“Física o Química” o la cruda realidad

El sector joven cada vez es más protagonista en la mente de los programadores de televisión. Se trata de un público fiel y bastante consumista, y hay que engancharlo como sea. Un especial reclamo son las series de ficción, donde se fuerzan a unos personajes para que lleven un estilo de vida y estén involucrados en historias determinadas para que los espectadores se identifiquen. Si esto ocurre (que no es moco de pavo), convertirán a esos protagonistas en sus ídolos y seguirán sus andanzas esperando a que acaben como el espectador desea que acabe la suya propia. Ahora bien, la polémica está en si Física o Química, serie de Antena 3, refleja esa sociedad y marca unos patrones ejemplares. Si es así, que Dios nos coja confesados.
El guionista y director Luis Ferrández piensa que Física o Química es “una serie que engaña y no aporta nada a la juventud española”. ¿Es que la ficción está condenada a enseñar para siempre jamás alguna moraleja? Y, bueno, engañar… Ojalá no existiesen casos de embarazos prematuros, líos de drogas o violencia en los institutos. Pero ahí están. Ocurren de verdad. Mirar hacia otro lado sí sería engañarnos, y no querer que situaciones así de ahogadas se reflejen en nuestras series implicaría negarnos a la realidad social.
Por ejemplo, baste poner en comparación Física o Química con la serie Compañeros (1998-2002), de la misma cadena. Una y otra están ancladas en un extremo y otro de esta década. Aquella serie de Globomedia era más escueta en cuanto a las relaciones personales, trataba los problemas con mayor seriedad, y no reflejaba tanta agresividad como se vislumbra en la producción de Ida y Vuelta. Todo depende del tono que se decida darle. Pero en aquello último no existe discusión. La generación de este siglo es verdaderamente más violenta, capaz de desafiar las normas de las aulas. La opinión de Ferrández en cuanto a que Física o Química es “una bomba de relojería” podría extrapolarse perfectamente al contexto real de la adolescencia.
Otra cosa es generalizar todas esas situaciones planteadas actualmente por la serie de Antena 3. No olvidemos que las series, como las películas, tratan de dramatizar sus tramas para conectar todo lo posible con la emoción del espectador. El caso de Física o Química es un tanto especial, puesto que ese paralelismo está llevado al extremo, a veces tocando lo absurdo. Si nos paramos a pensar, la serie está plagada de relaciones íntimas entre unos y otros: alumnos con alumnos, profesores con profesores, alumnos con profesores, profesores con personal de servicios… Parece que no hay gente fuera del colegio con quien enrollarse. Esta inverosimilud, no obstante, pasa desapercibida para el público común, que lo acepta inconscientemente.
En conclusión, ¿qué nos puede enseñar Física o Química? Nada, en verdad. Está todo copiado de historias (más o menos cercanas) que ya sabemos como acaban, para bien o para mal. Sin embargo, hay que decir que aporta algo necesario, y es descubrir esa cruda realidad ante los ojos escépticos.
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