Mercadilly Road
Yo pensando que los escaparates frikintásticos se encontraban sólo en los mercadillos santacruceros de Tenerife, y al final resulta que la cultura cutre-kistch es inherente a todo el globo terráqueo. O alguien ha importado este tipo de mercadillo a Brick Lane (Londres) o ha surgido de entre sus aceras por combustión espontánea. Que no me extrañaría, con todo lo que vi…
Aún siendo más pequeño que nuestro mercadillo habitualmente protagónico, no obstante el de Brick Lane tiene todo concentrado. Desde el menaje ‘made in Ikea on the siglo XVIII y dirty, bastante dirty’, hasta las clásicas cintas VHS pero ya con el monoaudio en inglés. La exquisita distinción británica también es la degustación de un buen montante alimentario (al pasar por el puesto de pescado casi caigo muerto encima sobre las pashminas a 1£ debido el olor) y, cómo no, la exhibición gratuita de una modelo que posaba con una cabeza de dálmata a modo de sombrero para algún catálogo, no sé, de moda o para el folleto de un psiquiátrico.
Pero, señores, parémonos one minute please delante de este puesto en concreto. Su dependiente, entrado en años de Enrique VIII, nos presenta esta caseta que no es más que un desfile psicodélico de objetos estrambóticos: un canastillo, marcos a tutti plén, lámparas palaciegas, libros descatalogados de la mente de todo ser humano… Y luego ya no sé si el perro ese está en venta, aunque apostaría más a que forma parte del servicio de seguridad por si se produce algún robo dentro de la tienda. Y nadie puede decir que no tiene pounds en el bolsillo, que para eso tenemos detrás, bien cerquita, un cashier de toda la vida.

Deja un comentario