Israel perdió la oportunidad como país anfitrión y se quedó en el puesto 23, más que justo porque era una balada triste de trompeta. Y qué decir de España, que acerté diciendo que quedaríamos mejor que con ‘Almaia’. En efecto, los superamos con un puesto más arriba. La canción no era de mi gusto, pero hay que decir que Miki cumplió su papel y el baile no estuvo tan mal… Aunque el muñeco y los pisos de Aquí no hay quién viva no pintaban nada.

Hay quiénes siguen diciendo que España debería dejar Eurovisión. Lleva unas décadas de pena, salvo contadas excepciones. Algunas de nuestras participaciones han dado bastante vergüenza ajena. Pero, ¿y lo que nos reímos de ella? Nuestra participación da más vidilla a los españoles en los meses previos, especialmente a los que no son fans del Festival. A los que somos pues casi que ya es prescindible porque nos gusta el espectáculo sea del país que sea, más que mirar por la competición. Por suerte la calidad que nos están regalando aspirantes como Suecia, Países Bajos, Australia, Chipre o Italia mantienen en alto Eurovisión, y es lo que esperamos ver en la previsible Amsterdam 2020.

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