De quienes no están acostumbrados a ganar

Me he visto forzado a escribir un nuevo artículo, por un lado, porque últimamente no estoy muy inspirado y no tenía más temas; por otro lado, ha sido ese contagio del que no puedes huir, aunque no te interese demasiado la victoria de España en el Mundial de Sudáfrica, que acaba de terminar. ¿O me vais a decir que todos los que han saltado a la calle, esa marabunta roja que ha dominado las calles, son aficionados acérrimos a nuestra Selección de fútbol? Reflexionemos sobre ese fenómeno que tiene miga y la panadería entera.
Pues eso, que después de tantas polémicas, que si los continuos cambios de entrenador o que Raúl no daba ni una pero se obstinaban en meterlo entre los seleccionados, pues por fin España conquista su primera Copa del Mundo. La cuestión es que precisamente, porque no estamos acostumbrados y hemos tenido durante demasiado tiempo una sed inmensa de prestigio, ahora ya lo tenemos y eso, se quiera o no, hace ilusión.
Otra cosa es que dichas celebraciones se hayan desbordado un pelín. Si me dicen (como sugirió una encuesta de Antena 3, que me tuvo en vilo) que la victoria española ayudará a que salgamos de la crisis, soy el primero en pintarme todo el cuerpo de rojigualda. También es cierto que estamos en verano y la gente tiene hambre de ocio.
Porque acudir a una de estas conglomeraciones callejeras reúne de todo: hacer botellón y pasarse (que no sobrepasarse) con la bendición de las autoridades. Y, además, conoces gente, disfrutas de eventos gratuitos y a lo mejor te llevas a casa un coche que sortean mil marcas publicitarias. La contraindicación es que, con los calores superiores a 40 grados que ha hecho estos días, has de meterte en una amalgama de carne humana sudorosa. Pero eso, con dos copas de más y henchido de felicidad, no es nada.
De repente, la relación entre el portero Íker Casillas y la periodista Sara Carbonero se ha convertido, de la noche a la mañana, en la historia de amor del momento. No tiene (aparentemente) nada de especial. Dos chicos que se gustaban antes del Mundial, y que terminan coincidiendo en el evento por trabajo. Tras ganas la final, la pareja se olvida de la barrera que habían interpuesto para proteger su intimidad, y se morrean en directo. El video es la estrella del momento en YouTube (y ha servido para comprobar, a su vez, que Telecinco denuncia sus videos de la plataforma cuando le sale del punto del 5).
En esa laaaaarga retransmisión deportiva, comandada por J.J. Santos desde Telecinco, se hizo una referencia reflexiva a “sabemos entre nosotros lo que ha pasado Casillas en este Mundial, pero no lo vamos a contar”. Esto mismo lo repitió en varias frases con distintas contrucciones. Sí, ya sabemos que al portero le ha sentado mal lo que ha dicho la prensa inglesa sobre que la primera derrota en el Mundial fue porque Carbonero andaba cerca. Pero me importa tres porras y cinco churros que Santos y su equipo se haga el interesante.
Concluyendo, la celebración que ha cundido por toda la geografía española (con la mirada atenta en Madrid) me parece correcta; que las cadenas alaben la contraprogramación estos días y por ser lo que es, nadie les diga nada, lo paso; el que los jugadores se presenten ante la afición con dos o mil copas más (y no de fútbol), lo veo bien. Pero lo que no estoy dispuesto a aceptar es que a Manolo Escobar no le dejasen cantar completo ¡Y viva España! en el acto de celebración.
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