Que Doña Manolita nos bendiga, también en la cola…

Montar el árbol, comer turrón y poner a Raphael en Nochebuena ya se está quedando muy desfasado. Ahora la moda es pasar tres horas mínimas de frio en la cola de Doña Manolita. Ya el año pasado hablé de su significado en el mundo moderno. Pero viendo a centenares de personas diariamente pasar por este trance para hacerse con un papelito por 20 euros, una vez más me pregunto: ¿dónde está la crisis? La respuesta la tendría que tener yo, puesto que días atrás me he unido a ese escuadrón de combate bajo la invernal intemperie. (más…)



Una de las peores cosas que te pueden pasar al buscar piso y que te encante es que, precisamente porque es maravilloso, haya gente más interesada en él y te veas sin querer formando parte en un proceso de selección. Los propietarios o inquilinos se aprovechan del ‘chollo’ inmobiliario para hacer desfilar por su salón a los interesados y someterlos unilateralmente a sus condiciones. Prácticamente no te dan derecho a elegir si te quedas o no de primeras. Experimento tan macabro es en el que me he metido de lleno en las últimas dos semanas (otra vez, y peor que
Dolores de cabeza me entraron al pensar que tenía que renovarme el D.N.I. (recordemos, “Documento Nacional de Identidad”). La última vez, hace ya un lustro, perdí una mañana y ¡milagro que no más! Al poquísimo de sacármelo se estableció el documento electrónico, ese carnet con chip hoy asentado en las carteras de casi todo el país. Pero aún así, cuando he regresado y me encontré con todas aquellas moderneces de golpe hizo que al salir de la comisaría me dijese: “yo esto lo tengo que contar en el blog”. 

