ALBERWORLD: el blog

[fuente fundamental de toda información subjetiva]

 

Adiós a la cultura de verano

Para muchos ciudadanos, el final del verano está a las puertas (si no se les ha caído encima ya). Aquellos que se han quedado en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria han tenido la oportunidad de dejarse caer por algunas de las ofertas culturales que ha organizado el Ayuntamiento. El gabinete comandado por García Bolta (la Concejala de Cultura, Turismo y Carnaval) tuvo ese gesto amable con los contribuyentes, inundando los meses de julio y agosto con un curtido calendario de representaciones artísticas y otras actividades de ocio. Fíjese bien en esa inquietud por sacarnos de casa, donde me juego el pescuezo a que más de uno no tenía más plan que el de soportar el fritango televisivo de la temporada calurosa. Saliendo más allá del portal, los actos también nos han hecho plantear otra alternativa que no fuese dar de comer al que regenta el piscolabis de siempre.

El Festival de Teatro y Danza ha llegado este año a su undécima edición con un rico y variado programa, un vaivén de interpretaciones escénicas y coreografía exultante de modernidad que no ha dejado indiferente a nadie. Al menos a mí no, y eso que soy difícil de conmover al respecto. Por ejemplo, me resultó maravillosa la función de fuego y agua con la que la compañía alemana Titanick entretuvo a los curiosos en La Puntilla, montaje que no suele ser usual a los ojos de los amantes del teatro. También debe ser aplaudible que el cartel del Festival diese cabida tanto a conjuntos de uno y otro confín, pasando por el exquisito espectáculo japonés Hibiki, por la transfusión de arte sufrida por el Pink Floyd Ballet, o por la semblanza andaluza taconeada por Sara Baras. No hay que obviar la apuesta por el producto canario, como en la adaptación de El Perro del Hortelano por 2RC Producciones. La diversidad de los escenarios han potenciado el atractivo, pues algunos días han dejado descansar a las butacas del Parque de Santa Catalina y se ha llevado parte del Festival a lugares que se escapan de la fastidiosa rutina, como la Plaza de Santa Ana, el Paseo de Las Canteras o el Parque Juan Pablo II. Y no quisiera dejar de decir que ciertos eventos han permitido la entrada libre (quisiera creer que es un guiño de los de Bolta y no porque les resultaba desproporcionado vallar espacios como La Puntilla).

La ciudad no sólo ha vivido y respirado del Festival que reclama la atención cada año. La resaca del Parque de Santa Catalina es el ciclo Cine de Verano. Otros años han mantenido las gradas y las sillas de plástico para mantener vivo el trasiego de gente, esta vez atenta a la pantalla de cine. Sin embargo, esta vez el personal no se ha ido de vacaciones y ha desmontado el escenario al aire libre, privándonos del auténtico espírutu de un acto así. Que quede claro que la excusa oficial es la preocupación por que los ciudadanos no nos mojemos bajo esas borrascas, que encima se alajaban pronto, refrescaban la noche sofocante.

No abandono este repaso por la oferta cultural, ya a punto de caducar, sin nombrar a las clásicas biblioplayas aparcadas en Las Canteras, en especial a aquella caseta, con pinta de chiringuito clandestino, que mira de frente a la Plaza de Saulo Torón. En fin, que el que no ha disfrutado de todo esto es porque no ha querido.

Archivado en: Las cosas de la vida
12 Septiembre 2006
23:26
Comentarios : 0
 
 

Mejor que falte veneno…

El otro día, en uno cualquiera de esta semana, me ví conmocionado nuevamente por otra de esas situaciones que se escapan de la razón humana.
Esta vez tenemos a dos protagonistas: una mujer (llamémosla “La Vaquilla”) y a otra que la acompaña en el suceso (llamémosla la “Presunta Implicada”).

Pues resulta que La Vaquilla y la Presunta Implicada pasaban una típica tarde de compras en un centro comercial. Acabaron en una tienda de bisutería (qué raro en las mujeres, ¿no?), y entre colgantes de plumas y pulseras de caracolas hallaron una cartera tristemente abandonada.
Ambas golisnearon en su interior. Y uso el verbo popular canario “golisnear” porque la intención no era la de identificar la propiedad del objeto perdido, sino la mera curiosidad. Si llega a ser la cartera de Isabel Preysler, su satisfacción sería extrema.
Pero no. Pertenecía a una chica, joven y sencilla, de un pueblo del norte. La situación resultaría mundana si los ojos de una y otra no brillasen ante los más de 120€ que había en su interior.

¿Qué hacer? Aquí se presentaba el dilema. Una mujer de la edad de éstas dos no se interesaría por una cartera Nike (más cuando no tienen ninguna hija a la que llevársela para que luzca en las locas noches de El Muelle).
La Vaquilla optaba, decidida, por mangarla, en tanto que la Presunta Implicada, con más espíritu social, preferiría devolverla.

Desenlace: La Vaquilla escondió la cartera sigilosamente en su bolso y agarró a la Presunta Implicada del brazo, y se la llevó en volandas a un lugar lejano.
Con más reposo y calma, en una dulcería de finos panes, la Presunta Implicada expuso que su conciencia la obligaría a devolverla, pero no a la dependienta. Ella, que lo fue en un pasado bastante remoto, tuvo sus experiencias al respecto y sabe lo que es eso (sin llegar a ese robo de proporciones abismales, sino que fue cauta y esperó a los tres meses naturales). Su idea era de dirigirse a la comisaría de policía más cercana y depositar allí el objeto en cuestión.
En cambio, para La Vaquilla no tenía más vuelta de hoja: aquellos papeles con rico aroma a dinero tenían que ser para ella. Se excusaba con que su hijo había pasado por ese duro trance, de dejarse olvidado algo y no encontrárselo en su desesperada búsqueda.

Moraleja: Mi conmoción era insuperable. Que al hijo de La Vaquilla haya sufrido en carnes la poca humanidad de ciertas personas, no quiere decir que ella se convierta en una delincuente como éstas. Es para cogerla del pescuezo y gritarle (después de denunciarla, claro) que por personas como ella su hijo se tiene que ver en esas situaciones tan dramáticas. Que piense en la pobre chica que, por un desliz del que supongo que aprenderá sabiamente en un futuro, se dejó olvidada la cartera en la tienda: puede haber cobrado su paga después de trabajar como una “descosía” todo julio, y de pronto ve que alguien cruel se ha llevado todo su esfuerzo.

En fin, la vida.

Archivado en: Las cosas de la vida
3 Agosto 2006
12:31
Comentarios : 0
 
 

Mejor fachada que una auténtica facha

Cuando parecía que las extrañezas del mundo no iban a dar más de sí, esta semana me topo con una especie humana de las que (espero) quedan pocas.
Se trata de una de estas familiares que en realidad no tocan nada, pero que son tantas veces la que la oyes nombrar que ya sólo queda ponerla en un retrato por casa.

Salía yo de trabajar por la noche, y cuando cruzo en dirección a mi casa me topo con mi madre hablando con la susodicha. Y para convencerla de que no soy un salvaje (como tantas veces se obstina en machacarme), en vez de tirar por otro camino me arriesgo a ir a su encuentro previendo que pasaría lo típico: presentaciones y demostraciones de cariño materno que siempre me llega a sonrojar.

Mi madre empezó a hablar de mí. Más bien continuó, porque antes de irrumpir en escena ya le estaba contando la actualidad informativa de mi vida, incluso aquellos datos que a nadie le debería de importar. Pero son cosas que tiene una madre, y hay que saberlo comprender.
Pues uno de esos datos (no tan íntimo, por suerte, pero sí intrascendente) es que en este momento me estoy dedicando a leer El Código Da Vinci, de Dan Brown. A esto que la fenómena dice que también se lo ha leído, pero sólo para ver a lo que estaba dispuesto a llegar su autor. “Porque eso es un peligro para los jóvenes que no saben mucho de religión. ¿Cómo se puede decir que Da Vinsi era homosexual y ateo? ¡Qué barbaridad!.

Y una cosa llego a la otra: “Zapatero no fue a recibir al Papa en su visita a Valencia. ¡Qué malcriado! ¿Sabes por qué? Porque es un rojo (y nosotros, a todo esto, petrificados, de forma que se da cuenta y pregunta…). ¿No seréis de izquierdas? (mi madre le largó evasivas, y yo no respondí porque lo que quería era irme). Con este gobierno ya no conocemos España. Ahora va a hundir la economía del país, porque nosotros compramos pero a nadie vendemos. Y la balanza tiene que estar equilibrada”.

Y para rematar su discurso retrógrada, el fin de fiesta: “Yo sólo escucho la COPE, porque es la única emisora de radio que dice la verdad. Sí señor. Todas las noches, en la cocina, me pongo de nueve a once”.

En fin, es gente que no evoluciona con el paso de la Edad Media a hoy (que ya es bastante), o según otra interpretación, son cosas de mujeres solteronas a esa edad.
¡Anda que si me da por contarle lo que pienso de ese personaje de cuentos llamado Dios, y la vida que llevo no tan católicamente correcta…!

Archivado en: Las cosas de la vida
13 Julio 2006
18:08
Comentarios : 0
 
 

“La más grande” tropelía televisiva

Esto no es una necrológica ni unas palabras en recuerdo a Rocío Jurado (a la que guardo mucho respeto y admiración). Si fuera así, se alejaría del tono irónico y bravucón de este blog. Lo que trato en este artículo es del papel que jugó la televisión en el día en que dejó de respirar “la más Grande”.
El monográfico que invadió la parrilla es digna de estudio.

(más…)

Archivado en: Las cosas de la vida
2 Junio 2006
12:23
Comentarios : 0
 
 

14 de febrero. Ni te cases ni te embarques

Y llegó el Día de los Enamorados, ese día en el que parece que es el único del año en que se demuestra el amor con regalos y demás chucherías.

De todas formas, no es un día tan sacado de la manga. Escribiendo este artículo me asaltó la cuestión de cómo apareció ese fenómeno: Por lo visto, todo parte de una de esas fiestorras romanas de sexo y guarradas varias, en la que lo menos fuerte que hacían era la posición del “aspa de molino”. ¿Qué ha pasado entonces para que la festividad decaiga en algo tan soso y puramente comercial? Todo pasa por la Iglesia cristiana, cómo no…

En verdad, en la Antigua Roma existía un rito que consistía en introducir en una caja ciertas prendas con el nombre de las adolescentes, y hacer que los muchachos a su turno metieran la mano en el cajón y sacaran la prenda de la que sería su compañera de diversión a lo largo del año. A pesar de que de este acto se derivaría el matrimonio, en el año 270 d.C. el emperador romano prohibió estos lances, porque los casados se negaban a ir a la guerra (porque mirad que las fronteras del Imperio eran más difíciles de proteger que las de Asia en el Risk, que no es poco). Fue entonces cuando el obispo Valentín decidió oponerse, casando de manera clandestina a cuantos quisieran contraer matrimonio. Una vez descubierto, el emperador ordenó que lo apalearan, apedrearan y decapitaran (por si no tuviera ya bastante, el pobre angelito). 200 años después, el Papa Gelasio lo proclama “Patrón de los Enamorados”.

Y bueno… el origen viene a ser eso. La otra mitad de la historia se la debemos a El Corte Inglés y a las tiendas de baratijas que le han seguido el juego. Y claro, los enamorados, tontos por naturaleza, se dejan llevar y se gastan los cuartos para hacer ver que ama a su pareja. Y ésta, por su parte, víctima también del engaño comercial, toma una actitud violenta si ve que pasa el día sin recibir un presente. Ese es otro factor que agrede al maniatado comportamiento del ser humano contemporáneo. Luego, encima, hace sentir mal a aquellos que no tienen a quien regalar por falta de cariño. ¡Tiene cojones la cosa! Que conste que no lo digo por mí, que soy un mero observador de la vida.
Con quererme a mí tengo bastante.

Archivado en: Las cosas de la vida
14 Febrero 2006
18:51
Comentarios : 0
 
 

El espíritu navideño

Mi época del año preferida es la navidad. Está el frío, que me encanta más que el calor del verano (¿he dicho ya que lo odio, porque me pone las camisas perdidas?). Indudablemente, porque también significa vacaciones, aunque lo más conveniente sería entrecomillarlo. Son días libres que intento aprovechar para quitarme trabajos de encima (jamás lo consigo). Por otro lado, están las compras de navidad: decidir qué le echo a los míos por Reyes, ir de aquí para allá viendo y comparando precios, empaquetarlos y esconderlos hasta el día en que se entregan. De todo esto, me ilusiona más la ilusión y ver las caras de mi familia ante los regalos, que recibirlos yo.

Exactamente, la navidad para mí es eso, el supuesto espíritu navideño que envuelve todo eso. Digo “supuesto” porque, tal y como va el mundo hoy por hoy, yo ya no doy nada por válido.

Es bastante triste escuchar cada año a la gente soltando cosas como que tienen ganas de dormirse y no despertarse hasta que pasen las fiestas. Por lo visto, estas fechas traen muchos recuerdos. Y, ¡hombre! Se supone que son buenos recuerdos. No creo yo que a todo el mundo se le apalease (o una burrada así parecida) precisamente en navidad. Aunque lo cierto es que ninguna fecha justifica eso… ¡Qué pasa! ¿Es que nadie ha tenido nunca buenos recuerdos de esa época? Pero, ¿quién no ha tenido navidades penosas?. Pero, por suerte, se han quedado atrás y forman parte del pasado. Esto es lo que tendrían que pensar todos, y ser positivos. Con la vida, en general…

Eso de decir que las navidades es un invento comercial es sólo una excusa a todo esto que digo. Eso sí, estoy de acuerdo con que ser felices y hacer las paces (y el amor, sobre todo…) no hay que reservarlo para un par de semanas al año. Pero si estas fechas ayudan lo que no las otras 50 semanas, pues ¡bienvenida sea la navidad!

Archivado en: Las cosas de la vida
26 Diciembre 2005
12:38
Comentarios : 0
 
 

La religión: un mundo sólo de cuentos e historias

Religión. Tema polémico allá donde convivan aquellos que creen en ese cuentacuentos repleto de mitos y apariciones celestiales, con aquellos otros con los pies en el suelo. Ni hace falta decir cual es mi posicionamiento entre estos dos bandos, pienso. Una de mis grandes cualidades (o al menos intento conseguir) es la máxima objetividad, ver las cosas como realmente son. Por tanto, rezos y ceremoniales carecen de toda lógica para mí.

No niego yo que en algún momento de la historia haya existido un tal Jesús o un tal Mahoma (meto también a este chico de Oriente Medio en el saco por ser imparcial). Pero eso son hoy, historia. ¿Qué es eso que dicen de que un Dios te esté mirando desde arriba? Si lo hubiese, que deje de chismorrear y ayude a la gente que lo necesita. No me parece justo que esos devotos dediquen muchas horas de su vida a algo que prácticamente, en verdad, no les va a reportar nada. Si quieren sentirse protegidos, mejor abrazarse a alguien que queremos pero que existe, por quien sí que realmente podemos hacer algo. Y no veáis la rabia que me da cuando veo a la gente postrarse ante muñecos en la iglesia o azotarse en las procesiones. Es de locos. Pero hay que ser tolerantes y todo ese teatrillo hay que respetarlo.

En cuanto a la Iglesia… ¡Qué decir de esa agrupación que se aprovecha de lo que dice un libro gordo para dar miedo y hacer que los creyentes se rindan a sus normas (la de la institución)! Realmente se trata de una interpretación, porque qué de veces oigo a colectivos gays que afirman que La Biblia no prohíbe las relaciones entre personas del mismo sexo. Lo que pasa es que los curas leen lo que quieren para llevarnos a su terreno, y eso sí que es crear intolerancia (ahí están luchando con uñas y dientes contra la Ley Orgánica Educativa, para seguir captando adeptos desde la escuela, aprovechando la ingenuidad de los niños).

Por otra parte, fijaos cómo los curas están cubiertos de joyas y de obras multimillonarias. ¡Tienen hasta su propio Estado! ¿Creéis que todo esto lo han sacado de su trabajo (si es que hacen algo que se catalogue así)? Mucho predicar con la solidaridad, pero no hay quien los despegue de sus cálices de oro ni de los “greatest hits” de Miguel Ángel.

El haber estudiado la carrera de Historia me ha ayudado a abrir aún más los ojos: Durante la Edad Media, especialmente, la Iglesia se aprovechaba de la inseguridad de la gente para llenarse los bolsillos. Sí, señores. Moríos de vergüenza, porque entonces la confianza en sí mismo se compraba.
Como veréis, la historia se vuelve a repetir en nuestros días prácticamente. De todas formas, no todos en la institución gustan de vivir “amarquesados”.

Otros (algunas pocas excepciones) poseen la suficiente inteligencia para ver que la verdadera misión es dedicarse a los demás, rescatarlos de la pobreza y de la tristeza, que yo siempre he supuesto que ese es el auténtico objetivo del entramado eclesiástico.

Podría despotricar mucho más sobre la Iglesia o Agrupación de Simpatizantes por la Sed de Poder, que lo mismo da. Pero tampoco es cuestión de escribir aquí un libro con mis ideas y mis aventuras completas. Para eso está La Biblia, ¿no?

Archivado en: Las cosas de la vida
30 Noviembre 2005
22:54
Comentarios : 4
 
 

Ya nada es igual después de los 23

La moda que se está imponiendo ahora es el envío a correos electrónicas de chorradas hechas por Power Point. Si ni siquiera me paro a mirar aquellos otros mensajes en cadena que venían escritos en el mismo correo, mucho menos estoy como para descargarme esas bobadas que vienen adjuntas. Pero un día estaba tan aburrido que me dio por bajarme algunas y mirarlas. Algunas tenían su gracia. Otras daban pena. Pero luego había una en especial que me llamó la atención, más que por su chiste, por su mensaje.

Se titula Después de los 30 ya nada es igual. Vienen varias diapositivas que, punto por punto, muestran cómo es la vida de un treintañero con el paso del tiempo, todo aquello que ha perdido y está perdiendo, y las diferencias con la generación posterior. Por suerte, aún estoy (relativamente) lejos de llegar a esa edad mortal de los 30. Ya dije en el anterior artículo algo como que para mí significa el fin definitivo de la juventud. Podrán decir que el Príncipe Felipe es joven. Por supuesto, lo es comparado con su suegro taxista. A partir de entonces, la responsabilidad pesará más que nunca. Incluso no se podrá decir ni hacer nada como antaño sin que vengan otros a mirarnos mal y pensando que somos “inmaduros”. Para el caso de los solteros, esa presión será infinitamente elevada al cubo: no estar casado y sin hijos levantará sospechas molestas.

Aunque me faltan muchos años para llegar a traspasar esa barrera de los 30, mi inquietud es ya lógica. Algunos de esos puntos del Power Point están hablando de mi vida actual. Claro que me río en un primer momento al leerlos. Pero poneos a reflexionar en ello fríamente. Es cierto que la gente que empieza ahora la universidad nació en 1986! Aquí, en mi residencia, hay muchos de ellos. Me los cruzo y no puedo dejar de reprimir la idea de que son chiquillos recién salidos del instituto, y que aún no han tenido la oportunidad de perder la ingenuidad, cosa que no existe en la vida de los mayores. También me alarmo al leer que muchos de los que participan en Gran Hermano y en Operación Triunfo son más jóvenes que yo. Me acuerdo que cuando empezó el primer programa en el 2000 me paraba a pensar que la concursante más joven era dos años mayor que yo. Y ahora, ¡mirad! Ya me veo a Inma y a su “grupi” llamarme ‘viejo amargado’ y preguntándome con sarcasmo corrosivo que cuándo voy a tener hijos. Lo mismo pasa con algunos dependientes de las tiendas a las que voy, que la tarjeta me la han de pasar gente con granos aún en la cara, y que detrás de mí esperan en la cola gente cuyos padres pueden que no le permitan tener una por la desconfianza que aún les tiene.

En efecto, el tiempo pasa a pasos agigantados. Vale que ser cada vez mayor tenga sus ventajas. Pero las desventajas pesan como una losa de 20 kilos. Tras mi próximo cumpleaños, por tener 24, ya me empezarán a cobrar intereses los del banco al tener la tarjeta, y los de la naviera Fred. Olsen a subirme el precio de mis pasajes.
No podemos eludir que cada año perdemos un cacho de juventud, sean los de 23, sean los de 30 años.

Archivado en: Las cosas de la vida
12 Noviembre 2005
18:13
Comentarios : 0
 
 

Falsa Idaira

El lunes 10 de octubre apareció publicada en el diario chicharrero El Día una columna, más que crítica, insultante. Su autor es el tal Andrés Chávez, que escribe lo que sigue:

1.- Idaira no es la Idaira de Canarias, sino una alumna de la Facultad de Periodismo que me escribe para decirme que soy un “fenómeno social”, pero que debo ser más humilde. Idaira es, en suma, un nombre supuesto. Bajo su carta amable se esconde resquemor. Los profesores de allá arriba no deben ser muy buenos porque la chica escribe rebeldía con uve; y se olvida de las haches (”a engrandecido”, dice). Me acusa muy caro de vender mis libros y añade que “usted (yo) es un periodista, no un publicista… y mi opinión es que para ser un buen periodista hay que ser humilde, con 20 años o con 60″. Idaira (que no se llama así, sino a lo mejor Juana, o Eva, o Eleonor) indica que “la Facultad de Periodismo se ha convertido en una convención de amigos… que alguna vez han escrito algo y otra vez, hace muchísimos años, sacaron la carrera y ahora los han puesto a dar clases”. Habla de los bandos enfrentados en el centro y de los “líberos”. Y dice que muchos de los profesores se pasan la enseñanza por “donde le dije”.

2.- Es la primera reacción escrita que tengo a mi afirmación (que reitero) de que la facultad citada es una escuela de analfabetos funcionales (es decir, muchos de sus alumnos saben leer y escribir, pero apenas entienden lo que escribe o lo que leen). Ciertos profesores de ese centro son unos auténticos desastres, incapaces de enseñar algo a la gente que sestea en aquellas aulas. No todo es malo en la mencionada facultad, naturalmente; el otro día ponderé la labor de profesores como Humberto Hernández, que suponen excepciones a un elenco docente que los chicos y chicas y viejos no merecen.

3.- Sobre las alusiones a mi capacidad para el marketing, no le falta razón a la falsa Idaira. Me gusta mucho promocionar y vender un libro; y en cuanto a sus quejas sobre el precio, no son justas: “El dedo de Mustafá” se vende a 18,9 euros, cantidad realmente asequible a cualquier bolsillo. Cuando quieras, me llamas a mi despacho (922 273812) y seguiremos hablando, de manera confidencial, de esta facultad abominable y de todo lo que tú quieras. En ese libro hablo de la relación que quise tener con mis alumnos, pero no me dejaron. Un godo bembón perdió mi expediente cuando optaba a una plaza de profesor titular interino. Lo siento por gente como tú, falsa idaira, que merece mejor suerte. Aparcando la humildad, conmigo se habrían divertido, al menos.

Pues bien, me dirijo a usted, autor, de la misma manera que lo hace con el lector. Esto es, punto por punto, para que al párvulo o al simple lerdo le sea más comprensible su lectura:

1.- No le quepa duda de que sea usted un fenómeno. En mi Facultad, la misma que menciona, lo fue, aunque bastante pasajero, lo que duró su puyazo en el centro (un par de días como mucho). Lo que le es permanente de ese concepto es que sea extra y ordinario. Quizás no hay mayor ordinariez que valerse de la carta de una pobre alumna (que nada más por el hecho de “enardecerle” ya dice bastante poco de ella) para desahogar sus propios resquemores (el único que aquí los tiene) con mi Facultad. Tampoco le discuto que sea usted humilde, esa virtud que, como bien dice el diccionario, consiste en reconocer nuestra bajeza. En efecto, con este artículo, usted ha demostrado su propia ignominia.

2.- Compruebo que goza insultando a los alumnos (analfabetos funcionales) y a los profesores (auténtico desastre). Goza haciéndolo como los cochinos revolviéndose en su pocilga. En primer lugar, nosotros, los alumnos, venimos de otras carreras (a la Facultad de La Laguna sólo se puede acceder con un primer ciclo bajo el brazo, le recuerdo). Mire que es difícil llegar a donde estamos si en todos nuestros exámenes escribimos rebeldía con v. Pero nadie, como usted, es perfecto. Sépanos perdonar las faltas, por favor. Por otro lado, también nos hace referencia como esos chicos y chicas y viejos. Viejos… Podría haberse llenado más la barriga y no escatimar en adjetivos y sustantivos: aprendices, constantes, decididos, emprendedores, luchadores. Ahí hubiera estado más acertado. En cuanto a los profesores, los encuentra como ese auténtico desastre. Cada uno de ellos tiene su forma de enseñar, mejor o peor. No seré cínico (si no, no valdría para el periodismo) y no le negaré que alguna vez que otra hemos comentado entre nosotros los defectos de nuestros profesores, como personas que son. Tampoco es que seamos conformistas. Por eso, si usted hubiese estado delante de nosotros en un aula, entonces sí que lloverían las solicitudes de queja en la administración del centro.

3.- Le seguiré dando la razón, en este caso, de que su libro es asequible. Evidentemente, lo es para la alta suciedad que gusta de comprar ejemplares para decorar las estanterías de su polvorienta biblioteca. Espero que la próxima entrevista en persona con su fan incondicional (ahora que ella tiene su número de teléfono) le sirva para corregirla en esas faltas ortográficas que tiene, y tenga así la relación que quiso tener con sus alumnos (que me imagino que sea esa, porque ninguno de mis profesores me ha invitado a seguir hablando de manera confidencial, y de todo lo que yo desee). Por suerte, gracias al que usted llama “godo bembón”, que perdió su expediente, también nos ha quitado de encima su presencia en las aulas.

Archivado en: Las cosas de la vida
21 Octubre 2005
0:14
Comentarios : 0
 
 

El Gobierno marroquí viola los derechos humanos de los saharauis

Una clara obligación del periodista es mantenerse informado de todo, incluso de aquello de lo que no quiera. En este caso, antes de meterme de lleno en estos temas para la empresa para la que trabajo este verano, apenas sabía de qué se trataba. Ya oía “Frente Polisario” e intuía que hablaban de por ahí, de algún sitio de África. Nunca le había puesto demasiada atención porque me parecía un rollo político más. Pero no es así.

El Frente Polisario es como se conoce al Congreso Constitutivo para el Frente por la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oroque, que lucha por que se reconozca el Sáhara independiente. Me imagino que sabréis que el Estado Español (que es más propio señalarlo así, con ese halo franquista de amor a la Patria) desocupó África, y según algunos, de la manera más desastrosa posible (no lo sé de propio conocimiento porque no con orgullo puedo decir que mi profesor de historia pasó este tema por alto). Desde entonces, Marruecos tiene ocupada la zona. Los saharauis se han resistido a la soberanía marroquí, algo a lo que se oponen, no con poco sufrimiento y dolor. Se trata de una convivencia forzada de dos pueblos que apenas tienen que ver, y todo por el simple disfrute del poder de unos pocos. Guerras, hambre y pobreza se han vivido en esas tierras durante cerca de 30 años. Y siguen viviéndose…

(más…)

Archivado en: Las cosas de la vida
31 Agosto 2005
14:10
Comentarios : 0