El ‘origen’ de que no entendiese nada

Si buscáis el paradigma de un thriller petado de efectos especiales, aquí lo tenéis: Origen o Inception (Christopher Nolan, 2010). Parece un claro ejemplo de película cuya finalidad real es la encumbrarse en la recaudación. Pero no guarda un argumento tan sencillo que pueda entender siquiera Periquito el de Los Palotes.
Antes de ver esta película había escuchado que no era fácil dar una breve explicación sobre su sinopsis. Comprobado. Sólo llegué a entender que el protagonista trabaja en una ¿aplicación? para meterse en los sueños y, a raíz del encargo de un ¿magnate?, trata de ¿engañar? a un ¿rico heredero? con el objetivo de ¿?. No obstante, el protagonista se enfrentará al trauma que le llevó la muerte de su mujer, la misma que se aparecerá en esos sueños entorpeciendo sus metas.
Lo que quiero decir que el público de Origen (título que tampoco entendí a qué venía) no puede permitirse estar ni un microsegundo desconcentrado de la pantalla, y menos aún drogado (aunque doble los efectos de la pantalla). Y cuesta estar atento, eh, porque al cine me acompañó un enterado de la psicología (tema relacionado con lo onírico y del subconsciente), y no pudo atar todos los cabos. Creo que la historia es tan rutilante porque pretende servir en bandeja de plata los efectos especiales, sin duda, lo mejor de la película.
Lo que sí se comprende con mayor sencillez es el final, que empieza con el comienzo de la película, cuando aparece Leonardo DiCaprio como Dominick Cobb (más arrugadín pero con la misma cara de chaval) frente a ese ¿magnate? del que se percibe claramente que su aspecto viejo es obra de un maquillaje no bien logrado (efectivamente, porque lo percibí).
Junto a él actúa Tom Berenguer (como Peter Browning) o Michael Caine (como Miles, maestro de Dominick) que, a pesar de estar anunciado en letras grandes, sale menos en Origen que ciertos figurantes. Mientras, desde que vi a Joseph Gordon-Levitt me dije “este chico me suena, pero de que tenía menos edad o algo”. Antes de acabar la película descifré que se trataba de uno de los personajes de la serie Cosas de marcianos (con razón iba perdiendo el hilo).
Otro de los aspectos criticados pero que, sin embargo, a mí me fascina, es ese doblaje tan mal parado. El acento extranjero (de nacionalidad no identificada) de Mallorie Cobb (interpretado por Marion Cotillard) era un símil retorcido al de Irina Spalko en Indiana Jones y La Calavera de Cristal (Steven Spielberg, 2008). Pero a pesar de todas estas críticas que he lanzado, he de recomendar su visionado, por supuesto, en la gran pantalla, porque en comparación con los últimos estrenos Origen es de lo mejorcito que hay.
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