Nuevas citas para la posteridad

Anduve yo el otro día por Facebook y me crucé con una web que había ‘linkeado’ uno de mis contactos. Mucho se ha hecho esperar algo así, un espacio que recopila las frases más ingeniosas y aberrantes de esos que dicen tener potestad para educarnos. Porque, quién alguna vez que otra en su vida no ha apuntado en su libreta las chorradas que soltaba un profesor en medio de su clase. Yo era fan incondicional de esos momentos, cosa que ya dejé patente en uno de los primigenios artículos de este blog.
Ahora he vuelto a enfermar de revival y he desempolvado mi libro fotocopiado (siempre he arrastrado una particular crisis económica), ahí donde anotaba las perlas de la profesora más aguda que jamás haya tenido. Cada vez que recuerdo mis tiempos de tercero de B.U.P., mis ojos brillan en parte gracias a esos momentos en clase de Historia de España.
Recuerdo estar subrayando entre todos lo más importante de cada tema, y de repente la profesora callaba para hacer un inciso. No de cómo El Cid remontaba con gallardía cada embiste de la conquista musulmana. Sino, por ejemplo, de cómo fue a Murcia y no veía más que horchaterías. También solía pasar que hablaba ella sola en voz alta, o se hacía pasar por un alumno interesado para responderse a sí misma (“Hubo una mezcla de supervivencias góticas… ‘¿Qué es eso, señorita?’”). Y así, el libro lleno. Hoy transcribo varias de estas joyitas, pero me da que va para varios volúmenes más:
“Prefiero ordenador mi habitación que mi bolso. De ahí puede salir hasta una lechuga”.
“Cuando en Marbella se van todos de vacaciones y deja de haber noticias, suelen publicar que se han descubierto restos que pueden ser de la antigua civilización de Tartessos. Así todos los años. Es como el monstruo del Lago Ness: la noticia aparece y desaparece del periódico”.
“Cuando fui a Triana me pedí un café sin sacarina y una Coca Cola sin limón. Se lo repetí mil veces al camarero. Al final me trajo un café con leche y un Seven Up”.
“Tengo una moneda de plata de 1868. Si se te cae, te disloca el pie”.
“Si hubiera una máquina del tiempo me preocuparé de no ir a la zona cristiana del siglo VIII al XII. Porque allí… ¡apestusi!”.
“En el interior de África entras en el siglo XIV sin darte cuenta y es peligroso. Puedes pillar enfermedades ficticias”.
“El Nueva York de aquella época era Roma”.
“El día antes del examen soy feliz, porque mis alumnos estudian por miedo y cuando explico me entienden”.
“Mi madre me decía que como la tecnología está progresando tanto, acabaré dando clases por ordenador… ¡Pura fantasía!”.
“Cuando fui a Cataluña vi que al conquistador Jaime I le pusieron estatuas en varios sitios, con inscripciones como ‘Aquí nació Jaime I’, ‘Aquí durmió Jaime I’, ‘Aquí comió Jaime I’… Más que Cataluña, parecía ‘El Mundo de Jaime’”.
“Me fui a Niza con unas hermanas que se parecían a Zipi y Zape. Nos metían en vericuetos a buscar precios tres veces más baratos. Me enseñaban sus joyas y decían ‘Esto me lo trajo mi abuelo; esto, mi tío…”. Eran tan insoportables que al final del viaje les preguntaba ‘¿A dónde vais el año que viene?… Oooh, qué pena’. Y yo, ‘¡a otro sitio!’”.
“La Navidad dejó de gustarme cuando me enteré de que los Reyes Magos eran cuatro: Melchor, Gaspar, Baltasar y yo”.
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