Benidorm Fest: el renacer de España en Eurovisión

Desde que cesaron a la anterior Dirección de Entretenimiento de RTVE y dejaron de mamar dinero, la preselección de España en Eurovisión ha tomado el camino que muchos fans reclamábamos. Ahora se hacen galas al estilo nórdico: una búsqueda de artistas interesantes, un repertorio musical variopinto, varias semifinales, una distribución de votaciones milimétricamente repartida… Por eso el lema “El Festival que quieres” (o #ElFestivalQueQuieres, para captar a las pobres víctimas de RRSS), no es coincidencia. Así es cómo surgió Benidorm Fest 2022.

Exacto. El Festival rinde homenaje a aquellas competiciones en blanco y negro donde en los años 60 también participaron otros míticos representantes como Raphael, Julio Iglesias o Karina. Ahora el añejo Festival de Benidorm se ha reconvertido en el Benidorm Fest (o #BeniFest, para seguir dando pábulo a la audiencia chic). El camino hasta la celebración de las semifinales no ha sido el invento del siglo: RTVE abrió una convocatoria en septiembre por la que se presentaron 886 canciones. También se brindó a sí misma la posibilidad de invitar directamente a célebres artistas (imagino que por contar con caras conocidas que ayuden a promocionar este invento). De este modo se tendió la mano a Ladilla Rusa o a Azúcar Moreno.

Finalmente en diciembre se presentó el cartel de los 14 seleccionados al Benidorm Fest, del que sólo conocíamos a las hermanas Salazar pero que importaron más bien poco. El verdadero impacto se enfocó en cuatro o cinco artistas según fueron descubriéndose las canciones, y pronto se prendió la luz roja de los ‘winner alerts’. Por un lado del ring, las Tanxugueiras: representan ese estilo étnico tan arraigado en Eurovisión, con sus pandeireitas y una letra en gallego que mandaría a Franco de vuelta al infierno si resucitara; por otro, Rigoberta Bandini: una puesta de largo con todos los elementos frikis necesarios para atraer al público europeo y con un mensaje social potente (“por qué dan tanto miedo nuestras tetas”).

Así llegamos a enero, con un Benidorm Fest que tambaleaba entre dos polos aclamados en tweets, stories, reels y otros medios cool. Y el resto, pues ahí estaban, sentenciados a ir para dar a conocer su música mismamente y con suerte tener más éxito con el tiempo que el que tendría la canción ganadora (díganselo a Raúl o Las Supremas de Móstoles, los legendarios segundones en las preselecciones españolas a Eurovisión). Pero la cosa cambió con las semifinales en directo. Recordemos que el Festival de la Canción Europea ya no es sólo canción. También es espectáculo, y eso fue lo que indudablemente dio Chanel con SloMo.

La canción en sí está chula pero pasó algo inadvertida, porque no descubría nada nuevo que no se escuchara en este siglo. Pero, hija, qué maravilla de baile. Dio más vueltas que Carlos Sainz en el Rally Dakar pero sin cansarse la voz. Aunque hay que decir que cuenta con mucha más voz pregrabada de la que me gustaría. La puesta hipnótica de Chanel en el Benidorm Fest consiguió el beneplácito de público y jurado. No así le ocurrió a Tanxugueiras con Terra, que acabaron enoxadas con el jurado porque no les dieron ningún punto. Y ya se habló de tongo y el mismo eurodrama de todos los años. Pero ahí están las bases desde que ellas se presentaron, éche o que hai.

En cambio, quien desfiló por la pasarela sin despelucarse fue Rigoberta Bandini. Todos, todas y todes querríamos que se sacara una teta sobre el escenario del Benidorm Fest pero la única mama que hubo fue otro globo terráqueo al estilo Blas Cantó en Voy a quedarme (mal augurio). A pesar de todo ofreció una escenografía ridícula pero con buen gusto, de esas que tanto nos encanta, con su vestuario de punto de cruz y rodeada de sus familiares que aquello parecía una escena sacada de la tormentosa película Midsommar. Para ridículas, Javiera Mena y su máscara electropop que fue lo único reseñable de su Culpa, o Marta Sango que venía del pasado alternativo de los 80 con su legión queer sin darse cuenta de que caía en el desfase general.

Pero quienes tocaron fondo en el Benidorm Fest hasta lamer la alcantarilla fue Unique. Ellos tampoco cayeron en que el renacer de las boybands ya pasó. Y si encima vienes con una coreografía que prometes que “no lo ha hecho ni Michael Jackson” (por vergüenza será), pues lo único que te comes es un mojón. Sí hay que reconocer una aportación diferente al resto de boybands, que muchas alardean de ir de falsos machitos frente a sus fans, y es darse un morreo en plena actuación para ver que se puede ser gay como Pablo Alborán y no pasa nada. Como nada pasó con las Azúcar Moreno, que dieron una actuación plana como si estuvieran ensayando en el garaje de casa. Lo mismo con Sara Deop, varada entre Nina y Beth, y que se nota que jamás vio los ensayos de Chanel para correr a cambiar el suyo.

En la final de Benidorm Fest no hubo grandes sobresaltos. Sabíamos que Gonzalo Hermida iba a quedar último, especialmente porque se quedó en casa por covid y en su lugar emitieron el videoclip (que ahí se pierde el directo, que es su mayor potencial). Pero canción más aburrida fue la de Blanca Paloma que aún no sé cómo quedó 5º finalista, si fue como llevar a Emilia Pardo Bazán a recitar poesías en medio de un estadio de fútbol.

Xeinn quiso acercar el sonido ochentero al público joven pero desgraciadamente se acercó más a la puerta de salida del Palacio de Deportes de Benidorm. Fuera del TOP 3 del concurso también quedó Rayden, que pese a ser un buen tema canta demasiado rápido en una lengua que a los europeos les cuesta seguir. Varry Brava hizo lo mejor que pudo, pese a que con el tributo petardo a Raffaella no hubiésemos quedado tan desenganchados en Turín.

Como estaba escribo, Tanxugueiras no fue ganadora del Benidorm Fest. Pero estoy cansando de leer en las redes sociales que hubo tongo, que era lo que España votó… No, hijo, es lo que tú votaste y que posiblemente en su momento también votaras al Chikilicuatre, votaras al Que no me quiten lo bailao, votaras al gallo de Manel Navarro y a otras propuestas cutres que con tan poca gracia nos han representado en Eurovisión. El televoto no es infalible como tampoco lo es el del jurado, que finalmente basculó entre Ay mamá y SloMo.

Me hubiese parecido genial que ganasen Rigoberta Bandini o Chanel, indistintamente. Rigo llevaba algo fresco y rompedor, aunque a muchos países les hubiese llegado lo obsceno antes que su mensaje. Íbamos a quedar últimos o primeros en Eurovisión, según se mire. Con Chanel hay altas probabilidades de no quedar en el bottom del ranking, pero ser vencedora en Europa lo lleva clarinete porque el espectro festivalero está sobresaturado en los últimos años de divas que ya en la anterior edición quedaron en puestos muy bajos. Chanel ganó el pulso y se proclamó vencedora del Benidorm Fest 2022 rodeada de pomposidad, brillantes y eurodramas.

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