Cine de verano

Una vez terminado el Festival de Música y Danza de Las Palmas de Gran Canaria, en las postrimerías de agosto, la ciudad organiza anualmente un cine de verano en el Parque de Santa Catalina. Y cada año es de forma diferente. Para esta edición se ha sacado de la manga una total americanada, que ni el título han castellanizado: Cine + Food.
Cercando las habituales butacas (encima, recicladas de actos públicos, porque cualquiera podía sentarse a sus anchas en aquellas marcada como ‘reservado concejal’ o fotógrafo’) colocaron diversos chiringuitos que servían comida multinacional: marroquí, sueco, libanés, japonés… con precios fijos y que se adquirían a base de tickets. El Ayuntamiento, ayudando al mediano comercio.
Los cuatro días celebrados (del 26 al 29 de agosto) proyectaron películas no para todos los gustos. La primera sesión, vale, dedicada a los más pequeños (Up, Planet 51, Noche en el Museo 2…). Pero luego las demás o bien eran comedias (Algo pasa en Las Vegas), musicales (West Side Story) o drama ligero (Cinema Paradiso). Se echó en falta algo de terror y un poco más de acción y ciencia ficción, que se limitó a Avatar (por cierto, dos horas y media perdidas de mi vida). Ésta no se proyectó en 3D bajo la restricción del contexto callejero, sin embargo, mismo contexto que proporcionaba corriente por la que veíamos cómo se acercaban y alejaban los personajes. La tela se cernía sobre el patio de butacas como un efecto de andar por casa.
De todas formas, sí es de agradecer que se tuviese en cuenta al cine clásico, en las últimas sesiones. Había espectadores que no disimulaban su emoción, pañuelo en mano, mientras una masa ingente éramos público de ese fulgor sentimental, más que nada por hacer tiempo a que se levantasen al término de la sesión para ir corriendo a ocupar sillas. Al no quedar sitios libres, algunos se atrevieron a esparramarse por el suelo. Pero es lo peor que puede pasar, y más si es en un lateral donde una hoja de palmera será protagonista permanente delante de la pantalla, sea la película que sea.
En fin, que parece que cada año mejora las condiciones del cine capitalino de verano. Enyesques, birras, el fresquito nocturno (que nos hicieron recordar que los jerseys son importantes todo el año), los incansables anuncios auto-promocionales de Gran Canaria, el apagón del ordenador portátil desde el que se proyectaba (una emoción extra cuando vimos por pantalla grande una versión ancestral de Windows)… Yo diría, + Q Cine+Food.
Deja un comentario