“Ding-dong”, cantaba la campanada

Nunca he hablado del ceremonial televisivo de las campanadas, que consumimos cada noche del 31 de diciembre. Y será cosa de que no me he acordado antes, porque este tipo de retransmisiones tienen lo suyo para poder destripar. La conclusión primera y aplastante es que cada año nos presentan más de lo mismo: cuando unas cámaras dan fe en el típico ayuntamiento o catedral de turno, luego hay otras con afán modernista que se comen las uvas con la ayuda de relojes digitales o proyecciones en lugares cada vez más estrambóticos. Por supuestísimamente, esta última ocasión no ha sido menos.
La auténtica campanada de este año ha sido la designación, desde de los amplios despachos de Telecinco, de Belén Esteban para que condujese a España en peso hacia los primeros minutos de 2010. La princesa del vulgo no se conformó con darse unas mechas para la ocasión, sino que se pasó por una clínica a que le cincelaran la nariz. Pero tampoco se lució tanto como esperaba, porque nada más empezar la conexión se puso, junto a Jorge Javier Vázquez (el Ondas al pendoneo), a dar recetas mágicas que a ver qué nos importa en ese momento cuando lo que queríamos todos es verla llorar. Obviamente, no tardó en soltar la lagrimilla y desde el primer segundo de conexión.
Como bien han dicho, el ‘circo’ de Sálvame se trasladó a la Puerta del Sol aquella noche: vimos como sin reparos se daban paseos por el backstage, enseñándonos hasta las sobras del catering; bailaron la conga, saludaron al público congregado en el kilómetro 0 y, el mejor descaro de todos, sacaron medio cuerpo fuera del balcón para saludar a Anne Igartiburu, la ’sositiesa’ representante de La 1 que estaba retransmitiendo en la azotea del mismo edificio.
Pensé que, como cada última aparición de la nueva Esteban, las campanadas de Telecinco barrerían en audiencia. Fue la retransmisión final de año más vista de toda su historia (21,2% de share), pero no pudo con la imbatibilidad de La 1 (45,1%), algo que no entiendo, porque Manuel Bandera no tiene el carisma de Ramonchu y Anne… qué decir, si la mayor chispa en su casa es cuando enciende la cerilla.
No cierro este artículo sin antes hacer una mención especial a las campanadas de Canarias, una hora más tarde, tan olvidadas por los peninsulares pero que en las últimas ediciones tanto La 1 como Antena 3 se están encargando de emitirlas a nivel nacional. Y a veces hasta me da vergüenza propia de lo mal que se lo montan. Hablo, particularmente, de la cadena pública:
Un año más, la delegación canaria de La 1 ha decidido reciclar a Roberto Herrera, presentador local pasado ya de vueltas y con menos gracia que el atraco a una anciana. Su partener ha sido esta vez Sonia Santana (vocalista de Olé-Olé ‘post-Marta Sánchez’), y como escenario la orilla de la playa grancanaria de Maspalomas. Como si el espectador fuera tonto, repitieron hasta la saciedad que nos encontrábamos a 22º de temperatura (y a través de cansinos rótulos, por si había algún sordo en la sala).
Lo peor: la emisión de imágenes promocionales de Gran Canaria, pero de esas que el Cabildo regalaba en VHS durante los 90, que hasta el color estaba desteñido. Lo mejor: al menos el inicio de las campanadas fue conciso, porque como los canarios no contamos con carillón ni con cuartos, y en otras ocasiones ya van por la tercera campanada sin darnos cuenta y nosotros con las doce uvas en el plato. Lo pasable: que el escenario se montase pegado al mar, pero se echó en falta un foco que alumbrase bien las olas, que de envidia a los peninsulares sumidos en el frío.
3 Enero, 2010 a las 19:09
Yo las vi en la 1, y aunque estuve muchos años quejándome de la presencia de Ramón García, la verdad es que este año lo eché de menos.