13: Aventuras en Barajas

No sé qué tendrán los aeropuertos que son muy inspiradores a la hora de uno escribir. También es verdad que acabo de llegar una vez más a Barajas (Madrid) y quedan 13 horas para que salga mi vuelo (un ligero inconveniente de volar barato). Vamos, que siento que tengo todo el tiempo del mundo. No será algo perdido: tengo mi ordenador portátil, un libro, la PSP, unos sándwiches con tortilla de espinacas… Sólo me faltan unos columpios y tendría entretenimiento completo. Esta es la crónica de medio día enclaustrado en el Aeropuerto de Barajas:
18:29 horas. Hace casi una hora que he llegado a Barajas. Tenía una vuelta abierta de la guagua y para hoy no había más viaje que el que arranca a las 15h. Pero yo y mi descomunal paciencia somos uno. Si en un anterior artículo sobre la nocturnidad ‘aeropuerteril’ aconsejaba pasar el rato en la Terminal 2, hoy lo re-confirmo. Ha sido desparramarme en uno de los bancos anatómicamente aceptables que tienen y tocar el cielo. No he aguantado más y ya me he hincado un sándwich. El cocktail de papas del Carrefour lo dejo para el ‘momento gourmet’ de la noche…
21:39 horas. Pues no. Estos son unos bancos engañosos, porque mi culo ya se resiente de lo frío y escurridizo que es. Me he cambiado a otro porque aquel no tenía corriente eléctrica cerca. A estas horas juega España contra Honduras en el Mundial de Sudáfrica. No sé si será la chica de la limpieza, pero por ahí delante ha gritado que acaba de meter su segundo gol. En efecto, esto está vacío. Hay más azafatos y personal de tierra que pasajeros. La noche se acerca… Dentro de poco esto se llenará de gente en el carro matándose por un hueco, zombies con mantas que se arrastrarán por el suelo buscando conciliar un sueño que se tornará en pesadilla. Una dura y fría.
00:45 horas. ¡Si es que las chicas de la limpieza llevan una hora y media encerando sólo ocho metros de suelo! Y de momento no han sacado oro de él… Como predije, la terminal 2 está plagada de gente pernoctando en el suelo. Incluso hay familias enteras. Esto parece un polideportivo tras una catástrofe natural.
03:54 horas. Voy siguiendo vivo después de mil posturas en el banco (unas horas más y mi culo va a quedar permanentemente cuadriculado). Hay muchísimo más trasiego por el pasillo, como si fuera hora punta. Hasta hace nada deambulaba un chino que observaba con preocupante atención a las de la limpieza y a un niño que dibujaba, momento justo que no se aparecía por la zona la convención oficial de seguridad (porque ya he visto a guardias civiles, policías y vigilantes de varios uniformes). Llevo seis horas y media sin ir al baño para que no me ocupasen el banco, pero creo que va siendo hora. Pero no menos cierto es que tantas horas sentado no puede ser bueno. Un último consejo: no veáis Boogie Nights con gente pululando alrededor.
05:39 horas. Pues ya estoy dentro de la zona de embarque. Mi culo volvió a su forma original mientras hacía cola en los mostradores de facturación. Los azafatos de tierra hicieron acto de presencia como si fuera una cabecera de Sexo en Nueva York. Al menos la cosa transcurrió de manera ordenada, a pesar de la avalancha de cole-kinkis que iban tras de mí en manada. En el arco de seguridad se entretuvieron con aquel chino sospechoso. Y vaya si lo era, que lo cachean un poco más y ya sería escena clasificada ‘X’. “Las tiendas del Aeropuerto” ya comenzaban a abrir. Es raro ver la de Loewe abierta de madrugada, pero seguía igual de vacía como siempre. Y ahora, a esperar la feliz hora de embarque.
6:16 horas. Qué mal rato he pasado. De pronto el chino se me ha sentado al lado y ha empezado a tosar como un descosío. Temía por que me pegase la fiebre asiática (algunos capítulos de Los Simpsons hacen estragos). Así que por lo visto viajamos en el mismo avión. Esperemos que en esa caja extraña con serigrafía china no lleve una bomba. Pero igual si es ‘made in China’ se rompe de nada y nos salvamos todos. Ya veo la temprana luz del día por los ventanales. Al final he aguantado estas largas horas de vigilia lo mejor que he podido. ¡Premio para mí! ¡Y una cama, que me pican los ojos!
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