Kinkilogía: Concepto
Llegó agosto. La gente ordinaria abandona las ciudades españolas por vacaciones, dejándola a merced de los kinkis. Se trata del mes en el que esta sub-especie cultural urbana sí trabaja. Porque se trabaja a sí misma. Viven su período de esplendor. El calor excusa a los jóvenes de ir más desaireados, por lo que los kinkis aprovechan para lucir su esencia. Pero, ¿qué es un “kinki”? Mucho se ha hablado de ello, pero sin el suficiente rigor. Este mes abro una serie de artículos especiales para desentrañar ese vasto y basto mundo. Comencemos por su definición.
El equipo de La Frikipedia dedica un amplio estudio a esta sub-especie cultural urbana aunque, a mi parecer, muy diluido. Considera que los ‘kinkis’ y ‘poligoneros’ son distintas ramificaciones de la matriz ‘cani’. En realidad, es todo lo mismo. No son más que diversos apelativos a un objeto común que sólo encuentra ligeras diferencias según nos movamos por la geografía española. Y dependiendo del punto geográfico, se le refiere de una u otra manera. Así, ‘pokero’ (Madrid), ‘garrulo’ (Cataluña y Murcia), ‘jarcorito’ (Alicante y Canarias), ‘coyo’ (Canarias)…
Las denominaciones más comunes a estas fronteras son ‘kinki’, ‘cani’, ‘choni’, ‘poligonero’ y ‘chandalero’. No existen todavía bases científicas que descifren el origen de los tres primeros apelativos (la Piedra Roseta no dio para más), en tanto que la raíz de los otros dos señala directamente, de un lado, al conjunto de viviendas donde por lo general se reproduce esta sub-especie cultural; de otro lado, la indumentaria que les caracteriza, aunque si bien es cierto que en los últimos tiempos se ha ido abandonando hacia prendas de mayor prestancia.
Haciendo hincapié en las localizaciones geográficas, está comprobado empíricamente que los kinkis se concentran en aquellas ciudades más populares del país, preferiblemente de orientación sur, donde hay un mayor asentamiento gitano. Bien es sabido que esta etnia es la fuente de donde bebe la cultura kinki. También lo es la raza latinoamericana, de ahí que grandes urbes como Madrid o Barcelona, puntos con altas cotas de inmigración, sean asimismo condensadores de población kinki.
La sub-especie cultural kinki, como en este estudio así la vamos a referir, es tal porque proviene de la especie humana, aun cuando otros expertos lo niegan. No olvidemos que todos provenimos de ese agujero materno, húmedo y cerrado, y que luego adoptamos los mismos hábitos básicos de crecimiento y reproducción. Es innegable que los kinkis se apartan de la vía vulgar en estos aspectos para optar por un desarrollo característico, regido por su cultura social. Le es propio la urbanidad, no en sentido ético, sino que abundan en las urbes, como ya apunté, fundamentalmente en aquellas con mayor influjo latino y gitano.
En próximos artículos: características principales: hábitat, avituallamiento, modus operandi; redes sociales: grafología y fotografía.

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