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Crónicas Marcianas, te echo de menos (III)

Crónicas Marcianas, ¡te echo de menos! / 05

Repesquemos. Estamos siguiendo el hilo temático que comenzó con una introducción, y que continuó con un buen repaso a la primera época de Crónicas Marcianas. Nunca un programa de televisión marcó tanta tendencia como éste ni temas de conversación a la mañana siguiente, especialmente a partir de su segunda etapa evolutiva (temporadas 2000-2001 y 2001-2002). Es su edad ‘renacentista’, que pasó de un tono light a una línea más reconocible, burlesca y friki. El detonante para este cambio de rumbo viral es simple y claro: el Tamarismo.

Durante el otoño del año 2000 se dio un fenómeno que sintió como quien abre la Caja de Pandora y salen de allí monstruos y deformes por un tubo. Fue un maleficio contundente para los famosos de alta alcurnia, que vieron cómo estos engendros les iban quitando protagonismo. Podemos decir que marcó un antes y un después en la prensa rosa, al entender muchos personajillos que se podía estar en la cima de la popularidad con mentiras y haciendo un derroche forzado de extravagancias.

La historia de Tamara y Cía. se remonta desde la temporada pasada, cuando cada uno aparecía por su lado, invitados al plató en un desfile como títeres de humor absurdo. El video de la inauguración de una frutería, a cargo de algunos de ellos como si fueran ‘personajes VIP’ abrió la veda. Pero fue la composición de Leonardo Dantés en la voz de Tamara, No cambié, por la que Sardá vio la oportunidad de oro para crear su propio universo de frikis de los que reírse (objetivo que había procurado sin grandes resultados con personajes anteriores). Así, empezó a conceder a frikis como la Pitonisa Lola, Po’ Zí, Loly Álvarez o Carmen de Mairena las horas más importantes de emisión y raspó de ellos lo más denigrante para sorprender al público.

No voy a profundizar en ese fenómeno, que el propio Boris Izaguirre bautizó como ‘Tamarismo’ (merece artículo aparte). Sin embargo, no obviaré el impacto visceral que supuso para la televisión, desde Antena 3 hasta las locales, pasando por las autonómicas, que también acogieron a este grupo marginal para reconvertir sus propios programas en la casposidad que emergió de Crónicas. Y no sólo hablo ya de frikis superfluos. También fue la época del reality show, impulsada por la primera edición de Gran Hermano.

La llegada exageradamente triunfal de María José Galera al plató de Crónicas, dos semanas después de su memorable expulsión (marzo de 2000), ya nos predecía en qué iba a deparar el programa: como hemos estado viendo, se trataba de subir al pedestal algo que realmente es plasta en el suelo. El late night show lideró la lista de programas de Telecinco que se subieron al carro, y dedicó buena parte de su espacio a debatir lo que ocurría o dejaba de ocurrir en el otro programa (método de arrastre copiado por Antena 3), jugando con el morbo y con los defectos de los concursantes para ganar audiencia.

Lo mismo ocurrió una vez que Operación Triunfo despegó en popularidad a principios de 2002. Y pese a que era emitida por otra cadena, abusó de compartir la misma productora para atraer a su vasto número de seguidores con la misma táctica empleada para Gran Hermano: reproducir videos, comentar los detalles del programa, hacer conexiones en directo con la Academia, e invitar a expulsados, ganadores y reemplazos (cuyo único momento de gloria sólo lo tuvieron en ‘Marte’). Incluso Sardá lideró una expedición a Tallín acompañando a los de Rosa, que se enfrentaba a Eurovisión.

Entonces tenemos, por un lado, los videos y la presencia misma de los frikis y, por otro, el ‘debate’ sobre los realities. ¿Y dónde queda margen para todos aquellos humoristas, colaboradores y secciones varias que habíamos estado viendo en temporadas anteriores? Evidentemente, se redujo el tiempo para todo ello. El fichaje de la actriz Rosario Pardo fue un éxito para Crónicas y para ella misma. No obstante, sus intervenciones más requeridas la hacían disfrazar de Rocío Jurado para participar en la mesa ‘rosa’ y, aunque era una pésima imitación, el público se venía a arriba con tan sólo verla.

Pero el colaborador que más estaba apuntando alto era Carlos Latre, que regresaba temporadas después al programa con infinidades de imitaciones, que calaron entre la audiencia. Mientras, los humoristas originales de Crónicas lo que hacían era sobrevivir a estos espacios, ya que no tenía mucho sentido que participasen de ellos, y mucho menos Galindo, cuyas intervenciones ya eran mínimas, forzadas y menos graciosas. Por su parte, Manel Fuentes se fue desligando del late show para conducir su propio programa en el año 2001: el exitoso La Noche con Fuentes y Cía. Su rol de presentador de videos fue ocupado por Fernando Ramos, que también obtuvo cierta notoriedad por sus guiones chistosos.

Las apariciones de los cómicos de Crónicas se contaban con los dedos de una mano, en comparación con la de una nueva generación de colaboradores que se sentaba al comienzo de cada programa para debatir lo acontecido en los realities o en la prensa rosa. Hablamos de antiguos concursantes de Gran Hermano (Jorge Berrocal, Carlos ‘Yoyas’, Marta López, Íñigo), famosos de medio pelo (Alessandro Lecquio, Enrique del Pozo, Silvia Fominaya, Coto Matamoros), y una nueva estirpe de famosos: los que decían mantener relaciones con X y, aunque al final se demostraba que era mentira, seguían siendo vitoreados por el público. Baste nombrar a Yola Berrocal, a Dinio, a Malena Gracia y, especialmente, a Nuria Bermúdez, a quien le debemos la coletilla ‘Papa, llama’ en un intento de que su progenitor la defendiese de los ataques frecuentes que se hacían los unos a los otros.

De esta manera, el programa de Sardá recibía dardos críticos de norte a sur, y de este a oeste. Pero los detractores no eran tantos como el número cada vez mayor de espectadores que sintonizaban Telecinco cada noche. Crónicas Marcianas se convertía en un programa de culto, aunque denostado, gracias a su alto componente de originalidad ‘esquizofrénica’. Y lo que hizo el presentador catalán no fue más que explotarlo. Sus peores consecuencias son las propias características de su tercera y última etapa, la que le llevó finalmente a la deriva.

Véase también, por qué no…
Crónicas Marcianas, te echo de menos (I): Introducción y orígenes
Crónicas Marcianas, te echo de menos (II): Etapa clásica
Crónicas Marcianas, te echo de menos (IV): Etapa barroca

Archivado en: Televisionado, Memorabilioso
22 Octubre 2009
12:05
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