La cuenta atrás hacia la calidad

En tiempos en los que el monopolio generalista televisivo se está exterminando, y las cadenas temáticas arañan cada vez más puntos de audiencia, la ficción de calidad también gana terreno en nuestro país. Pero eso, a la larga. Mientras, el consumo actual sigue cargándose grandes series como Cuenta atrás (Cuatro, 2007-2008). Bueno, fue cancelada hace ya más de dos años. Sin embargo, merece la pena hacer mención sobre uno de los interesantes retos de Globomedia.
Normal que la productora que se desarrolló al calor de clásicos como Médico de familia (Telecinco, 1995-1999) o Compañeros (Antena 3, 1998-2002) se mantenga hoy como una de las puntales. Aún siendo consciente del panorama generalista, tuvo a bien de presentar esta apuesta a Cuatro, que es la cadena más innovadora que se cuenta entre los primeros números del mando.
Cuenta atrás es un thriller policíaco que va a un paso por delante, en cuanto al concepto narrativo fundamentalmente, de El Comisario (Telecinco, 1999-2009) o Policías (Antena 3, 2000-2003). La gracia característica es que cada capítulo partía del propio final, antes de su consecución (un asesinato, una explosión, un suicidio), con el cual enganchar al público desde el primer minuto. Después se daba cuenta de los acontecimientos previos, unas horas antes, un día, unas semanas… Lo malo es que después de ver tantos episodios uno se daba cuenta de que todo acababa igual: la policía ya estaba cerca de la pista y detendrían la catástrofe.
El caramelo para atraer inicialmente la atención es el protagonismo de Dani Martín, líder del grupo El Canto del Loco. A pesar de que ya había cumplido como actor antes de alcanzar la fama musical, hay muchos que critican su nivel interpretativo. En realidad, no es mejor ni peor. Cumple las expectativas descaradas del papel. Junto a él, rostros conocidos como José Ángel Egido y Álex González, y otros no tanto Bárbara Lennie y Teresa Hurtado de Ory, encarnaban al resto de agentes de la Unidad 7 de la Policía Judicial, también encasillados en determinados clichés: la ‘nenita’ dura, el ingenuo, el maduro fracasado…
Lo esencialmente bueno de Cuenta atrás era la calidad del guión, tan americano, de jugar con el suspense logrando mantener en vilo al espectador durante toda la hora. Esa es otra, que cada capítulo se limitaba a 60 minutos, por lo que hay pocas escenas de relleno. La segunda temporada se hizo más interesante, al haber una trama horizontal que descansaba cada cuantos episodios para dar cabida a otras historias.
Algunas de ellas son especialmente moralistas, como la del 2×08 y, sin embargo, el que más me gustó de toda la tanda. En Turner Guilford Knight Prison Center, 20:59h, el personaje de Bárbara Lennie se convirtió en una balanza al tener la capacidad de salvar a un ex novio de la pena de muerte, a sabiendas de que era culpable. Otras entregas también emulaban películas de acción y, aunque no fuesen inmensamente originales, contaba con giros finales muy elogiables.
Precisamente fue en la segunda temporada cuando el público deliberó pasar de esta serie, por lo que fue relegada al late night en sus últimos capítulos (de los casi 4 millones del estreno, uno de sus episodios no pasó de los 600.000 espectadores) y sin oportunidad de renovación. Aún así, Cuenta atrás fue un regalo para los amantes de las series de culto.
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