El ‘mal’ Vigalondo

Ni la basturria que echó ácido en la piscina ni el borrachuzo que toma ‘Lacasitos’ al volante. Quien realmente la lía parda a nivel mundial es Twitter. Parece que no se puede decir ni ‘mu’ en la red sin que salte la polémica. En este caso, el polifacético (director, actor, guionista, bailarín y cantante, y sólo le falta ser rejoneador) Nacho Vigalondo, publicó en su perfil un comentario hiriente para algunos. La cuestión es que entre esos ‘algunos’ se encuentra su jefe, quien al parecer no ha dudado en obligarlo a dimitir si no quería ser vetado en el mundo del espectáculo.
Frente a lo que ocurrió con los casos de David Bisbal y Alejandro Sanz, lo provocado por Nacho Vigalondo en su perfil de Twitter sí ha sobrepasado los límites. Pero tanto de uno como de otros. Parece ser que el detonante, como si de una película de thriller se tratase, sucedió en una noche de borrachera, cuando el autor, feliz por el aumento de ‘followers’ (seguidores), lo celebró con una de esas ideas que parió pensando que sería un gran alumbramiento:
“Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!“.
La referencia es de la masacre nazi que liquidó a seis millones de judíos entre 1941 y 1942. Lógicamente, hay quienes no se lo tomaron como la frase fue concebida, y Vigalondo comenzó a recibir insultos y ‘twitteros’ que se desligaban de su cuenta. Lejos de pedir disculpas y no hacer más ruido sobre el tema, prosiguió publicando comentarios alusivas:
“¡Ah, el tweet del holocausto ha sido un detecta-gilipollas de primera!“.
“¿Cómo se llamaba la película esa de Spielberg? Ah, sí… Parque Judaico“.
“Cómo se llamaba la película de Spielberg… Ah, sí “A todo gas”“.
“Decoraban las paredes con cuadros de Degas“.
“Cómo era la película de Spielberg… “Anna Frank’s Catch me if you Can”“.
Mal, por parte de Vigalondo. Pero no peor por parte de la cúpula del El País, donde el autor contaba con un blog y una campaña publicitaria para el propio diario. Considero también obvio que se retire su imagen de la campaña, ya que representaba a la empresa y la empresa afirma tras los hechos que no camina por el mismo sendero que éste. En cuanto al cierre del dicho blog, la versión oficial es que el protagonista decidió (voluntariamente) dar carpetazo, mientras que las lenguas cuentan que le obligaron a firmar la renuncia porque “uno de los dueños de Liberty, Nicolas Berggruen, es de origen judío”.
Y ahí es donde vuelco mi mayor indignación. El sentido del humor es medible según un buen gusto no medido verdaderamente. Es decir, para algunos les resultará gracioso ese humor negro, y para otros no. No es que me hiciera particularmente gracia su comentario-bomba, y mucho menos que siguiera cargando metralla después. Pero lo que sí no me ha gustado ni un pelo, y es una más clara falta de respeto, es esa supuesta censura tan agresiva por parte de El País.
Si es cierto lo que se comenta, jugar con las oportunidades laborales de un artista como él por esta razón no es para nada justo. Ni siquiera para nadie. Lo considero una amenaza que pone en riesgo su forma de conseguir comida… Vale, esto último suena bastante dramático. Pero sin trabajo, menos calidad de vida. Es innegable. Como lo es otro de sus comentarios y que sirve de conclusión a todo esto:
“Si twitteas una broma a costa del Holocausto perderás un porrón de followers sin sentido del humor. Lo recomiendo como Solución Final“.
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