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Crónicas Marcianas, te echo de menos (IV)

Crónicas Marcianas, te echo de menos / 06

Llegamos al culmen de este hilo ‘articulístico’ sobre Crónicas Marcianas destripando su etapa más barroca (temporadas 2002-2003 a 2004-2005), recargada de polémicas buscadas y ornamentos frikis que Javier Cárdenas recogía de la calle. Prácticamente no llegaríamos a reconocer su primer programa en el último, separados por 1.275 ediciones más. El paso de una tendencia a otra fue brutal, pero el público la aceptó de buen agrado. Sin embargo, por estancarse en su evolución y no seguir ofreciendo contenidos nuevos, la armada de Sardá dejó de ser invencible.

Crónicas Marcianas prescindió para siempre, a partir de la temporada 2002-2003, de sus colaboradores cómicos. Muy probablemente sea porque Sardá vio la incompatibilidad de una cosa con la otra, y que aquéllos apenas pintaban en un programa que se estaba convirtiendo en un completo ring de soeces. Estábamos en una época en la que la televisión tendía hacia la ordinariez. El público gustaba de personajes sin oficio ni beneficio, babosos por el montante de euros que se les ofrecían a fin de desvelar intimidades suyas o de otros y, si además insultaban a los demás invitados, el rating subía.

Aunque Javier Cárdenas recuperó en temporadas anteriores de Crónicas su papel de caza-frikis (como bien nos demostró a principios de los 90 al descubrir a Carlos Jesús para Al Ataque de Arús), fue en los últimos años del programa ‘marciano’ cuando lideró una auténtica revolución llevada a sus últimos extremos. Siguió convirtiendo en figuras extravagantes a gente que seguro que no lo eran tanto en sus casas: Jesús Cáceres, Josmar, Tony Luna, las hermanas del Baptisterio, Joan Antoni Astades de Moncaire (‘El Mallorquín’)…

Cárdenas hizo explotación de su propio marketing: dirigió F.B.I. (Frikis Buscan Incordiar), una ‘película’ mediocre entendida más como una sucesión de bromas pesadas a sus personajes. Ir a verla al cine era tontería, cuando repetían sus únicos mejores momentos en Crónicas una y otra vez; se atrevió a orquestrar a estos títeres para lanzar el disco Somos los frikis (con unos temas menos conseguidos que otros, pero había que darle lucimiento a la Pitonisa Lola); el colmo fue el propio pinito discográfico de Cárdenas, Siéntelo (con la intervención de saxo a boca de Sardá), que yo preferiría tomarlo como una autoparodia…

Poco a poco, las visitas de los frikis al programa resultaban más aburridas, lo que recurrían a forzados enfrentamientos entre ellos (como si en realidad tuvieran algo que echarse en cara) o a escenificaciones protagónicas que llegaban a la burla descarada y consentida. Y si no, Cárdenas se lanzaba a la búsqueda de nuevos personajes, lo que le acabó pasando factura: los familiares de ‘El Fary de La Verdellada’ interpusieron una demanda por burlarse de alguien enfermo. El freak-show se le iba acabando.

Llegó un punto en el que las imitaciones que Carlos Latre hacía de todos estos frikis superaban en carcajadas a las que podían producir los originales. El imitador creó un sinfín de personajes, a cada cual más delirante. Estaba justificado que se convirtiese en otro fenómeno televisivo ‘made in Crónicas’, una de las grandes excusas para ver el programa. Era hacer un simple movimiento y el público venirse a arriba. Entre sus personajes más destacados se encuentran Pocholo, Tamara, Dinio, Pepe Navarro, Torrente, la Duquesa de Alba, Jesús Quintero o, especialmente, La Pantoja de Puerto Rico.

No era de extrañar tampoco que considerasen a Crónicas Marcianas como referente de la ‘telebasura’, ¿subgénero? que emergía de debates y críticas de entre los profesionales. Javier Sardá no es que rehuyese de esas calificaciones, pero contraatacaba demostrando que aquellos que lo criticaban también tenían esa misma mierda en sus propios tejados. No era éste el único momento ‘político’ provocado por el director, pues hizo que Crónicas se uniera a las manifestaciones contra la tragedia del Prestige (2002) y a la Guerra de Irak (2003). Era una nueva oportunidad para los debates de actualidad y para dar una imagen de preocupación social.

No obstante, esto sólo era una tendencia pasajera. Cuando el temporal político remetía, Crónicas volvía a estar copado por frikis y famosillos de tres al cuarto en esas mesas interminables, dónde sólo había cabida para los malos modos y el insulto por que sí. Sardá buscaba entre sus colaboradores la versatilidad, la transgresión y la heterogeneidad, desde lo erótico (Natacha Jaitt, Celia Blanco, Ness, Chiqui Martí), pasando por un reconvertido en monologuista y friki Carlos Pumares, hasta la lengua suelta (Carmen Hornillos, Antonio David Flores, Aída Nízar). Gracias al gesto cruel de ésta última al insultar a un paralítico, nos dimos por enterados de que Crónicas sí que tenía unos límites al ser expulsada del programa.

La otra cara del programa estaba en la nueva casta de colaboradores fijos, como Xavier Deltell, que fue pasó de hacer videos callejeros al más puro estilo ‘Reportero Total’ de Urrialde a ser el comodín cómico en los sketches del programa. Por su parte, Rocío Madrid encarnó durante estos años la figura femenina del elenco. Su presentación inicial se limitaba al tiempo dedicado a Operación Triunfo hasta llegar a tener una aparición fija. Siempre he pensado que su finalidad en Crónicas eran sus faldas cortas, el de dar chicha cárnica a la cámara. La gracia e ingenio del que carecía la tenía Juan Carlos Ortega, a quien le debemos esos personajes ficticios prestados a pruebas sociológicas y testimonios absurdos, que era lo que ponía un poco de humor limpio al programa.

Crónicas Marcianas logró su dato más alto de audiencia en la temporada 2003-2004, con un 37,7% (1.981.000 espectadores). No obstante, al año siguiente bajó en más de ocho puntos. Esa es la causa, el miedo al fracaso (junto a la versión oficial de cansancio físico) por lo que Sardá decidió echar el cierre. Lo cierto es que en su última temporada competía con la versión nacional de Buenafuente (Antena 3), otro estilo de humor, más monologuista y sutil, que algunas noches llegó a aventajarle en el ranking. Era una solución perfecta, no cobarde, para que Crónicas acabase aún en lo más alto. Admirado por una media, odiado por la otra. El caso es que no dejó indiferente a nadie, que es de lo que se trata.

Sardá, después de un tiempo sabático y de cambiar de registro con el programa de viajes Dutifrí, quiso repetir una experiencia similar (¡anda que no!, con el mismo equipo). La Tribu, dicen que se llamaba. No llegué a verlo, pero cuentan que poco a poco recobraba el espíritu del late show más célebre de España. Sin embargo, hay que darse por enterados de que los gustos cambian, y que lo que fue éxito en una época ya no lo sería en otra. Eso no quita para que se siga hablando de Crónicas, más que como un simple programa, pensemos de él como una manera de entretener.

Véase también, por qué no…
Crónicas Marcianas, te echo de menos (I): Introducción y orígenes
Crónicas Marcianas, te echo de menos (II): Etapa clásica
Crónicas Marcianas, te echo de menos (III): Etapa renacentista

Archivado en: Televisionado, Memorabilioso
28 Octubre 2009
17:00
Comentarios :
 

1 Comment for this post

 
Bea dijo:

No! El público no aceptó de buen grado el cambio de Crónicas Marcianas! Al menos no yo… cuando era pequeña me gustaba porque me parecía divertido, pero cuando crecí y ya tenía “edad” para verlo, dejé de seguirlo porque me parecía la más absoluta mierda que se le podía a uno echar a la cara. ¡Crónicas Marcianas es la causa de que Telecinco sea ahora lo que es, en lo bueno, y en lo malo! (Pero sobre todo en lo malo).

 

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