El amor, eso tan odioso (IX)
¡Dios mío, la Virgen y todos los Santos del calendario! Ya vamos por la novena entrega de estas cosas del amor. Y más que podría dar, porque los asuntos del corazón mueve películas, libros, camas, pasiones, llantos y comercio. Sí, sí, comercio. Todos sabemos que, gracias a los anuncios de El Corte Inglés o Mon Cheri, ayer fue el Día de los Enamorados. Ya hablamos en una ocasión del mito de San Valentín. Si se mantiene tal “evento” es gracias al mercado que lo promueve, como ocurre con los Días del Padre y de la Madre. Aún así, si nuestra pareja no recibe algo envuelto cada 14 de febrero, es posible que nos encontremos con problemas.
Es la mala costumbre provocada por eso mismo, los comercios. Nos meten por los ojos que hemos de regalar y ser regalados: joyas, bombones, flores, viajes, cenas románticas… Esto hace que uno casi no tenga la oportunidad de elegir en regalar o no, temiendo la reacción del cónyugue. Luego están los otros a los que les da igual, para quienes se mantienen indiferentes hacia la celebración de San Valentín. El problema es cuando hablamos sólo de uno en una pareja.
Si uno va con la ilusión de regalar y al otro no le hace gracia, pues malas caras por ambos; si uno no quiere regalar y el otro va con la ilusión de recibir algo, pues malas caras por ambos. Incluso aunque haya quien diga que no quiere ser regalado, en el fondo se siente decepcionado cuando le hacen caso. ¿Veis? El ser humano es complejo por naturaleza, y más si se trata de aspectos amatoriales…
Pero considero que hay un término medio para contentar (y hasta emocionar) en un día así, independientemente del significado que tenga para cada uno. Creo que una de las cosas que mantienen y reviven el amor es el detalle que se tengan mutuamente. Por ejemplo, una cena romántica, sí, aunque sea unos spaguettis con salsa de bote, pero con el esfuerzo de adornarlo con una vela, una mesa bien puesta, una música adecuada, la propia actitud galante del anfitrión, incluso una ridícula representación de la famosa escena de La dama y el vagabundo. Da igual lo que se haya gastado, porque lo que de verdad importa es el gesto, que nos demuestra que el amor que sienten por nosotros lleva a la gente a hacer estas cosas.
Quizás este artículo esté de más, que si lo borro os dará igual ya que no he aportado nada nuevo. Esto es porque me supongo (y quiero imaginármelo así) que todos vosotros lo sabíais ya, que ni el osito más caro de Tous puede hacer que alguien nos quiera más (a la cartera sí, hasta que se vacíe). Como decía J.Lo en la época en que era J.Lo, el “amor se paga con amor”, sea 14 de febrero, sea 14 de agosto.
15 Febrero, 2010 a las 20:40
Estoy de acuerdo contigo. No creo en los San Valentines ni me gusta celebrarlos, y menos ahora que me recuerdan a Tubau, pero cuando he tenido pareja siempre ha habido algún detallito que, qué quieres que te diga, hace mucha ilusión. Eso sí, a mí los detallitos que más me han gustado han sido esos totalmente inesperados, que convierten cualquier fecha del año en un san valentín mucho mejor.