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Más vale bueno conocido que al hombre de tus sueños por conocer

“Conocerás al hombre de tus sueños” (Woody Allen, 2010)En compensación de no haber podido disfrutar del Festival del Cine este año, continuo yendo al cine Monopol (Las Palmas de Gran Canaria) por 2€ durante estos viernes veraniegos. Ello quizás ayude a explicar que me metiese sin demasiado criterio en la sala de Conocerás al hombre de tus sueños (Woody Allen, 2010), porque aún no había salido cuando comprendí que jamás podría gastarme lo que una sesión normal en semejante bodrio.

El cine de Woody Allen nunca me había llamado la atención. Tampoco es que haya visto mucho de lo suyo (guardo con gran nostalgia el pase de La Orquídea Púrpura en el contenedor televisivo Cine Cinco Estrellas), pero me animó el suculento reparto que se adueñaba de la cabecera del cartel, que encima tiene invadida las calles de mi ciudad.

A pesar de apostillarse Antonio Banderas como el primero entre los créditos, podría decir que hay figurantes que aparecen más que él en la película, como la actriz que encarna a Cristal, la pitonisa que tiene consumida a Helena (Gemma Jones), insegura tras haber sido abandonada por su marido, Alfie (Anthony Hopkins), quien quiere vivir una segunda juventud en un mundo que ya no es para él. Será al lado de Charmaine (Lucy Punch), una prostituta metida a actriz de un cuarto de pelo, que no viceversa.

En medio de esta crisis se encuentra la hija de la pareja más veterana, Sally (Naomi Watts), que ya tiene bastante con su marido, Roy (Josh Brolin), un escritor fracasado que bebe los vientos por su vecina y no se cortará un pelo en abrir el juego del ratón y el gato con ella. Banderas es un elemento algo suelto en este rompecabezas, pues actúa como el jefe de Sally y supuesto pretendiente suyo, o eso es lo que piensa Sally.

Vamos, un lío amoroso cuya comicidad se queda en los diálogos y el drama es consciente en el argumento. Lo dicho, que hay parlamentos muy buenos (propios de Allen), aunque luego hay otros por los que el público en la sala se reía y nunca entendí por qué, y al revés. Lo perfectamente comprensible es que el personaje de Lucy Punch (destinado inicialmente para Nicole Kidman, y eso es lo que se ha perdido ella) despertase la mayor de las simpatías, por su idiotez mental. Helena, junto a Chermaine, es otro de los protagonistas agraciados, debido a su locura dependiente a las artes oscuras (véase que las diversas patologías suelen funcionar como un tiro en pantalla).

En You Will Meet a Tall Dark Stranger, como así se titula originalmente, el mayor drama es el final. No el final de las historias, sino el final narrativo. Es decir, el espectador se levanta de la butaca con la áspera sensación de que sólo una de las tramas ha dado cierre, y las demás han quedado en el aire. Pensándolo luego fríamente, vale, puede ser una licencia del autor como apuesta por un original riesgo, y reflexionando sobre ellas comprendemos que no tienen por qué llegar a más cuando el mensaje y buena parte de las conclusiones ya están ahí. Pero, buf, con una vez me ha bastado y espero que no repitan experiencia conmigo.

Archivado en: Reviús
7 Septiembre 2010
15:46
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