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La entrada a “Siete Vidas”

La entrada a “Siete Vidas”

Quién podía imaginar que volvería de este viaje… La primera gran sorpresa con que me topé al acudir a una de las últimas grabaciones de la serie Aída fue girar la esquina de Globomedia y encontrarme con esto, de golpe y porrazo, sin avisar (y yo con aquellos pelos). Siete vidas, la mejor ’sitcom’ que ha parido España, volvía a mi vida.

Nadie duda de la grandeza de Siete Vidas (1999-2006), aunque los mismos que lamentan su pérdida son los mismos que repudiaron esas últimas temporadas, cosa que no se explica. Lo que sí entiendo es que hayan mantenido la mítica puerta que alguien pintaba cada semana, durante la cabecera. Se había convertido en un emblema y no había necesidad de borrarlo.

Sin embargo, la antigüedad de la serie se refleja en esta imagen. Lo primero que pensé al verla fue: “buf, qué despintada está la puerta”. A ver si le ponen una capa de barniz o algo. Pero sienta bien dirigirse al edificio y toparse con este gran recuerdo. Es como los restos de un monumento televisivo, que muchos hemos visto pero que en persona impresiona (y emociona para los que teníamos un fuerte cariño).

Y aún se sigue hablando de Siete Vidas como algo magnífico, decano, paradigmático, irrepetible. Porque lo es. Sus tramas, sus personajes, su capacidad para renovarse… Al menos acabó todavía en alto. No hacen falta elementos así para que no muera en el olvido. Pero no están de más para echarse fotos.

Archivado en: Televisionado, El mirador
6 Mayo 2010
10:00
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