Pelea de gatas
Tan es verdad que el cielo es azul como que las telenovelas son un bodrio. Y por eso mismo nos encantan: porque se centran en un lío amoroso que se lía por estupidez, porque nos descubren una jerga popular que nos hacen reír en momentos de llanto, porque los finales son tan previsibles desde que la promoción del primer capítulo pero, sobre todo, porque la interpretación de sus actores y la exageración con la que se expresan son tan antinaturalistas que a veces nos hacen pensar que, en realidad, hay una especie diferente viviendo en el centro de la Tierra y que están aflorando por Sudamérica. Valeria, telenovela que ha concluido el mes pasado en el canal Venevisión, no iba a ser menos. Todo lo contrario: ha sido lo más.
Para muestra, este botón de video: sus protagonistas son la misma Valeria y su antagonista, Miroslava (que de rusa ha heredado el color del tinte). ¿Hace falta que os cuente la historia que hay detrás de esta riña de lobas? La verdad es que no, porque poco nos importa y es que encima nada lograría justificar la trifulca. Sólo falta el barro y gente que apueste por quien sale victoriosa y con más pelo en la cabellera.
La escena arranca con la visita de Valeria a Miroslava, que entra por la puerta como ‘Pedro por su casa’ y con chulería ante el enfurruñamiento de la rubia. Sin embargo parece que le trae un presente, para expectación de la otra. No hizo falta que desenvolviera nada porque la ‘cacheteada’ ya la traía sin la etiqueta puesta. Después del cruce de miradas con el ‘tatachán’ de fondo y de los reproches, comienza la batalla por demostrar quien odia más a quien.
Miroslava, que no es tonta, le demuestra a la ‘peluquera maldita’ sus dotes de gimnasta, y Valeria nos hace creer que es posible ahogarse con el tijeretazo que la aprisiona. Ambas acaban en el sofá, para luego caer al suelo. Valeria se hace con el cuello de Miroslava; Miroslava contraataca con un chute de balón; Valeria agarra el culo de Miroslava y la empotra contra el sofá nuevamente. Así es como la ‘mal nacida’ se hace con el control y se suceden segundos de forcejeo, en el que Miroslava sacude sus piernas como una bebita en su capazo. Todo gracias a que llega el galán e interrumpe la pelea de gatas, porque si dejan a las dos actrices dándose de hostias sabe el director cómo pudieran haber acabado…
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