Del negro al blanco

Ahora que (por fin) se acabaron las Navidades y ya no puedo distraerme embostándome a turrones, vuelvo a tener tiempo para dedicarme a divagar sobre el transcurso de la vida humana. Uno de los temas que más han hervido últimamente ha sido la suplantación del canal Gran Hermano donde antes había unos periodistas informando. La sociedad parece que se ha levantado en señal de protesta. ¿Por qué? ¿Es injusto? Como toda respuesta, depende de unos matices…
La asociación entre Telecinco y Prisa, materializada en diciembre de 2009, ha dado más consecuencias de las esperadas. Sabíamos que Cuatro se ‘telecincocearía’: muestra es el mosqueante intercambio entre series y presentadores. Pero más mosqueante ha sido el fin del canal CNN +, cuya señal en la TDT ocupa hoy en día la transmisión de Gran Hermano 24 horas.
Mucha gente se ha quejado. A saber: la Academia de Televisión, los propios trabajadores de CNN+ (no es para menos), compañeros periodistas y consumidores de información, e incluso el mismo Presidente del Gobierno. Pero es, precisamente, debido a que no estamos en una fulgurante coyuntura económica por lo que Paolo Vasile, directivo de Telecinco, decidió dar tijeretazo por algo que apenas requiere presupuesto: enchufar las cámaras de Gran Hermano a dicha señal.
Visto así, es aberrante. CNN+ llevaba desde 1999 cumpliendo como una emisora permanente de difusión periodística. El espectador se veía satisfecho de enterarse sobre aquellos acontecimientos relevantes para el conocimiento humano, y que condicionaban su propia existencia: catástrofes, hallazgos, culturas, mutaciones económicas… Ahora, la mayor mutación que puede observar es la de Dámaso, un chico que entró en Gran Hermano como un coplero conservador y que se ha convertido en un gay maruja y salido. La diferencia es horriblemente abismal.
Pero el nuevo canal no se diferencia en el fondo de su antecesor. Cumple la misma función, pero a menor escala: dar cuenta de lo que ocurre, ya no en todo el universo, sino en un punto concreto de un pueblo madrileño. Quienes protestan lo hacen porque no les parece justo quitar algo útil por algo que no aporta nada. Y dudo que supongan sólo el 0,5% de share que marcaba de media CNN+. Me juego el totizo a que a esa media se une otro grosor de la población al que también le parece mal pero que, sin embargo, no veía sus noticias. Son aquellos que simplemente se contentaban con saber que en el número 23 de su mando disponía de un canal tan culto.
En efecto, soy seguidor de Gran Hermano. Pero ni mi afición ni mis recientes palabras quieren decir que defienda la nueva política televisiva del grupo de Mediaset. El otro día pillé una de las cámaras sobre Laura, una chica de Parla gritona y ordinaria, que en ese momento se estaba maquillando mientras soltaba soeces. En ese mismo momento sentí una vergüenza ajena recorriéndome las venas, porque no es lo mismo disponer de un canal para ofrecer imágenes en bruto que tener el placer de verlas manufacturadas en los programas correspondientes.
Poniendo un ejemplo: creo que a todos nos parece bien que los informativos hagan uso de imágenes de Tráfico para ilustrar una historia de atascos en poco tiempo. Pero no por ello nadie gasta una señal televisiva entera en un canal “M-30 24 Horas”. El sentido de la televisión también es la compresión temporal, porque en este medio los minutos son a precio de oro.
No obstante, el registro de audiencia de CNN+ está siendo igualado por su sucesor. Vasile ha logrado mantener los resultados y ahorrarse a la vez un buen monto de dinero. El espectáculo superficial también tiene sus adeptos, aunque a otro grupo no le guste. Siempre se ha dicho que este tipo de canales hacen compañía. Y hay que comprender que el heavy metal es otra alternativa musical, por mal que nos suene a algunos.
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