REVIÚ de “Shortbus”

Stronger, stronger, stronger… Demasiado fuerte lo de Shortbus (John Cameron Mitchell, 2006) que arrastra tras de sí la tradicional polémica por su contenido sexualmente explícito. Con esa visceralidad visual el director y guionista se nos trata de contar temas que, si bien es cierto que aparentemente no son muy cotidianos (¿quién se mete huevos teledirigidos por el coño?), hay que saber mirar más allá y leer entre líneas para entender las metáforas. Bueno, yo no lo he hecho pero lo haré, sólo porque quiero defender al autor de cara a este artículo.
¿Qué es lo que cuenta Shortbus? Es como una serie de televisión pero de un único episodio, porque en la película se tejen varias tramas que se mezclan en un local, así mismo, Shortbus. Se trata de un sitio que bien recuerda a los prostíbulos cabareteros de los años 20: música, arte y libertinaje, sólo que el sexo no queda tan limitado y se practica en muchas de sus vertientes.
Sofía acude a este club ‘polisexual’ para encontrar una solución a su insatisfacción libidinosa, puesto que con su marido no conoce el orgasmo. Así, veremos cómo este personaje pasa por un arco de transformación que pasa de amago clerical a convertirse en una guarra de las galaxias y más allá. Todo por culpa de James y Jamie, una pareja homosexual que acude a ella como terapeuta para que les ayude en su relación.
Jamie es un chico normal, romanticón, luchador… Por eso continúa su atormentada relación con James, un ex chapero convencido de que no hace feliz a su pareja (vamos, el burro que corre tras la zanahoria pegada a su cabeza). Por eso, se hace grabaciones durmiendo, follando, hablando, tragándose su semen a propulsión… para hacer un ‘video-documental’ de regalo el día que falte. La solución que le plantea es la de meter a otro hombre en la relación, sin saber que hay otro con intenciones también.
Se trata de Caleb, un joven “fan” de la relación que en vez de ver Gran Hermano prefiere algo más real como la ventana de sus vecinos. Y si encima uno de ellos es tan enfermizo como hemos visto, pues en su casa ya debe guardar un making off de todas esas fantochadas de James. Pero aún hay más personajes escalofriantes, como Severin, la azotadora amargada (que viene a ser la más normal de todos) o Justin Bond, el regente de Shortbus, una mezcla entre Dr. Frank-N-Furter (Tim Curry en The Rocky Horror Picture Show) y el maestro de ceremonias de Cabaret. Y no es que sea gay, es que enrolla con todo lo que se mueve por el suelo.
Después de la presentación de personajes, ahora tocaría hablar del tema… Ay, aún no me siento preparado. La fotografía, estupenda. Hay una secuencia que es maravillosa, la de Sofía dándole a la “baticao” con su dedo, espatarrada en un banco frente al mar. El grafismo, odiable. Se ve que no había mucho presupuesto para recrear la ciudad de Nueva York porque parece la de un demo de videojuego, a mediados de los 90.
Si Shortbus ha sido polémica es porque aún no hemos rebasado esa frontera de acostumbrarnos a según qué cosas. Por supuesto, no es una película pornográfica, porque el eje central no es el sexo, sino el sexo aquí es la excusa por la que giran las historias. Shortbus nos ha demostrado que se puede mostrar el acto sexual como un acto narrativo más, como quien va a hacer footing o a tomar Cosmopolitan con unas amigas.
Aún deben faltar unas décadas más para que la sociedad mundial no se impresione tanto de unos usos que ella misma comparte, aunque en la intimidad de su cuarto. Bueno, no creo que haya muchos que también se corran con pinzas en sus pezones. Pero extrapolemos esta experiencia hacia otras facetas de nuestra vida, como… No sé. ¿Que del dolor nace la felicidad?
Estoy terminando el artículo y aún no he hablado de los temas que trata… O a lo mejor lo he dicho ya, también de forma soterrada, como lo hace el propio John Cameron Mitchell. Así que si sois capaces de afrontar Shortbus también podréis descifrar mis conclusiones. Ahí os dejo el reto.
12 Mayo, 2010 a las 14:43
Me encanta esta pelicula….me parece muy buena. Por cierto, la recreación de NY en maketa me parece muy lograda, estética y original (ke cacho borde eres cuando kieres…jjjj :P) ….y la comparación de Bond con Frank-n-furter y el de cabaret me parece acertadísima…yo tb lo he pensado siempre
12 Mayo, 2010 a las 14:51
Shortbus es de mis pelis favoritas, así que ojito con lo que se dice… En general coincido con lo que dices. Shortbus va mucho más allá del sexo (pese a regalarnos grandes escenas en este sentido). Son personajes que no han encontrado su lugar en le mundo y que no se sienten queridos. Creo que, aunque no lo parezca, la peli es más de amor que de sexo, pero hay que escarvar un poco y no quedarse en lo escandaloso de lo visual. Con lo que no estoy de acuerdo es con lo del grafismo que a mí particularmente me encanta, igual que me encanta la música. Y, como hago siempre, no puedo acabar sin resaltar en genial final con la macrocanción de 7 minutos que consigue ponerme los pelos de punta y la fantástica interpretación del himno estadounidense, sin duda, la mejor que he visto y escuchado jamás. ¡Qué gran película!