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Kinkilogía: Características principales (I)

Joyas kinki

En el fascículo de hoy sobre el fascinante mundo de la sub-especie cultural kinki vamos a tratar algo que le es muy característico, aquello que les hace reconocible inmediatamente, de decir en el primer segundo “este es un kinki”. La contraindicación es padecida por la especie cultural vulgar, que siente la imperiosa necesidad de parpadear cuantas veces sea necesario para aclarar su visión y comprender que lo que tiene delante es toda una muestra de distinción. Se trata de la indumentaria kinki.

No es baladí recalcar que la vestimenta kinki es una auténtica arma de diferenciación con respecto al resto de las sub-especies culturales humanas. Hay quienes se lo toman tan a pecho y se recargan de la cabeza a los pies. Otros optan por un estilo más modesto, aunque igualmente reconocible. Todo depende de la concienciación kinki, en relación con el barrio del que se es oriundo y/o la banda a la que se pertenezca.

A continuación, enumeramos la relación de los siguientes ítems con respecto a la indumentaria kinki. Pueden ser lucidas de marca (preferentemente Nike, Cortez, D&G, Bershka) o bien facsímiles de rastro. No depende ya tanto de la capacidad económica de cada uno (aunque se viva casi en el umbral de la pobreza siempre quedan unos eurillos para la prestancia), sino de la categoría social y de respeto que se quiera mantener.

Indumentaria kinki

  • Gorra o visera: haga sol o no, su empleo es fundamental. Aún no sabemos por qué, pero sí que se trata de una prenda que ofrece múltiples colocaciones. Según estas podemos comprobar el nivel kinki de su poseedor. De menor a mayor, la forma original (frontal), hacia atrás, y la posición lateral, que comprende el súmmum de la sub-especie cultural. A su vez, la prenda puede ser tanto lisa como adornada con serigrafía dorada, la cual repele tanto los rayos del sol como al buen gusto.
  • Peinado: en los machos está extendido el corte ‘cenicero’ (la cocorota rapada y un cerco de pelo alrededor). También es común en el rapado inscribirse alguna marca, símbolo o el nombre. Su perdurabilidad es bien poca, por eso se realiza en noches concretas, coincidiendo con alguna romería relevante. También los hay que, pese al rapado, se dejan la coletilla al estilo ‘hippie’, pero son casos menores; en las hembras, la longitud de la melena es sinónimo de categoría. El tinte es un instrumento imprescindible, por lo general de colores cantosos (claros, oscuros, rojos).
  • Maquillaje: en las hembras es algo inmutable. Los mostradores de los ‘chinos’ hacen caja en gran parte gracias a esta necesidad facial, por lo general de cromatismos intensos y extensos. Así, se tiende a brillar más que la estrella más cercana, hasta quemar la vista.
  • Camiseta: los machos no tienen tanta noción de camiseta como las hembras. Cuando no les es necesario mostrar su torso, como símbolo de fuerza y liderazgo, da igual cómo sea la prenda con la que se vistan, siempre y cuando lleve el logotipo en grande de la marca, el dibujo de un dragón con las fauces abiertas o cualquier elemento que sustituya esa misma simbología altiva; en las hembras es preponderante los tops estrechos u otras prendas con bordados ‘made in vietnam’. El logotipo de Playboy está siendo cada vez más pujante.
  • Abrigo: como la gorra, su empleo recurrente no está relacionado con el estado metereológico del barrio. Lo más usual es que sea de fibra sintética, también reflectante, con capucha recubierta con pelo que emule al rey de la selva, y si es de estampado militar, aumenta el poderío de su propietario. Estos modelos están sustituyendo paulatinamente los ancestrales chándales, que en su época dominaron los roperos de esta sub-especie cultural.
  • Pantalón: es la prenda más indiferenciada por el macho. Lo corriente es que sea la pieza de un chándal o un pantalón vaquero, lucido conjuntamente con cintos descomunales de evilla que produzcan marcas en el ombligo; en las hembras es común vestirse con pantis, que también marquen culo y muslos, hasta la espinilla. Si ese día hubo un bajón de luz en casa y la Epilady no pudo hacer su trabajo, la hembra puede acomodarse también al chándal.
  • Zapatos: en los machos hablamos preferentemente de zapatillas deportivas. El grueso de las mismas denota asimismo prestancia social, más si son de muelles en sus plantillas. Para un mejor lucimiento, el pantalón se meterá por dentro de la zapatilla; las hembras contemporáneas están desechando las deportivas con plataformas para calzar zapatillas tan abiertas que dejen al trasluz las juntas de los dedos todo lo posible, o bien calzado casual pero con estampados imposibles.
  • Bisutería y joyas: se trata de la pieza de mayor nivel para un kinki. Cuantos más kilates (puros o bañados), el donaire aumenta. Lo ideal sería no poder coger el asa de un vaso, porque significaría que se tendría todos los dedos adornados con anillos ampulosos. No obstante, no todos pueden llegar a la categoría máxima “M.A.” de colgarse un número infinito de collares; las hembras son más sencillas de cara a la prestancia. Les vale con copar las colas de La Oreja Loca o Bijou Brigette, y llevarse pendientes más grandes que su cara. En cuanto a la categoría ‘piercing’, la sub-especie se haya en proceso de descubrimiento de nuevas zonas, sobre todo aquellas que atraviesen nariz, labios, entrecejo…

La combinación de los anteriores ítems puede llegar a ser considerado una obra de arte entre sus propias bandas, indistintamente del buen gusto. Los especialistas en la rama científica pueden categorizar el estilo como ‘rococó’. En cualquier caso, es una moda que se abre paso en barriadas, playas no paradisíacas y conciertos de Luis Fonsi.

En próximos artículos: características principales: hábitat, modus operandi; redes sociales: grafología y fotografía.

Archivado en: Frikería fina
8 Agosto 2010
14:45
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