Pernoctar en Barajas es cosa ordinaria

Dormir en el Aeropuerto de Barajas (Madrid) no es un reto porque las cosas cotidianas, por ser cotidianas, dejan de ser un reto. La inspiración para el artículo de hoy es precisamente por pernoctar una vez más en el aeropuerto español más transitado, y por ende (o no) más desastroso. No sólo porque los retrasos y cancelaciones estén a la orden del día, sino porque esperar largas horas los vuelos de madrugada es todo un suplicio.
Todos lo sabemos. Que los viajeros se espatarren por toda Barajas para dormila es una leyenda certificada. Así me llegué a horrorizar incluso viendo esta semana un reportaje, que captaba a gente sin techo que ha convertido al Aeropuerto en su hospicio diario, aprovechando que dormir en sus suelos y asientos es tan común.
Lo malo es eso. Dormir en el suelo. No sé si Barajas tendrá escondida por ahí una prohibición sin aplicar (y no me voy a poner a buscar, que estoy algo perezoso). Pero sus trabadores y la misma policía se pasean por los pasillos haciendo vibrar con sus botas la superficie donde muchos posan la cabeza. Pero si tanto así lo permiten, al menos que tengan un detalle con los usuarios y pongan una sala de camas.
Pensaréis que mi petición parece un chiste. Yo también lo pienso. Pero es cierto, no estaría mal. Al menos en el Aeropuerto londinense de Gatwick tienen sofás aquí y allá. Ponte a buscar acomodo en el de Madrid, que me lo recorrí de arriba abajo la primera vez que lo necesité y no pude encontrar algo mínimamente decente para que mi espalda y mi culo pasaran sus horas.
A ello se une necesitar un lugar donde esté disponible una toma eléctrica para conectar la batería del portátil. ¡Que ni siquiera hay cerca del más incómodo asiento! Porque, claro, uno tiene que tener con qué entretenerse en esas horas de vigía. Siempre me he negado a dormir en Barajas. Es posible quedarse somnoliento, sí, pero cuando uno se despierta el cuerpo no le responde. Éste ha soportado el suficiente tiempo la forma plana, dura y fría del suelo (o, en el mejor de los casos, del asiento) y son más los dolores que en una procesión.
Hace un rato llegué a Barajas (mi vuelo sale a las 6:15, cosas de viajar barato) y me puse a buscar sitio. Olvídense de la Terminal 1, porque hay tanto trasiego de gente que así no hay quien piense al menos en las musarañas. La Terminal 2 es muchísimo mejor (la 3 la desconozco, y la 4… no quiero acordarme): allí hay muchísima tranquilidad. Es como el barrio ese de las afueras, a las que va todo el mundo que busca algo de paz. Hay buenos bancos, pero raro es pillar uno libre.
En la T2 la gente hace malabarismos con su cuerpo para estirarse en el banco (cuando hay muchos que ni la mitad les cabe). Si no, extienden una mantita y directos al suelo, con la cabeza apoyada en la mochila. Antes vi a uno tirado sin nada, tal cual, y además boca abajo. Tendrá una buena cobertura médica, supongo. La exageración extrema es dormir sobre las cintas de las mesas de facturación, cuando éstas aún están vacías. Más blandas son…
Les damos tanta pena a las limpiadoras que pasan sin hacer ruido, tan majas ellas… No así el del altavoz, que nos recuerda de cuando en cuando que siempre tengamos controladas nuestras pertenencias, que cuando uno va por el quinto sueño no se entera así de nada. Por otro lado, en la zona de puertas de embarque nos esperan sillones más cómodos. Sin embargo, el ‘picnic’ de comida que traemos de casa para ir tirando, sin tener que dejarnos los euros en “Las Tiendas del Aeropuerto”, no nos lo dejan pasar por el arco de seguridad.
En fin, que creo que he dicho todo cuanto quería decir. Voy a seguir sentado en el suelo a terminar de ver Aeropuerto 70 (yo siempre tan poco escrupuloso). Insisto: sala de camas, por favor. A lo mejor, cuando tire a facturar, me encuentro con otra escena digna de comentario. Pero lo dicho: perezoso hasta para añadir más palabras a este artículo que acaba a la de YA.
6 Septiembre, 2010 a las 13:59
como la vida misma…………