Presentes, ‘De Todo Corazón’

El sábado pasado acudí de público, junto con unas compañeras de clase (las conocidas “Chochis”) a ese programa tan idiosincrásico de la Televisión Autonómica Canaria, cuyo título es tan pretencioso como su contenido: De Todo Corazón. Pongamos que hablo de una mejunje residual entre Sorpresa, Sorpresa y El Diario de Patricia. En él encuentran su espacio tanto familias desestructuradas a las que sientan en plató para solucionar sus problemas, como a personajes frikis que buscan notoriedad (da igual que sea bochornosa, porque lo importante es estar en boca).

Antes de iniciarse el programa de De Todo Corazón, el co-presentador, Carlos Castilla, se compinchó con el público para simular un casting del tipo de Operación Triunfo. Grabaron a tres mujeres que buscaban su minuto de gloria y, por supuesto, a los que serían los “sorprendidos” (hubo un momento en el que no lograba diferenciar quiénes eran quienes, porque hasta uno de ellos cantaba como una cabra a la que le clavan una tacha en la pezuña).

Mientras editaban esos cortes, da comienzo el programa de la Televisión Canaria con, ¡oh!, un reencuentro de un padre con sus hijas. Y yo, a todo esto, entre bambalinas. El cupo de público estaba completo y a mí me pusieron de reserva hasta que me llamaran a ocupar un asiento según iban sentando en el sofá a los protagonistas. Desde este lado también se presenciaban fenómenos interesantes, el ir y venir del equipo, agobiante por que todo estuviese saliendo bien.

Finalmente, se llevaron a los chavales cantarines a un pasillo desolado (detrás del plató) a ensayar las monerías típicas de baile y coordinación, y yo ocupo el lugar de uno de ellos, en primera fila. Fue en ese justo momento cuando la presentadora de De Todo Corazón, Mercedes Ortega, se acerca al público en busca de presa a quien exprimir las lágrimas. Los asistentes todos van temiendo que sea su próxima víctima, como esa chica a la izquierda de la escalera, como imaginando que está en la Sala Goyesca de El Prado para abstraerse del pánico.

Mercedes da paso a una historia truculenta a más no poder. Y nada mejor para levantar el ánimo de la protagonista que llevarle a su artista favorito, Haze. O al menos eso nos dicen, porque la chica no estaba realmente como para dar palmas. Lógico, después de haberle hurgado en su herida y recordarle sus padeceres ante los miles de telespectadores de De Todo Corazón.

Sin embargo, no siempre los presentadores consiguen aguar los ojos de los protagonistas. Por ejemplo, consiguen que Paulina Rubio grabe un mensaje a un par de fans suyas, esa noche entre el público, y que les firme un CD. Pero ellas, “Ah, po’s vale, bueno, como vemos a Pau todos los días por el barrio…”. Por suerte, lograron sacar del público de De Todo Corazón la risa fácil asfixiando a una pobre mujer con un balón sobre su cabeza, la cual acaba cansada de seguir a pies juntillas el guión pactado durante la publicidad. “Tengo el fútbol en la cabeeeeeza”.

El programa de la Televisión Canaria continúa con varias historias desesperantes más (el tema de la semana eran las “malas rachas”, cómo no) hasta desembocar en la guinda del pastel. Los particulares “triunfitos” han ensayado los pasos del tema más jartible de Gloria Estefan para demostrar su valía ante un jurado conformado al efecto: un par de coreógrafos y la gran artista Pilar, que aunque no ha sido conocida por su talento, a partir de ahora lo será por ese escote que le cae hasta el ombligo.

Pero no restemos atención a los “sorprendidos”. Indudablemente, la chica demostró que es la única que sabe interpretar. También es verdad que hasta un pato quedaría finalista sobre esos dos pollos, que no hacían más que desmarcarse del baile para ser los protagonistas de De Todo Corazón, especialmente “la diva” de rosa, que fuera de las cámaras se daba aires de una Shannen Doherty cualquiera.

El programa de la Televisión Canaria termina, y con él nuestro sufrimiento. Las chicas han podido ver actuar a Haze y yo pude satisfacer mi curiosidad de presenciar un programa en directo. He de resaltar el esfuerzo evidente del equipo de De Todo Corazón (obviando a quiénes nos hicieron los bocadillos que repartieron a la salida, que llevaba sólo una loncha de jamón reseco), aunque todo ese gran trabajo sea en balde. No hay bodrio que lo valga.

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