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REVIÚ de Eurovisión 2001

Eurovisión 2001, Copenhague

El Festival de Eurovisión no es una semana (entre semifinales y la final). Es casi medio año, entre que van saliendo las primeras candidaturas hasta el resacón de la victoria y/o derrota. Así que las semanas que restan a la celebración del 2010 las sigo dedicando a este concurso que cada vez tiene más de espectáculo que de arte musical. No es el caso de la edición que nos ocupa la crítica de hoy. Sin embargo, hay en él un germen que caracterizaría al resto de la década que empezaba: la invasión de la Europa del este.

Eurovisión 2001 se celebró en la capital danesa de Copenhague con una ambición desbordante: el recinto es el más grande de la historia del Festival (acogió a 38.000 espectadores), los presentadores se molestaron en actuar mediante rimas y pareados (creando polémica ante los insultos de la comentarista inglesa), y las cortinillas entre actuación y actuación son vanguardistas (de las mejores que he visto). Además, durante el tiempo del recuento de votos ofreció una de las actuaciones fuera-de-concurso más recordadas, a cargo del grupo anfitrión Aqua con “coros” de Safri Duo (ambas formaciones gozaban por entonces de un alto nivel popular fuera de sus fronteras).

Por otra parte, aún se seguía experimentando con el sistema de votaciones: cada país era libre de usar 100% el televoto o combinarlo al 50% con el de su propio jurado. Seguimos sin tener semifinales, por lo que los participantes llegaron a un número de 23. Además, todavía no llegó el tiempo de que el espectáculo se antepusiese a la música, como ya dije. Los artistas salían a cantar, se centraban únicamente en el micrófono, y “a ver qué pasa”. También tuvimos temas frikis, sí, pero con puestas en escenas que se quedan sólo en el nivel de ‘cutres’.

Ejemplos de esto último corren a mano de Letonia, cuyo cantante se puso a dar saltos con menos gracia, eso sí, que sus vecinos de Lituania. El grupo Skamp salió disfrazado a la moda de los 70 pero parece que lo decidieron en el último minuto y pillaron lo que tenían más a mano. Vamos, como esos que salen de carnavales y que por ponerse una peluca sobre la ropa de calle creen que ya están disfrazados. Mientras, quien se adelantó fue la eslovena Nuša Derenda al ir cual Uma Thurman en Kill Bill. Quien sí estaba para denegarle la entrada al Parkem Stadium era al ruso Mumiy Troll, que era el perfecto participante esperpéntico pero al que le faltaba el muñeco de un pavo y unas coristas gordas con escote para que terminásemos de apagar el televisor.

Por lo general, las canciones participantes fueron de un corte eurovisivo muy clásico, en consonancia con la moda de la época. El maltés Fabrizio Faniello concursó vestido de *NSync y bailó como el hermano cojo de Ricky Martin; Piasek concursó por Polonia, pero como si lo hiciese por Irlanda (que además llevó la misma baladucha de siempre) porque si no fuera por la barrigota pensaría que era Ronan Keating; mayor calcomanía es la inglesa Lindsay Dracass con respecto a Melanie C en sus tiempos de bulimia. Lo peor es que se llevó con ella a unos raperos que le iban mejor al bosnio, que no sabía si cantaba o sufría de un ataque alucinógeno.

Una de las mayores polémicas (sí, más aún) es la protagonizada por el dueto sueco Friends, que participó con un tema que fue denunciado por plagiar al de la candidata belga de 1996, Lisa del Bo. Hecha esta comprobación en carnes, nos podemos comenzar a descojonar nada más escuchar los primeros acordes del símil. Lo raro es que tardaron ¡tres años en probarlo! De juzgado de guardia son hasta los propios títulos de los temas, tan poco originales, de manera que los Países Bajos participó con Out of my own y Noruega con On my own, mientras Dinamarca lo hizo con Never ever let you go (Grecia con Never let it go en 2003, y Rusia con Never let you go en 2006). ¡Quién los viese jugando al Scrabble!

Aún así, Dinamarca partió como una de las favoritas y con bastante razón (quedó en segundo lugar), así como Francia (a Natasha St.Pier le llegaría su San Martín de éxito posteriormente, pero aquí se tuvo que conformar con un cuarto puesto) o Grecia (Antique, que salió comiéndoselo todo, borracha de sensualismo, para merecer una tercera posición). La sorpresa la daría Estonia, que sentó las bases de un país ex-soviético del que ni Rappel hubiese pronosticado su victoria. Participó también con un sonido muy disco, y con unos cantantes hiper-mega-contrastados: un negrata ampuloso y un joven estonio sin demasiado ritmo. Actuaron como quien se coge un amigo para subir al karaoke a hacer el ñanga, y ahí los tienes:

Cómo no, me dejo uno de los últimos párrafos en honor a España, que también comenzó a variar su repertorio de candidaturas después de una década anterior con tantas baladas. Sin duda, fue el año de David Civera, porque los videos de Gran Hermano también le hicieron un bombo que te cagas (en la preselección compitió con otros hits como Yo quiero bailar de Sonia y Selena o incluso los mismos Locomía). Partió como otra favorita y con ese pachangueo que tan de moda se pondría en nuestro suelo patrio llegó al sexto puesto, el más alto obtenido en los últimos tiempos. ¡Y eso que iba con una composición del nefasto Alejandro Abad, concursante en 1994!

Ya, y para terminar, cabe citar a otra lista de favoritos, los míos: los daneses Rollo & King con Never ever let you go (2º), el polaco Piasek con 2 long (en efecto, 20º), la neerlandesa Michelle Courtens con Out on my own (18º), pero sobre todo los islandeses Two Tricky con Angel (22º). Yo siempre con los más débiles.

Archivado en: Televisionado, Euroviworld, Reviús
8 Mayo 2010
10:00
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