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X-Men. “Business Class”

“X-Men: Primera Generación” (Matthew Vaughn, 2011)

El caso de Marvel es digno de estudio. Con cuatro personajes de cómics se ha creado sagas inagotables que perduran y perduran en el tiempo. Aprovechando el tirón que aún tienen las precuelas en el cine, se ha sacado de la manga el devenir de unos jóvenes Magneto y Profesor X, ejemplares maduritos de los X-Men. Este fin de semana se estrenó la X-Men: Primera Generación (Matthew Vaughn, 2011). Que más que titularse anglosajonamente ‘First Class’, la categoría en realidad se eleva a ‘Business Class’ y además con eróticos resultados.

Eróticos, porque un cartel con tan atractiva etiqueta siempre seduce, aún a sabiendas de que nos íbamos a encontrar con el mismo argumento de siempre. Una vez sentados, relajados, descubrimos que el acto cada vez más a mejor, que nos quedamos con la boca abierta, que le sacamos partido a todos los detalles. Y cuando salimos, acabamos con esa sensación de satisfacción tan jugosa como para recomendarla a los amigos.

Esto no me suele pasar (con el cine), y menos con la saga mutante. Entonces, ¿qué fue aquello que me sedujo? En primer lugar, a pesar de que es un elemento secundario (por no decir cuaternario), la ambientación setentera terminó conquistándome. El elenco femenino parecía una colección de ‘Chicas Bond’, y el excepcionalmente melenudo de Charles Xavier parecía mutar por momentos en Austin Powers. La estética, los trajes, los títulos de crédito… Hasta el recurso del tiempo histórico: el mundo oscuro del Nazismo, el incidente en Bahía de Cochinos, las apariciones del presidente Kennedy o la exhuberancia militar rusa son otros detalles magníficamente cuidados.

Un momento en el que están todos alucinando ‘pepinillos’, en “X-Men: Primera Generación”

Segundo mérito: el reparto, tan lleno de desconocidos pero tan acertado. Las interpretaciones fueron muy convincentes, así como sus escenas de acción. Loable el momento en que el ’sonrisa-bonita’ de Michel Fassbender (como Erik Lensherr) manejó las anclas para desmembrar el barco del villano, con una elegancia cual Shun de Andrómeda. El único personaje que no dijo ni ‘mu’ fue el encarnado por el grancanario Álex González (‘El Moreno’, para las SinTetasNoHayParaíso-adictas). No sabemos si en verdad sacó partido a los capítulos de Muzzy, pero finalmente sus trajes de Miami Vice destacaron por encima del actor.

Ahora bien, los poderes de algunos personajes eran de “se abre el telón, ves un petardo pinchado en una mierda, se baja el telón”. Quizás la serie Héroes nos tenga mal acostumbrados, o bien los guionistas se cuidaron de no ser repetitivos y se buscaron capacidades estrafalarias. Pero lo cierto es que con poderes a primera vista menores, los efectos especiales de destrucción jugaron una importante baza.

Algunos en las gradas se emocionaron al ver el cameo de Lobezno (algún enlace gracioso con las anteriores cintas tenía que haber). Yo eché lágrimas en el fundido en negro, cuando sonó la marcha imperial y aparecían los letreros ensalzados por un juego visual. Fue entonces cuando volví a la realidad y comprendí que poco más de dos horas habían valido merecidamente 5,80 euros.

Archivado en: Cajón desastre
4 Junio 2011
22:49
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