REVIÚ de “Laberinto de pasiones”
Yo creo que estoy pasando por un proceso inverso al de Almodóvar, quien se inventó a sí mismo con un tipo de cine ordinariamente urbano y sexual, y yo me estoy reiventando ahora mismo a través de esa, su época. Nunca había visto antes sus primeras películas, pero la que más me ha dejado impresionado ha sido Laberinto de pasiones (Pedro Almodóvar, 1982). Es tan… Overdose.
Laberinto de pasiones (no confundir con Laberintos de pasión, una telenovela mexicana que ha tapado el plagio nominativo cambiando los plurales) narra una historia singular, que aún hoy no he llegado a procesar en mi entendimiento. Bravo por cinedetematicagay.blogspot.com, que es de las pocas páginas que se ha atrevido a describir una sinopsis coherente de detalles:
Cuatro personajes dispares entre sí se encuentran en el laberinto de sus vidas. Sexilia es una ninfomana declarada, Riza Niro es el hijo homosexual de Tiran, Queti la hija de un dueño de Tintorería que abusa de ella, y Sadec el miembro homosexual de un grupo de terroristas islámicos. Sexilia se convierte en la protectora de Queti que a su vez se convierte en su amiga y confidente.
Cuando Riza pasa una noche con Sadec, descubre que su seguridad esta en peligro ya que la célula terrorista tiene la misión de capturarle. Riza se oculta como miembro de un grupo de música punk, a través del cual conoce y queda fascinado con una mujer por primera vez en su vida, la ninfomana Sexilia. Ambos se enfrentan a los problemas que les separan, la homosexualidad de él y la ninfomanía de ella, para descubrir que quizás ambos compartan un pasado en común.
Después de evidenciar mi cobardía en describir la película objetivamente, pasemos a la dimesión subjetiva: Laberinto de pasiones arranca cual sketch de Martes y 13. Fabio McNamara, junto al verdadero antecedente de Los Electroduendes (TVE1, 1984-1988), están tomándose de todo en una terraza. Así son casi tres minutos de un no-parar de frases míticas:
Hay varias secuencias tan alocadas como ésta (la sesión de la fotonovela o la actuación de Suck it to me), que se concentran en una primera parte bien determinada en la que también se presenta a los personajes, para luego decaer en lo que realmente les llevó a hacer la película.
Esto es que, de la mitad hacia atrás es todo un programa de humor, y de la mitad en adelante se desarrollan los conflictos pero de una forma no muy llamativa. No hay ‘crescendo’, porque se había acostumbrado al espectador en un principio a ver unas cosas para luego ver otras distintas.
Esta película es perfectamente censurable (normal que pasase por ello en diversos países como Reino Unido o Alemania). Juega con mucha libertad en cuanto al contenido temático y visual. Almodóvar se cachondea aquí del incesto, que trata de manera vulgar y comprendería que hoy por hoy resultase hiriente. También es cierto que hay que ver la película como lo que es, una comedia (aunque el género es un tanto difuso) Que por cierto, fue un visionario al inventarse el Vitopens 14 años antes que el Viagra.
Obviando, pues, la historia central de la película (en las que esas identidades de Sexilia o del imaginario país de Tirán son excesivamente paródicas), destacaría otros elementos como la gran implicación de Radio Futura en las historias (uno de sus miembros, Enrique Sierra, le practica una felación al personaje de Imanol), coincidiendo con los comienzos del grupo musical. Aunque en realidad quien pone la parte cantarina es McNamara y Almodóvar.
He de decir que Imanol Arias peca de no ponerse lo suficiente en el papel. En el joven Antonio Banderas es más creíble el rol homosexual, no así en el otro. Ya podría haber soltado un poco de pluma, porque se huele desde lejos que el playback con la voz de Almodóvar (“Gran ganga, gran ganga, soy de Tehrááán”) no lo coordina bien cuando interpreta su faceta de cantante.
Pedro Almodóvar: Estreno Laberinto de pasiones (1982)
En fin, que Laberinto de pasiones merece el merecimiento que tiene como patrimonio cultural de la movida madrileña de los 80, pero sobre todo por esos gags premeditados de Fabio. ¡Ay, qué gran personaje hubieses sido en Crónicas Marcianas o Sálvame si hubieses sabido relanzarte!
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